lunes, 29 de enero de 2024

Ascensión invernal al techo ibérico (3482m).

Ya hace varios años que no subimos en pleno invierno para escapar de la llanura y retomar altura… 

Pues tomemos aire. Desde que en invierno se ha vuelto imposible ir a Hoya de la Mora a realizar nuestras más atractivas actividades invernales, hemos cambiado la nevadense por Gredos… y ha sido en realidad todo un acierto, pues estamos conociendo en profundidad todo ese Parque Regional y sus bellas gargantas… pero esta vez hemos decidido dar una oportunidad a Sierra Nevada, e ir por la vertiente sur…  que está tan lejos de Cádiz como si te vas a Ávila.

Desayunamos temprano en un bar de Capileira, pues el hotel, que no lo vamos a recomendar, no sirve el desayuno hasta bastante tarde para nosotros. La pista de tierra hasta la Hoya del Portillo es un absoluto contratiempo… hay que ir muy despacio y levantamos tanto polvo que nos llevamos en el coche una buena parte de la Sierra Nevada. Aparcamos, nos metemos las pesadas botas semirrígidas y a por todas. 

En el hotel nos preguntaron si estábamos seguros de lo que íbamos a hacer… que era diciembre… que era invierno… que la sierra en invierno es peligrosa… que después hay que ir a rescatar a los senderistas… en fin… eso nos pasa por preguntar si sabían el estado del refugio de la Caldera… era un 27 de diciembre… tampoco era para tanto con lo poco o nada que había nevado. El caso es que la información que nos dio el del hotel sobre el refugio de la Caldera era totalmente equivocada; incluso parecía ni siquiera saber dónde estaba. No vamos a recomendar el hotel… No se puede ser tan negativo. Una cosa es preocuparse por la gente y otra es prejuzgar. 

Hablaba de botas… unas Bestard Top Trekking II que ya tienen casi 20 años y que me han vuelto a llevar hasta allá arriba… a lo más alto… “Hoy, tal vez el viento sople a mi favor y me empuje, me eleve y me lleve…” No pretendo ser consumista, y cuanto más dure un material, mejor para todos.

Por el “bosque” de pino silvestre de repoblación de hace medio siglo, vimos algún pinzón vulgar en la punta más alta de algún pino… y ya no vimos ni un pájaro más… increíble. La sierra no puede estar más seca en un fin de año. Apenas hay nieve. Avanzamos por el sendero hasta el Alto del Chorrillo para no perder altitud al acercarnos a Poqueira, que está en obras.

En la base de la ladera oeste del majestuoso y enorme objetivo, ya pasado el Paso de los Franceses, empezamos a ver un poquito de nieve que no había que pisar, y decidimos dejar las mochilas y subir directamente a la cumbre… había tiempo de sobra. Así que comimos bien, con tranquilidad, y nos fuimos para arriba con un poco de agua y los crampones en una bolsa. Prácticamente no había nadie en toda la Caldera… Dos chavales que iban subiendo me pidieron consejo, pues eran algo nuevos en estos menesteres de alta montaña. Muy majos. Alcanzamos la cumbre más alta de la península, seguramente pasadas las cuatro y media de la tarde… y ya nos habíamos cruzado con los chavales, que bajaban y continuaban hacia Villavientos. A media ladera, vimos a otros dos dando vueltas por las lagunas… buscando agua.

Al cabo de un rato en la cumbre, llega una pareja de Valladolid… ella de Argentina… hablamos e intercambiamos cámaras de fotos; a Isabel le entraron las prisas… se estaba bien arriba… sin prisa ninguna. A más de las cinco de la tarde, tras contemplar un rato las enormes vistas desde la cumbre más alta de la península, emprendo la bajada… Isabel ya iba bastante abajo… La alcanzo en dos patadas. Mis botas son bastante rápidas… Llevan 20 años conmigo.

Habría que añadir que, polémicas aparte sobre la hornacina del Mulhacén, es cierto que desde que quitaron la reja y, al parecer, destruyeron aquello, ahora hay bastante menos basura, pues hay menos motivos de amarre.

Llegamos a donde estaban las mochilas… que ya se me había despistado el cuerpo y no sabía ni dónde estaba.

Con la cabezonería de no ponerme los crampones, casi me parto la crisma al llegar al refugio de la Caldera… resbalaba como nada… “necesito que vengas, que se me lleva el aire…” y con la ayuda de Robe, llegamos al vivac sanos y a salvo.

Dos chavales nos encontramos dentro… los que buscaban agua… venían de Murcia y eran más majos que la mar. Con ellos y con los de cumbre compartimos vivencias, comida, pacharán casero y literas.

Hizo hasta calor en el saco aquel 27 de diciembre… por la mañana, al salir, todo estaba helado, pero no hacía frío. Un buen desayuno a más de 3000 m de altitud era lo que nos hacía falta para mantener la mente motivada y salir de casa por la puerta, en lugar de por la ventana. Necesitamos un contacto pleno con la naturaleza… es vital. Pasar de vez en cuando una noche en alta montaña es fundamental… esta vez, sin obsesión por los pájaros… sin prismáticos… hemos comprobado que mirar con prismáticos no es sano si llevas mochila, porque acabas con el cuello y los hombros muy doloridos. La postura es incomodísima… así que hay que volver a ser como éramos… montañeros y no pajareros. Cada cosa en su lugar, y más aún teniendo aves increíbles a 200 m de casa… ¿Para qué te vas a dar la paliza en alta montaña? En la montaña, las aves se ven sin prismático: buitre leonado, cuervo grande, chova piquirroja y el coqueto acentor alpino, que se acerca tanto a tu lado en la cumbre que le ves el pico… no necesitan óptica para ser identificadas.

Otra cosa que no debería hacer, por mi bien, y que sigo haciendo y luego me arrepiento, es recoger 2 bolsas de basura del refugio de La Caldera, que en total pesaban 2 kilos… y llevar eso, atado a la ya de por sí pesada mochila, no es bueno para mí ni para nadie. Una cosa es recoger basura… colaborar… y otra distinta es recoger toda la basura que dejan los demás. Me decía alguien en Facebook cuando puse la foto de la basura: “Más gente como tú hace falta”. No respondí… pero pienso que no hace falta, para nada, más gente como yo… lo que hace falta es menos gente que tira basura en cualquier parte. La montaña está de pena… y si es el mar o las playas… peor aún. Hay que recapacitar.

Bajamos por el río Mulchacén, que es más bonito… más cargado, como dije. Los alrededores de Poqueira están muy tristes… Espero que se haga una buena limpieza porque es vergonzoso.


La parte más baja está totalmente seca.


Hay señalización reciente.


La cota de nieve estaba muy alta.

La poca nieve que queda está muy dura.

Laguna de la Caldereta completamente congelada y seca.

Sin crampones por el oeste de Mulhacén en diciembre.

Muy cerca de la cima.

Hito de piedras de Mulchacén.

VG de Mulhacén.

Vistas hacia el norte.

Descendiendo a la Caldera.


Desde el refugio de La Caldera.

Foto nocturna de 15 segundos.

Amanece.

Collado del Ciervo.

Refugio de la Caldera.

Loma pelada.

Hoy bajamos por el río.

El río Mulchacén desagua con un caudal muy bajo.

El hielo de la laguna se hunde porque debajo no hay agua que lo sostenga.

Atención, obras.

Arquitectura típica alpujarreña. 


viernes, 19 de enero de 2024

Camino fluvial de Las Batuecas. Canchal de Cabras Pintás.

Es la segunda visita a este espacio natural protegido y, por ello, no nos resultó menos interesante ni emocionante.

Este camino puede estar sujeto a restricciones; por lo tanto, es aconsejable informarse antes de acudir a la zona. De hecho, en esta ocasión había un tramo cerrado debido al deterioro de los puentes de madera que cruzan el río. Otra recomendación es que, en invierno, el caudal puede variar y comprometer nuestra progresión.

La foresta estaba toda húmeda; el caudal era alto y el entorno del río Batuecas, en general, era una delicia durante la primera semana de diciembre. Setas, madroños, hojarasca bien húmeda y una temperatura muy agradable para mantener el contacto con la naturaleza. Si llegas temprano, no habrá problemas, pero el aparcamiento puede estar un poco saturado un poco más tarde.

Si entras desde Extremadura, en la zona de curvas donde comienzas a cruzar el río por carretera, ve atento a las paredes de la izquierda, donde hay una importante buitrera.

“Viviendo a la orilla del río, pensando en sus amoríos, hay un sauce llorón que canta: me deshojaría por ti, aunque no quieras venir, que yo no entiendo de distancias”… y así comienza una de las canciones del último trabajo de Robe… y como si ese sauce estuviera enraizado en la misma orilla del río Batuecas, “a veces cuando lo acaricia el aire, se mece y parece que baile…” 

Una vez saltado el primer aporte con el que nos encontramos, fuimos pegados al muro, intentando no caer al agua y sin mojarnos demasiado, ya que estamos a las puertas del infierno… o del invierno.

Pasamos por muros y puentes, junto al Monasterio Carmelita, construido en el siglo XV. Es un complejo de retirada monacal y su entorno; si ahora es tranquilo, imaginad cómo debía ser hace seis siglos, cuando ni siquiera llegaba Radio 3.

Las pozas graníticas dan mucho juego en verano y ahora también, pero también para otros menesteres, como la fotografía. Hay que ascender y abandonar el cauce por un rato para acercarnos al abrigo rupestre y disfrutar del arte en plena naturaleza.

El abrigo tiene unos siete paneles y, sobre todo, representa varias cabras y otras figuras esquemáticas, como una figura humana y algunos elementos puntiformes. Este es un espacio cultural bastante conocido y recomendamos visitarlo a quienes aún no lo hayan hecho. Si el día está húmedo, las pinturas se ven mejor; además, en verano esta zona puede estar restringida por riesgo de incendio… por lo que es mejor ir fuera del estío.

No es este el único abrigo con pinturas rupestres que vamos a encontrar, ya que, siguiendo el camino, llegaremos al Canchal de Mahoma, que también está señalizado.

A quien le guste eso del geocaching, aquí tiene algo para entretenerse un rato… y el más interesante nos explica una formación geológica que se repite en muy pocas zonas: los Ripples. A todos nos sonará esta palabra por ser la canción de Genesis. En la orilla de la playa hemos visto muchas veces formarse estas ondas en la arena, recién bajada la marea; pues aquí las tenemos petrificadas, formadas bajo el mar hace más de 400 millones de años. ¿No es emocionante?


El río Batuecas sacado con la nueva Sony Alpha.

Los puentes estaban cerrados, pero nos las ingeniamos para cruzar hasta las pasarelas.




Monasterio carmelita de San José de las Batuecas.

Tributo al río Batuecas, proveniente del pico Pirrubio.

Arroyo de Barrigoduro.

Canchal de cabras pintadas.

Riesgos en los que se contemplan ripples u ondulaciones.

Buitres leonados volando al fondo.

Río difuso de las Batuecas.

Hoja de rebollo.



Esto sí que es un Camino de las Raíces.

Paneles del Parque.


martes, 9 de enero de 2024

Camino de las raíces. Arte en la naturaleza. La Alberca.

Aquel día amaneció en Las Hurdes muy cerrado, entre nubes y llovizna, con viento fuerte. Lleva mucho tiempo lloviendo en esta acogedora comarca cacereña, y eso se nota en todos sus meandros.

En el hotel, nos agasajaron con delicias de la tierra, mientras mirábamos por la ventana y dudábamos si salir a caminar o quedarnos allí, entregados al vicio de comer hasta reventar… pero, parafraseando a Robe: “recuérdame que busque una salida si ves que estoy perdido en mi interior…”

Fuimos al Parque Natural Las Batuecas – Sierra de Francia, y en el Mirador del Portillo no se podía estar… así que continuamos bajando, para buscar una alternativa menos expuesta, y ya en la Oficina del Parque, a la entrada de La Alberca, según bajas, nos dieron un folleto que describía el camino del título de esta entrada… tras una amena charla sobre lugares de nidificación del alimoche común (Neophron percnopterus), por lo que el coche se quedó allí mismo y comenzamos la jugada. 

Es una senda balizada, todo el camino muy llano, y de poco más de 2 horas y media de recorrido… entre robles, granito, esculturas, mitos comunes (Aegithalos caudatus) y un ambiente de tranquilidad y lluvia.

Vimos cuervos, carboneros, trepador azul… y algún pajarillo más.

Durante el recorrido hay varias esculturas con sus respectivas explicaciones. Hay obras como: “Del espejismo de un bosque”, de Begoña Pérez; “La majá”, de Lucía Loren; “Hojas de roble”, de Iraida Cano; “Asteroide S 09 2010”, de Fernando Casás…  El punto más alejado es la Laguna de San Marcos, junto a la ermita de San Marcos, donde se encuentra el asteroide y donde no es difícil observar fauna. En alguna reseña de Google hemos leído: “la laguna no vale para nada”… lo que evidencia una falta absoluta de conciencia y educación ambiental, pues cualquier laguna, o incluso charca, es de gran valor, ya que puede ser el único punto de hidratación para cientos de especies. Hay que valorar más el agua y los entornos naturales.

Sacamos de este tríptico este pequeño y profundo texto:

“La raíz es lo que nos ancla a un territorio y nos hace sentir comunidad: unos paisajes, unas celebraciones, un modo de entender y respetar la naturaleza. También la raíz es lo que, desde el suelo, ayuda a crecer y extenderse, lo que permite despegarse del terreno y ver más allá.”

Recomendamos encarecidamente este pequeño paseo entre hojarasca y vida, entre naturaleza y arte. Es el bosque imperfecto el que hará que te emociones más y, en cualquier estación, será exquisito… pero en invierno la vida adquiere otra dimensión.

Al terminar nuestra caminata y tras la comida, nos acercamos a Ladrillar, una pequeña población hurdana de marcado aislamiento geográfico, lo que le confiere un encanto que puede resultar beneficioso o agradable en algunos aspectos, pero supone un gran inconveniente para otros. Nos metimos en el bar a nadar entre el paisaje y calentarnos por dentro y por fuera, contemplando un hermoso mural que hay justo frente a la puerta y que representa lo importantes y lo amenazadas que están las abejas. Es una crítica artística a la regresión que estos grandes polinizadores están sufriendo, debido, sobre todo, al uso de pesticidas y a la inagotable avaricia humana.

Y volviendo a parafrasear a Robe, "Tal vez, si pudiera hablarte de si fuera cierto que el poder del arte bien nos pudiera salvar de una vida inerte, de una vida triste… de una mala muerte… bien nos pudiera salvar…"


La Alberca

Arquitectura típica salmantina


Calleja a la salida de la población hacia la Ctra. Mogarraz


Del espejismo de un bosque. Begoña Pérez



La majá. Lucía Loren


Hojas de roble. Iraida Cano

Asteroide S 09 2010. Fernando Casás


Laguna de San Marcos


El Duende de las Abejas, de PeKolejo. Ladrillar 2023. Cáceres.