La relación entre la montaña y los ríos es evidente. Saliendo de Cádiz, tendremos que cruzar el Guadalete, el Guadalquivir, el Guadiana, el Almonte, el Tajo, el Jerte y el Tormes… así, a grosso modo… y, por último, tendremos que caminar en paralelo a uno de los más bellos ríos de Gredos para alcanzar una ansiada cumbre.
Es 1 de noviembre y hace 15 °C a las 7:15 de la mañana en El Barco de Ávila.
La pequeña población de Bohoyo es fácil de encontrar en la oscuridad; pasamos el pueblo en dirección a Navamediana y, tras cruzar la Garganta de Bohoyo por otro estrecho puente, a la derecha vemos la indicación del área recreativa.
A las ocho nos ponemos en marcha tras tomar el segundo desayuno y el Robledal nos deja boquiabiertos. Cruzamos una cancela y empezamos a ver ganado. El camino asciende lentamente junto a una acequia y está completamente tapizado de bellotas.
Nos salimos a ver la Fuente de Navazuela, ubicada en un entorno montañoso paradisíaco. Nos adelanta un hombre en este momento… Le vemos de lejos.
La subida continúa bajo un frondoso robledal, casi hasta encontrar el primer refugio que apoya el recorrido: el de la Secá. Está bastante completo; es pequeño, pero para dormir dos personas es ideal. Queda a escasa hora y media de donde podemos dejar el coche, pero apenas 15 minutos más tarde, encontraremos otro refugio similar: La Redonda.
La Garganta de Bohoyo se va abriendo, rodeada de aristas graníticas, jóvenes y esbeltas, que a cada paso demuestran lo pequeños y delicados que somos, aunque algunos se empeñan en hacer mucho daño.
Poco antes de cruzar el arroyo de los Horcos, nos cruzamos con quien vimos más abajo, que venía de vuelta de su paseo por la montaña. Nos advierte que la predicción indica agua a partir de las 4 de la tarde… Vamos justos para ascender El Belesar. También nos advierte de la presencia de machos bajo el refugio La Longuilla. En este prado inclinado, el camino se difumina lo suficiente como para perderlo… pero lo encontramos de nuevo. No creo que exista alguien que se esconda de nosotros, definitivamente.
Tras ver las esquivas victoriae, a las once de la mañana, empezó a llover. Las nubes en este valle van entrando desde abajo y se ve venir la lluvia.
Poco a poco se va empapando todo y el granito empieza a resbalar… Hay que saber caminar por él. Cruzamos el río junto a una hermosa falla, tras haber dejado atrás el pequeño Lanchón. Ahora sí que vamos caminando sobre la verdadera roca.
Una gran placa, ligeramente inclinada, nos muestra una hermosa brecha por la que corre agua a borbotones. Al fondo, entre las sinceras nubes que se ciernen sobre el Belesar, se otea el collado que tendremos que ganar.
Esta zona es escarpada y gana altitud considerablemente, pero hace ya bastante tiempo que caminamos y estamos deseando descansar, y la llovizna no invita a parar; de repente, atisbamos el refugio de El Belesar, que reconocemos por las fotos del blog Pisando Cumbres.
Son las 14:15. Nos acomodamos para yantar plácidamente, que ya es hora… y continúa lloviendo.
La puerta del refugio es pequeña, y el interior ofrece el confort justo… sentados, tenemos que agachar la cabeza para intentar otear la arista de la vertiente opuesta a la que nos encontramos, pero aun así, las pegajosas nubes de montaña nos impiden ver la hermosa vista.
Sobre las 16:00, cesa la lluvia y donde la sensatez calla, habla la inconsciencia… Fran sale a dar un paseo… se aburre dentro del refugio… ya no había nada más que limpiar… lo ha dejado nuevo.
¿Dónde va Virenque?… ¿Dónde va la gente? El “dicho” acaba de cambiar… se ha hecho historia. Parquesvr y su magnífica ópera rock, “Lance Armstrong”, han golpeado nuestro cerebro esta semana, dejando un sabor de boca y una cantinela difíciles de eliminar… ¡Pelotón, pelotón!… ¡Esto es el Tourmalet! ¿O no lo ves?… Ya no sabemos si estamos en los Pirineos o en Gredos…
En menos de una hora, estaba en la cima. La Hoya del Belesar es realmente bella… llena de pastos y grandes pozas en escalera… la arista cimera, totalmente cubierta de nubes, no deja ver la Hoya de las Berzas ni las 5 Lagunas… apenas se ve a 20 metros.
Y durante la corta bajada comenzó a llover; la lluvia llegó a calar en ciertas zonas y ya no paró hasta la mañana siguiente.
El amanecer, muy cerrado, resultó especialmente atractivo. La Garganta de Bohoyo, que siempre fue el camino de acceso al Circo de Gredos, hoy, gracias al acceso por carretera hasta la Plataforma, se ha convertido en un lugar solitario. Sólo vimos cinco personas en dos días… aun así, encuentras algo de basura.









































































