martes, 4 de febrero de 2020

Contundente nevada en la Sierra de las Nieves


No todo lo que salió de las entrañas de la tan mencionada borrasca ha sido catastrófico, pero las comarcas afectadas, sobre todo por el potente oleaje del Mediterráneo, han pasado una mala semana, sin lugar a dudas.
Es domingo, un día poco habitual para acercarnos a la montaña, a no ser que amanezcamos en ella, pero como la borrasca estuvo insistiendo hasta la noche del sábado… no tuvimos otra opción sensata. Siempre habrá tiempo para pasar un mal rato.
Agrada dar un paseo por las Cañadas del Cuerno y las Ánimas, y encaramarse a un nevado Peñón de los Enamorados, que justo en el momento en que lo coronamos, nos obsequió con unas preciosas imágenes a los cuatro vientos. Minutos antes de llegar, prácticamente no se veía tres en un burro, de hecho, no tenía ni huella abierta…
Hay una banda gallega, The Soul Jacket, que tiene una calidad musical digna de mencionar. Los ritmos, la técnica de sus componentes, la imaginación a la hora de dar cuerpo a las canciones… todo en general desprende muy buen ambiente. Se nota el trabajo que le dedican y la emoción con la que se reúnen. Eso es algo muy importante para que un grupo se convierta en un buen grupo. Tuvimos la suerte de verlos en directo hace unos meses… pero hoy no queríamos hablar de música, sino de lectura. Recibimos en navidades un libro muy relacionado con nuestro modo de vida: la práctica del montañismo. Lo vamos a aconsejar, porque no tiene desperdicio. El título es: La virtud en la Montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista. Su autor es Pablo Batalla Cueto. La editorial: TREA. Una lectura que cambiará la manera de sentir tus escapadas al medio natural.
Hablando de medio natural, precisamente el déficit de naturaleza es la enfermedad más grave a la que se enfrenta el ser humano, y hoy día, muchas, cada vez más personas, acuden a la naturaleza con un simple objetivo: Mirar el cronómetro. Vivimos rodeados de “influencers” que por un selfie en una cumbre son capaces de cualquier cosa, incluso de dejar tirados por el camino los botes de agua, porque se han rajado, y los envoltorios de sus “barritas energéticas” azucaradas que lo único que les va a aportar es colesterol y triglicéridos a “punta pala”, con el gravísimo riesgo de infarto que ello supone. De hecho, mueren “atletas” todas las semanas… cuando se supone que el deporte es salud… la actividad física es salud… caminar por la montaña es salud.
Caminar por la montaña nunca había sido tan peligroso como ahora… desde que esos geles y relojes “georeferenciados” abarrotan las estanterías de ciertas tiendas de deporte, provocando el insomnio de miles de “montañeros” capaces de endeudarse por lucir en su pulsera, Gopro con palo de selfi en mano, en la cúspide de alguna cima de la cual algunos incluso desconocen el verdadero topónimo, pero a la cual, un anónimo “track” les ha llevado.
Algún día, caminar por Sierra de las Nieves con medio metro acumulado (de nieve), será un placer… mientras, la basura seguirá adornando veredas, cañadas, collados e incluso cumbres. Como dice Pablo Batalla, un montañismo más lento e ilustrado, es necesario.
Durante esta misma semana, hemos viajado de nuevo a El Burgo, para recoger un accésit del concurso de fotografía sobre Sierra de las Nieves, al cual nos presentamos con una de las mil fotografías que tenemos archivadas en nuestro ordenador, que refleja un momento espléndido de una copiosa nevada en la Cañada de las Ánimas, y que acompañará el mes de septiembre del calendario 2020 del Parque Natural. Damos las gracias a la organización de tan atractivo evento.















miércoles, 13 de noviembre de 2019

Ascensión al Belesar (2413m) por la Garganta de Bohoyo.


La relación entre montaña y ríos es evidente. Saliendo de Cádiz, tendremos que cruzar el Guadalete, el Guadalquivir, el Guadiana, el Almonte, el Tajo, el Jerte, y el Tormes… así, a groso modo… y por último, tendremos que caminar en paralelo a uno de los más bellos ríos de Gredos, para alcanzar una ansiada cumbre.
Es 1 de noviembre y hacen 15ºC a las 7:15 de la mañana en El Barco de Ávila.
La pequeña población de Bohoyo, es fácil de encontrar en la oscuridad; Pasamos el pueblo en dirección a Navamediana y tras cruzar la Garganta de Bohoyo, por otro estrecho puente, a la derecha vemos la indicación del área recreativa.
A las ocho nos ponemos en marcha tras tomar el segundo desayuno en una hora, y el robledal nos deja boquiabiertos. Cruzamos una cancela, y empezamos a ver ganado. El camino asciende lentamente junto a una acequia y tapizado completamente de bellotas.
Nos salimos para ver la Fuente de Navazuela, que se encuentra en un paradisíaco entorno de montaña. Nos adelanta un hombre en este momento… le vemos de lejos.
La subida continúa bajo frondoso robledal casi hasta encontrar el primer refugio que apoya el recorrido, el de la Secá. Está bastante completo, es pequeño, pero para dormir dos personas es ideal. Queda a escasa hora y media de donde podemos dejar el coche, pero apenas 15 minutos más tarde, encontraremos otro refugio similar: La Redonda.
La Garganta de Bohoyo se va abriendo, rodeada de aristas graníticas, jóvenes y esbeltas, demostrando a cada paso lo pequeños y delicados que somos, aunque algunos se empeñan en hacer mucho daño.
Poco antes de cruzar el arroyo de los Horcos, nos cruzamos con quien vimos abajo, que venía de vuelta de su paseo de montaña. Nos advierte que la predicción avisa de agua a partir de las 4 de la tarde… vamos justos para ascender El Belesar. También nos advierte de la presencia de machos bajo el refugio La Longuilla. En este prado inclinado, el camino se difumina lo suficiente como para perderlo… pero lo encontramos de nuevo. No creo que exista el que se esconda de nosotros definitivamente.
Tras ver las esquivas victoriae, y a las once de la mañana, empezó a llover. Las nubes en este valle van entrando desde abajo, y se ve venir la lluvia.
Poco a poco se va empapando todo y el granito empieza a resbalar… hay que saber caminar por él. Cruzamos el río junto a una hermosa falla, tras haber dejado atrás el pequeño Lanchón. Ahora sí que vamos caminando por la verdadera roca.
Una gran placa ligeramente inclinada nos presenta una brecha hermosa por la cual corre agua a borbotones. Al fondo, entre las sinceras nubes que se ciernen sobre el Belesar, se otea el collado que tendremos que ganar. 
Esta zona es escarpada y se aumenta de altitud considerablemente, pero hace ya bastante tiempo que caminamos y estamos deseando descansar, y la llovizna no invita a parar; de repente, atisbamos el refugio de El Belesar, el cual reconocemos por las fotos del blog Pisando Cumbres.
Son las 14:15. Nos acomodamos para yantar plácidamente, que ya es hora… y continúa lloviendo.
La puerta del refugio es pequeña, y el interior ofrece la confortabilidad justa… sentados, tenemos que agachar la cabeza para intentar otear la arista de la vertiente opuesta a la que nos encontramos, pero, aun así, las pegajosas nubes de montaña, nos impiden la hermosa visión.
Sobre las 16:00, cesa la lluvia, y donde la sensatez calla, habla la inconsciencia… Fran sale a dar un paseo… se aburre dentro del refugio… ya no había nada más que limpiar… lo ha dejado nuevo.
¿Dónde va Virenque?... donde va la gente. El “dicho” acaba de cambiar… se ha hecho historia. Parquesvr, y su magnífica ópera Rock, “Lance Armstrong”, ha golpeado nuestro cerebro esta semana, dejando un sabor de boca y una cantinela difícil de eliminar… ¡Pelotón, pelotón!... ¡Esto es el Tourmalet!, ¿o no lo ves?... ya no sabemos si estamos en Pirineos o en Gredos…
En menos de una hora, estaba en la cima. La Hoya del Belesar es realmente bella… llena de pastos y grandes pozas en escalera… la arista cimera, cubierta totalmente de nubes, no deja ver la Hoya de las Berzas, ni las 5 Lagunas… apenas se ve a 20 metros.
Y durante la corta bajada, comenzó a llover, llegando la lluvia a calar ciertas partes, y ya no paró hasta la mañana siguiente.
El amanecer, muy cerrado, fue especialmente atractivo. La Garganta de Bohoyo, que siempre fue el camino de acceso al Circo de Gredos, hoy, gracias al acceso por carretera hasta la Plataforma, se ha convertido en un lugar solitario. Sólo vimos cinco personas en dos días… pues aun así… encuentras algo de basura.




















jueves, 19 de septiembre de 2019

Kilimanjaro. El Sueño Tanzano. Capítulo V. El ataque a Uhuru desde Barafu.


Media Noche.

Aunque lo importante era descansar tras la dura jornada anterior, es muy difícil conciliar insomnio, nerviosismo y necesidad de descansar.
A las 23:15, creemos recordar, ya estábamos trasteando, aunque lo habíamos dejado todo preparado: Agua, plumas, manoplas gigantes… ni cuatro horas hemos descansado de la última jornada.
Bueno, la suerte está echada, desayunamos algo, sin café, Charlie nos dijo que no es bueno tomar café el día de cumbre, para evitar el mal de altura. Salimos de la tienda sobre las 00:10. Hay movimiento. Hace frío a 4600m a media noche, pero dejo el plumas y las manoplas gruesas en la mochila. Isabel se abriga demasiado.
Salimos hacia Kosovo, campo situado a 4800m. Pasamos de largo… hemos tenido que trepar en plena oscuridad por la arista. Ojos que no ven… vamos demasiado aglomerados con miembros de otras expediciones. Isabel tiene calor, y yo empiezo a ponerme nervioso y me vuelvo irritable. Dicen que es uno de los síntomas del mal de altura.
Las estrellas se confunden con las luces de los frontales… hay que parar y fijar la vista para distinguirlas… la ascensión es lenta y dura. Apago la luz de mi frontal… no la soporto.

Mal de Altura.

El frÍo se intensifica a cada paso, no sabemos qué hora será… puede que las dos de la madrugada, o algo más. Isabel va muy bien, caminando paso a paso esta terrible subida. Yo empiezo a sentir mareos… cada vez más. Tengo nauseas, y unas ganas enormes de acostarme… me tengo que sentar a descansar un rato. Isabel me despierta con un golpe en el hombro: ¡No te vayas a quedar dormido aquí! Hace un rato que llevo las manoplas gruesas y 5 capas arriba, contando el grueso plumas. ¡No puedo más! El mal de altura se está cebando conmigo, pero no puedo decir nada… esto es terrible.
Volvemos a parar, al rato, y comemos algo de frutos secos… serían dátiles u orejones, sólo recuerdo tenerlos en la boca mucho tiempo, intentando tragar. El tubo de la camelbak se congeló hace un buen rato, pero llevamos bidones en la mochila. El frio es insoportable… las manos no calientan ni con esas manoplas de expedición capaces de calentar a un muerto. Vamos respirando hondo, muy hondo… y caminando lentamente… muy lentamente. El mal de altura no se pasa.
No sé cuantos libros he leído sobre alpinismo, y en todos aconsejan bajar en el primer instante en el que se sienta el mal de altitud. Seguir subiendo es peligroso, porque sólo va a conseguir agravar el problema. Isabel se dio cuenta hace un buen rato de que yo iba muy mal, y hábilmente se puso delante de mí, para marcar el tempo. Yo sólo quiero dormir.
Empezamos a ver la aurora y Wilfred me dice que quedan unos 20 minutos para alcanzar Stella Point. Me entra una emoción incontrolable y empiezo a llorar. Espero a Isabel, que viene unos metros por detrás, y siente la misma emoción.
Es inexplicable, pero puedes recorrer los últimos metros llorando como un niño, feliz como nunca. ¿Esto significa que ya lo hemos logrado?
Esta maldita montaña está resultando lo más duro e impresionante que hayamos hecho nunca.
Alcanzamos Stella Point, un collado espectacular desde donde se une la ruta Marangu a la nuestra. Vemos el cráter del Kilimanjaro ante nuestros ojos. ¡Estamos en la cima más alta de África! 5758m de altitud, y cuesta un trabajo enorme respirar… ya nos queda muy poco para superar este formidable reto. El sol está empezando a salir y alumbrar esta maravilla geológica y sobrehumana.
Hace un rato vimos a nuestra izquierda el hielo primitivo… fue muy emocionante ese momento, y a partir de aquí, empezamos a verlo más cerca, pero no lo podemos tocar. No hace muchos años, llegaba casi al camino… ahora está lejos. El cráter está limpio… no queda nada de hielo en su interior. Es increíble, pero vemos basura… ¡basura en la cumbre del Kilimanjaro!
El mareo no cesa, la necesidad imperiosa de bajar está tomando una posición no negociable… No soy consciente del tiempo, pero en casa, viendo los datos de las fotos, pasó una hora entre Stella Point y el techo de África. ¡Una hora! O sea, que he estado más de 5 horas acusado de Mal de Altura, y he seguido subiendo… error de libro.

Uhuru Peak, 5895m.

No nos lo podemos creer. Después de una larga noche, en la que todo ha parecido un mal sueño, dando cabezadas y perdiendo el equilibrio durante la dura subida, estamos en el punto más alto de este formidable volcán. Un cartel enorme de madera nos hace saber que hemos vencido a la montaña… que más que a la montaña, se le vence al organismo. Si eres capaz de sobrevivir a los efectos de la temida hipoxia, la cumbre no es difícil, en absoluto. No es cuestión de estar fuerte, si no de aclimatar bien. La mayoría de las personas que nos cruzamos, bajan agarradas porque no funcionan bien. Los catalanes bajaron muy rápido, nos cruzamos y abrazamos, llorando, porque lo habían conseguido… pero también tenían problemas con la altitud, no coordinaban algunos movimientos.
El cerebro está bien, de hecho, me acuerdo de sacar nuestro cartel, que venía en la mochila desde Cádiz. Hay pocas fotos… mi máquina hizo sólo 3 en la cima, y se apagó para el resto. Hace viento y un frío insoportable. Con los nervios, no nos ponemos ni gafas, ni nos cubrimos la cara… quitarte las gruesas manoplas para hacer unas fotos, es un gran sacrificio. El tubo de agua está congelado… bebemos algo de una congelada botella del interior de la mochila. Tenemos que apresurarnos o esto puede empeorar… los mareos no se van, y la bajada comienza dando tumbos como un borracho.
Isabel ha demostrado una energía y una capacidad de adaptación a la altitud muy superior a la mía… y por supuesto una capacidad de gestión, también superior. ¿Todavía hay duda con respecto a la superioridad de las mujeres?

Descenso.

La diferencia de velocidad es tremenda. 7h y media para subir y menos de 4 horas para bajar.
Sigo muy mareado cuando alcanzamos la tienda, en Barafu. Nos tumbamos unos minutos a descansar, y nos traen la comida… a las 11:30 estábamos comiendo… yo todavía con mal cuerpo y sin ganas. Comemos bastante, nos preparamos, y salimos hacia abajo. Aunque no te encuentres bien, has de ser fuerte… no estás en casa. Vencer al mal de altura es duro sin tomar medicamentos e insistiendo en la subida… era todo o nada.
El descenso es por una arista alomada muy atractiva, se desciende en línea recta. Al rato ya empezamos a ver brezos… el camino es largo, pues esa noche dormimos a 3100m de altitud. Llevamos a cabo un descenso que nunca habíamos realizado: 2795m. Tras más de 14 horas de actividad, firmamos en Mweka Camp. De nuevo estamos en zona boscosa. Nos acostamos nada más anochecer, vimos un Ranger con un fusil, y a la mañana siguiente, descenderíamos hasta 1640m, para tomar nuestro bus privado en Mweka Gate, que nos llevaría al hotel de Arusha.
Antes de partir, solucionamos el tedioso tema de las propinas. En Mweka Camp, repartimos ropa con los guías y porteadores… chaquetón de plumas, guantes… y otros materiales necesarios para la montaña. En el hotel, Wilfred nos da el certificado de haber ascendido con éxito el Kilimanjaro. Y a descansar… nos lo hemos ganado.

Recomendaciones.

Tanzania, ha merecido la pena, sin lugar a dudas.
Vacunas. La cartilla de fiebre amarilla, si vienes de España (vía Estambul en nuestro caso), no es requisito, pero si vuelas a Nairobi, si os la pedirán, porque en Kenia hay fiebre amarilla.
Malaria. Es una pastilla diaria. Puede ocasionar diarrea, vómitos, dolor de cabeza… y más dolencias, a 1 de cada 10. No merece la pena arriesgar la ascensión… en Kilimanjaro no hay mosquitos. Repelente, y ya está. Nosotros no hemos tenido problema… por el momento.
Agua. Tomamos infusión, café… con agua del grifo, en Arusha… además de ensaladas frescas. No hubo problema. En montaña, no beberás agua embotellada… a no ser que la cargues tú. Puedes llevar para dos o tres días si quieres. Nosotros llevamos pastilla para potabilizar, por si acaso.
Frío. El día de cumbre, bastante. El resto de días, no más que en Sierra Nevada. Llevábamos saco de plumón de -10 grados y sobró saco. La mayoría de días, con la cremallera abierta.
Lleva gorros, guantes, polares, camisetas, tubulares, gorras… los que ya no uses, o uses poco, y los regalas a tu grupo. Lo agradecerán muchísimo, porque ellos no tienen como nosotros, un Decathlon a mano… incluso esa mochila que ya no usas. Es una manera de volver más liviano a casa.
No en todos los establecimientos recogen dólares.
Visa. No te preocupes, que se paga al bajar del avión.
Avisa a tu empresa si tienes alguna restricción alimenticia.


Un amanecer nunca visto, desde casi 6000m.

El glaciar colgante, muy reducido. La montaña está seca y polvorienta.

Nico con la mochila de Isabel. Wilfred por delante.

Estamos en la cumbre más alta de África.


El resto del glaciar de la cumbre.

El interior del cráter del Kilimanjaro.

Fran destrozado por el Mal de Altura. Isabel, tan fresca.

Los cuatro en la cumbre. Techo africano... es increíble.

Respirar el gélido aire a 5895m te va destrozando poco a poco.

Monte Meru, visto desde Uhuru Peak.


El mar de nubes nos rodea por completo.

Stella Point. El cráter a la derecha de la imagen. Uhuru Peak, justo tras el panel.

El descenso. 2800m en una sola jornada.



De nuevo en la zona del páramo.

Registro en Mweka Camp.

Nuestro grupo al completo.

Último atardecer en la montaña.

Amanece. Paula y Cristina, las catalanas, están en cumbre en este momento.

El bosque tanzano.

Pequeño helecho.

Mweka Gate. Finish.



Mercado en un pueblo, camino de Arusha.

En el hotel, nos dan los diplomas.