jueves, 2 de abril de 2020

Tajo de Utreras, 719m.

Al Sur del valle de Ojén, se eleva en dirección NW-SE una gran barrera silícea que lo defiende, y es la responsable, en parte, de su humedad: Las Sierras de Saladavieja y Ojén. Es una constante observar agarradas las condensaciones provocadas por el viento de Levante a las crestas de esta pequeña sierra, ello le confiere a nuestra caminata la premisa de que seguramente tengamos que lidiar con la escasa visibilidad, lo que a su vez nos lleva a llenar la mochila con algo de vestimenta adecuada a capear el momento. La velocidad del viento en esta zona suele estar un punto por encima de lo que se considera en líneas generales como desagradable.
Tomamos la CA-2213 desde Facinas, y una vez pasado el PK13 giraremos a la siniestra para recorrer un centenar de metros más y poder dejar aparcado el vehículo, si es que hemos hecho uso y abuso de él, ya que esta ascensión, perfectamente se podría llevar a cabo en un vehículo mucho más agradable, como la bicicleta.
Para que la redacción nos quede bien, y para que el montón de chatarra no moleste demasiado la posible labor de los vecinos, lo vamos a dejar en un llano que encontramos pasado un camino que asciende hacia la ventanilla del copiloto, según se sube, de manera, que al comenzar la caminata, retrocedamos unos pasos y nuevamente a la siniestra giremos para no abandonar este buen camino en, prácticamente, todo el día.
“Siniestro” es porque antaño nos asustaba todo lo que no era común, por eso a las personas zurdas, consideradas malignas por tener predominio de habilidad en la mano “equivocada”, lo cual no podía ser otra cosa que obra del mismísimo diablo, se las estigmatizaba, y no fue hasta hace mucho que se intentaba por todos los medios, al menos en nuestro país, que los jóvenes aprendieran por imperativo legal a escribir con la diestra. Grandes músicos zurdos ha dado la historia reciente, y uno de los mayores exponentes es el guitarrista Tony Lommi, que habiendo perdido las puntas de los dedos anular y medio de su mano derecha en una máquina de corte, con sólo 17 años, se las ingenió y se esforzó para seguir tocando su guitarra. Llegó al punto de bajar la afinación a un tono más grave, para que esa menor tensión de las cuerdas le facilitase su labor, y de esa manera nació el sonido del Heavy Metal, cuando Black Sabbath contó con su habilidad y personalidad para incluirlo en la banda. Más siniestro imposible.
Mucho alcornoque es lo que veremos por esta zona, hasta llegar a un frondoso pinar de repoblación, que nos acompañará hasta el cortafuegos de la divisoria, el cual tomaremos en sentido ascendente, hasta pasada la garganta de Pedro Jiménez, donde tendremos nuestro objetivo, de nuevo a la siniestra. Habrá que trepar y negociar un rato.

















viernes, 20 de marzo de 2020

Ascensión al Puntal (1262m) de la Raya.


Esta cumbre, es la última elevación de la Sierra de Libar; la más occidental. Es como un bastión natural de esta pequeña sierra. Sus escarpadas laderas derraman la caliza hacia la garganta de Barrida, dejando a la vista una enorme panorámica de las Sierras de Ubrique y los Pinos.
La ascensión se lleva a cabo desde la pequeña Villa Longa, a través de los Llanos del Republicano. Nos acercaríamos al inicio de las Escaleretas, pero pasamos de largo cañada abajo, junto a las enormes paredes que fortifican los Navazos de Libar cerca de la casa de las Merinas. Giraremos levemente a la izquierda, por una senda ascendente que nos eleva entre gigantescos y exuberantes torcales, tras cruzar una portilla herrumbrosa en un muro alambrado que va quedando a nuestra izquierda. No tiene opción de pérdida.
Alcanzaremos un bello collado con vistas espléndidas del majestuoso Salamadre, y se nos ofrecen dos opciones totalmente gratuitas: Bajar hacia el Hoyo de los Quejigos, opción muy suave, o girar a la diestra y acometer la arista completa hacia la cumbre… opción más lenta, pero alegre y “disfrutona”. Tomamos la segunda.
Comentar, que en la cumbre hay escondido un Geocaché, algo anecdótico que nos encontramos, y que aderezó el momento de la comida y el té.
Para el descenso, utilizamos el sendero, bien cargado de hitos, y alguno más que dispusimos, que se desliza por la vertiente Norte, en dirección a la chorrera de la Higuerela. 
Transcurrieron tres semanas desde que vimos en directo a El Drogas, en Sevilla, durante la gira de su último trabajo discográfico: Sólo Quiero Brujas en Esta Noche Sin Compañía. Se trata de 42 canciones repartidas en un quíntuple disco, sin contemplaciones, en el que se tratan muchos temas, entre ellos la injusticia, la tragedia del Tarajal y la soledad de las personas que llegan al suicidio. Todo muy bien escrito y trabajado… se nota que D. Enrique Villareal es un gran lector, a parte de un gran músico, y se acompaña de enormes currantes como Brigi Duke a las baquetas y coros, que todos lo conocemos por ser el frontman de Koma (a la voz y guitarra). Un concierto de tres horas completas, que no decae ni aburre un ápice… casi tan largo como esta ruta.



















viernes, 6 de marzo de 2020

Ascensión a la Covacha (2395m) por la Garganta de los Caballeros.


Dos días necesitamos para completar este maravilloso regalo que nos ofrece el Sistema Central, y concretamente la Sierra de Gredos… pero antes…
Estaban Don Miguel de Unamuno y Blasco Ibáñez asomados a un balcón del hotel del Louvre, cayendo la tarde. Luces violeta, coches a gran velocidad por los campos Elíseos, gente elegante sin prisa caminando por las aceras contemplando los escaparates de lujo… frente a la puerta del café de París. Y Blasco, le dijo a Miguel:
¿Dónde podremos contemplar algo parecido en belleza? París es el centro del mundo, y este balcón el centro de París. La tarde es tibia, la luz suave, y nos alcanza el perfume de nuestra civilización. Las más bellas y elegantes mujeres de París desfilan para que las admiremos. ¿Ha visto usted en su vida algo más hermoso que esto?
Y dijo Unamuno: Sí, amigo Blasco. He visto algo más hermoso que esto. Gredos, la Sierra de Gredos.
Unos minutos antes de empezar a caminar desde donde se puede dejar el coche, en la población de Navalguijo, un grupo de 7 onubenses, hacía lo propio mientras nos vestíamos las mochilas.
Se comienza por un camino señalizado, el PR-AV 40, entre robles y espigados pinos silvestres de evidente repoblación.
Los -4 grados de hacía un rato, al paso por Becedas, fueron subiendo hasta convertirse en un atípico y primaveral momento de final de febrero.
La garganta es hermosa, y tras cruzar una gran nava, arribamos a la Chorrera del Lanchón, donde el agua se precipita a una altura considerable… puede que unos 60 metros, entre unas lisas paredes de granito, muy cerca del pico de la Camocha, recogiendo el aporte de varios arroyos. Hay un desvío para acercarse, pero nuestra tarea es suficiente como para salirnos por tangentes.
Estamos a una cota de unos 1300m… todavía nos separa un millar de metros de nuestras intenciones. Vamos siempre paralelos a la garganta que da nombre a este excepcional camino, de hecho, podremos ir tomando agua de su torrente, o de algunos de los aportes, que nos van saliendo al paso. Nos encajonamos a la diestra, en una brecha espectacular repartida de pozas infinitamente bellas... tenía razón Unamuno.
Pasamos junto al refugio Choza Llanaillas, pequeño, al más puro estilo de Gredos. Lo están mejorando poco a poco. Unos metros más adelante vemos otra pequeña cabaña de planta circular, en proceso de restauración. Aquí comienza una dura subida, que deja a nuestra izquierda un congosto vertical y bastante profundo, y justo arriba, quedan vestigios de una antigua explotación minera de blenda, o esfalerita. Incluso podemos ver pesadas piezas del sistema de poleas empleado para la extracción del material. Imaginamos la dura vida de los mineros que estuvieron trabajando en esta zona, dedicados a la extracción del sulfato de cinc… aunque su oficina tenía un emplazamiento privilegiado, a nivel paisajístico.
Atrás quedan los vestigios de aquella industrialización de la Sierra, mientras va apareciendo al fondo… muy al fondo, nuestro objetivo. En el centro de la imagen, lejana, el Juraco, así como presidiendo el valle, con valentía granítica, aunque nuestro plan, queda a su diestra, según bajaríamos… y aparentemente más bajo… aunque la visión es unos 10 metros engañosa.
Pasamos junto a la fuente de Majá Baera… riquísima, y poco más adelante vemos por fin el refugio de Malacatones, donde dejamos nuestras mochilas, para ascender livianos a la todavía escondida laguna de los Caballeros, donde paramos a hacer café y comer, que ya son las tres de la tarde. Vemos a los de Huelva en la empinada ladera SO de la laguna, que parece estar complicada a juzgar por sus movimientos.
Tras la inyección de cafeína, vamos a por el Collado de la Ventana, complicado por el estado de la nieve. Una vez en el collado, es seguir el camino por la arista, hasta unos pasos de roca por donde bajaba agua, de la cual apetece un poco. La nieve, muy dura en las zonas venteadas entre Covacha y Juraco, obliga a poner los crampones. Las vistas son espectaculares: Laguna Cuadrada (congelada), Laguna del Barco (bastante baja de nivel); Alto del Corral del Diablo, donde nos encaramábamos hacía poco más de un año; la Sierra de Béjar entre brumas; el Alto de Castilfrío… ¡Que hermosa propuesta sale desde este desmochado vértice geodésico!
Sólo hay que regresar al refugio, donde llegamos a las 6 de la tarde. Lo limpiamos, como debería hacer cada persona que pasa por allí, y hasta las 7 no llegaron los compañeros… pero ellos debían regresar hasta el aparcamiento, lo que les tuvo que suponer una dura jornada.
Tras adecentar aquella pocilga, empezó a caer la temperatura y la luz… tuvimos la visita de un zorro pero se intimidó con nuestra feroz mirada, y el sopor invadió nuestros cuerpos tras una merienda… pero había que cenar algo, que la noche era larga.
De nuevo, otra oportuna visita nocturna, de un pequeño roedor esta vez, que con habilidad practicó un pequeño agujero en el bote de frutos secos que reposaba junto al catre. El curioso ratón, estuvo toda la noche rebuscando entre los paquetillos de plástico que había por el suelo… la comida ya estaba a buen recaudo, colgada del techo.
Tras una noche de sueños roídos y adornados por las melodías mentales de los murcianos Second, que tuvimos la ocasión de comprobar su calidad en directo en la capital pacense, en la gira de su último álbum, Anillos y Raíces y después de un copioso desayuno de montaña a base de buen jamón (también pacense), pan con aceite (pacense), café… dispusimos algo de comida para la despensa de nuestro pequeño amigo, tras comprobar su pasión por los piñones y emprendimos la bajada. Se puede empatizar con los ladrones, siempre que actúen por necesidad, pero no debemos olvidar que nunca hay que hacerlo con aquellos que lo hacen por ego y avaricia manifiesta, a costa del sufrido pueblo.