lunes, 25 de abril de 2016

A la Carigüela por la arista de Loma Dílar.

Da mucha rabia decir adiós a alguien tan joven, tan alegre, y que aun tenía muchas cosas que decir… la muerte de Prince no es noticia… ya es historia.
La tristeza hace que se condensen lágrimas, y la humedad en los valles y el viento, hace que se condensen nubes en las montañas.
Salir de casa y hacerse 300kms de coche, no es para desperdiciar el viaje… y aunque la predicción anunciase intervalos nubosos y viento suave, y luego, cuando el día empezó a serlo, comprobar que estábamos sumergidos en plena nube… no era motivo suficiente para retroceder. Mejor morir que perder la vida, eso está claro.
Salimos de la Hoya de la Mora hacia la cascada de Molinillos… un salto de casi 100m atrae mucho, pero al trasponer la loma de Dílar, seguía sin verse a 30 metros, y es complicado apuntar a la cascada con esa visibilidad, así que giramos a nuestra izquierda, a lo fácil, y recorrimos toda la arista de la loma de Dílar, que nunca la habíamos caminado, por cierto, buena ascensión para hacer en bicicleta en verano. Pasamos por el Radio telescopio y el Observatorio. Aquí vino un gran claro, y pudimos ver la impresionante cascada… a lo lejos, y el deshielo está bastante avanzado para la fecha de la que hablamos. Se volvió a cerrar.
Al llegar al collado, nos dirigimos a los Lagunillos de la Virgen, y como seguía sin verse nada y el día estaba frío y desapacible, buscamos la emoción de ascender hasta el maltratado refugio de la Carigüela para, al menos comer a cubierto.
Tras la comida, y la bebida caliente, solos, nos fuimos buscando la Hoya de la Mora, entre nubes, y con una visibilidad estupenda para haberse perdido… cualquier situación adversa de alta montaña es mejor que quedarse en aquel cuchitril en que ha sido convertido el pequeño vivac del Veleta.















miércoles, 20 de abril de 2016

Roble de Romanejo

En tu próximo paseo por Cáceres, no te olvides de visitar el majestuoso Roble de Romanejo, el más grande de Extremadura.
Se localiza cerca de Plasencia, si seguimos hacia Salamanca, al pasar por Villar de Plasencia, se sube a Cabezabellosa, que tiene una sierra espectacular, y también se puede acceder por El Torno, desde el corazón del valle del Jerte. Pasarás por esa carretera, la CC94, y sea cual sea el sentido te encontrarás con él. Está indicado.
Tiene aproximadamente 500 años de vida… ahí es nada; 20 metros de altura y 30 de diámetro de copa. Con estos datos y con el entorno en el que creció, no es de extrañar que esté catalogado como monumento natural.
Otro de los productos extremeños por excelencia es la cantante y guitarrista Susan Santos, profesora, que aprendió de forma autodidacta a tocar la guitarra, y que hoy lidera, toca y canta en una banda de blues que no debes dejar de escuchar.


Sierra de Cabezabellosa. Pico Pitolero 1352m

Roble de Romanejo


viernes, 15 de abril de 2016

Ascensión a Los Monteros por el arroyo la Peguera

Una convocatoria llevada a cabo por un grupo de aficionados a la bicicleta, de San Fernando, fue lo que nos motivó a meter el tándem en el coche y salir a oscuras, un domingo, hacia el polígono de La Palmosa, en Alcalá de los Gazules, donde montamos lo que tuvimos que desmontar en casa, para que nuestra peculiar bicicleta se pusiese en marcha.
Iban apareciendo caras conocidas y los saludos mañaneros se sucedían unos tras otros… muchos se interesaban por el tándem, pues seamos realistas, en nuestra zona, es poco común ver este tipo de alegres y divertidas máquinas.
Hacía un poco de frío… ¿cómo se diría en inglés?, ¿Cold? Ése es el título de una preciosa canción de Black Country Communion, una superbanda en la cual militaban una selección de los mejores músicos que se puedan escuchar… guste su estilo o no.
El pelotón se congregó para tomar una foto de salida, y el fotógrafo se tuvo que alejar bastante… eran cuasi cuarenta los coloristas deportivos que tomábamos la “salida” a cuasi las ocho y media de aquella nublada y amenazante mañana.
Previsiblemente, podría llover, y tras doce kilómetros de asfalto por la vía de servicio, sentido Los Barrios, giramos noventa grados a la izquierda, para entrar por el carril que va ascendiendo al Coll d´Membrillo, de 301m, paralelo en sus inicios al arroyo que da título a la entrada, y siempre por la margen izquierda.
Comienza a lloviznar, poco, pero agradable incluso… la única pega es que hay compañeros que es la primera vez que suben y no pueden disfrutar de la amplitud visual que ofrece esta ascensión. Al pasar el mencionado puerto, hay un descanso, y tras una parada de cortesía para que llegásemos los que estamos menos en forma, continuamos ascendiendo, disfrutando de miradores, canutos, camaradería, y de una meteorología que poco a poco se iría cerrando.
Alcanzamos la carretera que sube a la estación de vigilancia (E.V.A. 11), y cada vez llovía más… el viento arreciaba conforme tomábamos altura… nuestra única referencia era el altímetro del gps. Curvas y más curvas, y ya empezamos a cruzarnos con compañeros que volvían de cumbre. Comentamos que las condiciones arriba debían de ser duras, pues todos bajaban sin esperar al grupo… paramos a ponernos el impermeable, y las piernas se enfrían en un instante. Arrancamos de nuevo el tándem y continuamos para encumbrar. Era la primera vez que Isabel ascendía en bicicleta aquella montaña, y para mi, como si lo fuese, pues hacía justo 15 años que no pedaleaba por allí.
Llegamos a la cancela que da acceso a las instalaciones militares, y ni siquiera se veía la esfera que cubre el radar, y mira que es grande.
Llegaron los últimos camaradas mientras intentábamos sacar una imagen borrosa para el recuerdo, y lo desapacible del momento, hizo que esta pequeña ascensión se convirtiese en épica… ¡con la izquierda!... 1, 2, 3 … y nos tiramos hacia abajo, desafiando la gravedad, los materiales, y la lluvia. Hay que estar muy sincronizados cada vez que arranca y para en tándem. El asfalto bastante resbaladizo, las manos casi insensibles… aprietas las manetas y no tienes la certeza de que los frenos se vayan a activar… el frío intenso y el cuerpo mojado empieza a hacer mella… a veces, el tándem roza los 50 km/h… y es el momento de tirar el ancla para negociar herraduras, algunas de más de 180 grados… imagino que ir detrás debe ser una experiencia aterradora, pero la copiloto bajó aquel puerto todavía mejor que el piloto. Sin una colaboración extrema y al unísono, es imposible manejar semejante aparato. Ha sido la prueba de fuego… una bajada sin cuartel, bajo la lluvia… sometidos al dolor de las entumecidas extremidades… desafiando el equilibrio y la capacidad de comunicación.
Al llegar de nuevo al cruce con el camino de tierra, allí estaban muchos de los compañeros, esperando al resto de rezagados, dando saltitos como una chirigota bajo aquel techado, para entrar, o al menos intentarlo, en calor.
Tras un poco de avituallamiento sólido, y concentrarnos todos de nuevo, empezamos a bajar hacia la autovía… por donde habíamos ascendido.
Una jornada perfecta, sin incidentes, con bastante alegría de por medio, y gracias a los compañeros ciclistas de la Isla por organizarla.
Gracias por supuesto a Edu y Paco por prestarnos unas formidables fotos para decorar esta entrada.