sábado, 4 de septiembre de 2021

Ascensión al pico Clarabides (3019m) y pico Gías (3013m) por el valle de Estós.

Podríamos hablar de trilogía, pues los Clarabides se triplican como algunos otros picos de Pirineos, que se venden en ramos de tres. Pero en esta ocasión no vamos a hablar de películas, ya que por razones de poca diferencia, no nos acercamos siquiera al más occidental de estos, para no alargar más tiempo y volver antes de que lo que parecía evidente (la tormenta) se terminase de desatar.

Eran más de las diez de la mañana cuando comenzamos a caminar desde el aparcamiento de Estós, en dirección al refugio que lleva también el nombre del valle. Este valle es privado, de ahí la gran actividad ganadera que hay en esta zona. El día anterior, a nuestra incursión por aquí, bajaron las vacas hacia Benasque. Realmente no sabemos donde las llevan, pero estuvieron más de 50 minutos pasando vacas, y por la población vimos cartelería anunciando la trashumancia. 

Ahora han instalado un semáforo a la altura del embalse, para el incesante paso de todoterrenos turísticos.

La primera parte de esta propuesta no tiene atractivo ninguno, pues a parte de haberlo recorrido allá por el plioceno, está cementado y bastante urbanizado. A partir de la cabaña del Turmo (bueno, un poco antes) ya el panorama se vuelve bastante agradable y va aumentando la sensación de soledad.

Salimos cargados, pensando en fraccionar la actividad, aunque se puede llegar a hacer en el día… pero sería correr demasiado. Alcanzamos el refugio de Estós, y como ya habíamos tomado cafelito en la cabaña del Turmo, nos detuvimos poco tiempo aquí… sólo el necesario para saludar a unos ciclistas y preguntar a los guardas (que por cierto son un poco secos… y no es nuestra percepción), ya que no sabíamos donde estaba la continuación del camino, para ascender al bellísimo ibón de Gías. Lo que se suele hacer aquí, es pernoctar en el refugio, y al día siguiente ascender a nuestras queridas cumbres pirenaicas de más de tres mil metros (esa codiciada y mágica cifra), pero habiendo salido temprano (las diez) nos daba bastante tiempo a seguir hacia arriba… total, esto sólo tiene un inconveniente: transportas la carga a mayor altitud.

Pasamos entre el tendedero y el WC, como nos dijo el guarda, y al cabo, estábamos en la captación de agua. Vimos un ratito como funciona aquello, y continuamos. Este camino está muy poco transitado, y aunque desde abajo, antes de alcanzar el “refu”, sabíamos que era por aquí, con la hierba bastante crecida y la exuberante primavera de finales de julio, no se ve ni por asomo por donde discurre. A partir de la toma, empieza a empinarse al alza nuestro desdibujado y hermoso caminillo de montaña. Por supuesto, no vimos a nadie. Hay algún hito, y nosotros los engordamos… hay que colaborar, que no cuesta tanto… después nos gusta encontrarlos.

Cruzamos el torrente del barranco del Forau de O, que baja en condiciones de ser bebido, de hecho, llenamos varias veces los bidones. De poco tiempo a esta parte, hemos comprado bidones de acero inoxidable, y son muy buena opción, a parte de no retener sabores, se pueden usar para calentar el agua, o si llevas cazo, lo usas como vaso. El caso es que ahorras peso, y por supuesto, no contaminas comprando botellas de un solo uso. 

Los de aluminio no son aconsejables… el aluminio, en ambiente ácido (por ejemplo, echarle un poco de limón al agua) desprenden algo que te acabas comiendo… haz la prueba barriendo un plato de aluminio con un trozo de pan para rebañar el aceite de la tostada. Y si la cantimplora de aluminio viene revestida por dentro, (lacada) malo, porque la resina soltará Bpa, sobre todo si le echas agua caliente.

Hay pasos complicados, incluso sin ir cargados. Esto es Pirineos en estado puro… hay más… Isabel compró la tarde anterior unos zapatos Kayland y los iba estrenando… la verdad es que es muy lógico estrenar calzado en una ruta de alta montaña… ¡Si no, para que lo compras! Eso de amoldar los zapatos es cosa del pasado… los materiales de hoy no necesitan ser domados, ya son lo suficientemente confortables. Paramos a comer al sol, que se apetecía, y sentados sobre granito y con los pies al fresco. Traemos buenas viandas y estamos dando buena cuenta de ellas. Continuamos… y empieza a nublarse un poco más. Los buenos manuales de seguridad en montaña dicen, que si la meteorología se complica en alta montaña, no sigas subiendo… pero a veces, digo yo que se puede arriesgar un poquito… ¿no? No todo van a ser montes de orégano.

Decidimos dejar el material bajo una piedra (de granito, no podría ser mejor material) y continuar más livianos, pues tan alto no era necesario dormir. Y al trasponer el collado desde el cual ves el ibón de Gías (que barbaridad el ibón de Gías), más nublado que nunca, vemos a tres personas en la orilla… con las tiendas montadas.

Llegar hasta este precioso ibón es suficiente… más que suficiente. Isabel quedó más que satisfecha de haber ascendido hasta aquí… y la verdad es que era lo más sensato… ¿Pero todos los seres humanos son sensatos? ¿Todos somos responsables?... bueno, unos más que otros… Contigo, los rayos y los truenos son fuegos artificiales… la vida es una broma extraña… ¿No dicen esto los buenos de Capitán Elefante? En otra canción, titulada Nubes, dice: Íbamos a medias en todas las tragedias… las nubes esperaban y yo no te veía venir… y después de leer (o escuchar a Capitán Elefante)… vamos a morir… antes que perder la vida.

Paco, un gran montañero, me dijo por donde debía subir… así que Isa quedó allí, bebiendo antimateria y esperando una señal… y yo, me moría por subir. Miré hacia ese collado de Gías, y me fui. 

La pedrera es para matarse tres veces… de las que a mi me gustan. Voy marineando de a poco, hacia el collado, por donde me dijo Paco. Ellos habían subido a la izquierda y les fue peor… ese “camino” va directo al collado que separa el Gías del Clarabides, y el que yo buscaba, separa España de Francia y el Clarabides Oriental de la Punta Lourde Rocheblave. Es más largo, pero mucho más fácil. En el collado, quedo prendado de la vista vertiginosa hacia el vacío francés… doy unos pasos expuestos hacia la izquierda. La ascensión se cataloga de fácil.

Llego al primer Clarabide, de color gris claro, y luego paso al Central, de color rojizo. El día amenaza y caen unas gotas de nada. Saco panorámica, encuentro 2 geocachés, el Posets medio escondido, pues la cota de nubes está un poco por encima de mi cabeza… el espectáculo es tenebroso y vibrante… me encanta este momento. A Isabel no la veo, pues el ibón queda oculto, y no me conformo con esto… el pico Gías está enfrente… el tercer Clarabide está ahí al lado, no merece la pena, no es nada. Tiro hacia el Gías.

Ascender al Gías no es fácil… hay una chimenea y hay que trepar un poco… si te caes, allá tu, pero aquí no va a subir nadie… igual mañana tampoco suben… vas a comprometer a los 4 que están ahí abajo. Pues todo dicho y pensado: No me puedo caer.

Las vistas desde el vertiginoso torreón del Gías no son muy distintas que desde el vecino y medio francés Clarabide… ¡pero! Ahí está, y se sube. Comienzo la bajada, la peligrosa bajada, y me equivoco… me meto por donde recomienda todo el mundo, que es la bajada directa sin pasar por el Coll de Gías… ¡Error! Esto no es un camino… hay un barranco y una pared… te vas al barranco, chorrea agua, está oculto si te pasa algo… es un pico poco transitado… o sea, todas las papeletas para una muerte segura en caso de caída. ¡Que nadie baje por aquí, por favor!

Llego al ibón, y Paco me dice que ya iba a empezar a subir para buscarme, porque hacía mucho que me perdió de vista… uf, menos mal, tenía un Ángel de la Guarda.

Isabel ya se había ido, pensando que yo bajaría mucho más rápido, pero es que tuve que parar a hacer fotos y rellenar las botellas… y a despedirme de los vecinos.

Montamos la tienda poco más abajo de donde dejamos las cosas, y a las 20:30 empezó a llover, y con tormenta… menuda nochecita. No paró hasta las 7:00. Rayos, truenos, granizo, desprendimientos en el Baca… un plato combinado de alta montaña. Conclusión: Hay que comprar una tienda nueva, que esta hace agua.

A la mañana siguiente, Isabel con sus zapatos nuevos, perfectos, el ambiente mojado, nos cruzamos con 4 personas (un chiquillo entre ellas) y en el refu nos tomamos un bocadillo de jamón con un agua sucia caliente (café, decían) y tomamos el camino largo… el que va al ibón de Batisielles, llegando a Benás a la bendita hora de comer en una terraza bien atendida en el centro de la población.

Se acabó.










































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