sábado, 14 de marzo de 2026

El Poder del Arte en Sierra de las Nieves.

“Me he quedado atrapado en el puto pasado y no puedo salir…”

Ni tengo intención alguna de salir… ni de explicar este inicio de entrada bloguera, pues no es necesario.

Hoy es sábado, un sábado de marzo, de esos en los que se percibe la llegada del equinoccio… Mi hermano y mi sobrino cumplieron años esta misma semana… “Empiezo ya a sentirme mejor”, dice Robe… pero yo voy a cambiar la última palabra de esa frase por otra, no sé si más conveniente o más realista: “Mayor”. Nos hacemos viejos, nos guste o no. Todos vamos a morir y no hace falta recordarlo… “Puede ser que mañana ya no nos quede nada”, nos vuelve a recordar Robe en la misma canción.

En mi memoria quedarán los esfuerzos dedicados a conservar la playa de Camposoto para intentar, sin éxito, convencer a una población egoísta y mal educada de que el chorlitejo patinegro está en peligro de extinción y que nosotros somos los únicos responsables de esa situación. Pasear por el sistema dunar y, sobre todo, soltar egoístamente a los perros por la playa son los principales causantes del declive de la población de este pequeño ave limícola, que es por sí solo un emblema de nuestra ciudad, pero que ni siquiera nuestro egoísta Ayuntamiento de San Fernando es capaz de proteger, aunque sólo sea dándonos a los voluntarios una pizca de apoyo. No pedimos nada. No pedimos financiación. Sólo un poco de respeto.

Hoy hemos realizado la limpieza voluntaria de la playa y recogido alrededor de 300 kilos de residuos. Algunos bastante grandes. Eso es competencia del Ayuntamiento y lo hemos recogido entre media docena de voluntarios del proyecto de AGADEN y una inmensa cantidad de chavales del grupo Scout Eryteia, que, si no fuese por ellos… no sé. El Ayuntamiento sólo colabora mandando un camión del servicio de limpieza a la rotonda… pero la playa es muy larga y los chavales vienen cargados caminando 2 kilómetros con las bolsas llenas… por la arena. Ni siquiera tienen los políticos la decencia de, por lo menos, invitar a los chavales a merendar. Yo no pido nada… de hecho, ni siquiera me quedé para la foto final. No quiero reconocimientos; de hecho, limpio esa playa todas las semanas durante todo el año.

Pero eso ha sido hoy, sábado 14 de marzo… el mes de la citada primavera. El miércoles 11, cumpleaños de mi sobrino Julio, amanecimos en un hotel en Ronda, y a las 8:30 ya estaban las botas bien atadas y los guantes puestos, que hacía -2 °C en el aparcamiento del área recreativa de Quejigales, en ese recién estrenado Parque Nacional.

¿Qué coño vamos a contar de la Sierra de las Nieves? Que hablen las fotos… pues “voy que ni toco el suelo, y he espantao hasta las nubes… no sé si son tus besos o este tripi que me sube”.













Como los helados de dos sabores...



La belleza de la Meseta de Quejigales no tiene parangón en Andalucía.


Alpestris canosos, de la edad...

Siempre es emocionante enamorarse.

Rastreables. Travel bug.

El Peñón de Ronda, visto desde arriba.

Pinsapos (pinzapos) de repoblación.

Podarcis vaucheri con la piel bastante vieja de todo el invierno. Mudará en breve.

jueves, 26 de febrero de 2026

La Sierra Grande de Hornachos.

La Sierra Grande de Hornachos se yergue como divisoria natural entre las comarcas de La Serena, al este,  y Tierra de Barros, al oeste, separando las aguas del Matachel y del Palomillas, ambos tributarios del Guadiana, y contribuyendo a llenar el embalse de Alange poco antes de que estos se unan al gran río pacense. Hemos llegado en buen momento, pues los embalses están pletóricos tras el tren de borrascas infinito que nos ha golpeado incesantemente, lo que ha aumentado la sobredosis de ansiedad colectiva al no poder ir con normalidad a patear montaña.

Si consultamos el inventario del Instituto Geológico y Minero de España, vemos que esta sierra constituye un paleorelieve montañoso aislado de 12 km de longitud por 2 km de ancho. Tiene una prominencia de 500 metros sobre el paisaje de dehesa que la rodea y alcanza una elevación máxima de 943 metros sobre el nivel medio del mar, como ya se sabe, medido en Alicante. Se trata de una formación geológica muy antigua, de cuarcita armoricana del ordovícico inferior, y se estructura según un pliegue tumbado sinclinal a lo largo de la sierra… es muy parecido al relieve de Las Villuercas, y cabe destacar una espectacular charnela por encima de la Fuente de los Moros y muy cerca del núcleo urbano.

No hace falta decir que escuchando el directo en París de 2010 de Robben Ford, en formación de trío con Travis Carlton al bajo y Toss Panos a las baquetas, las teclas del ordenador casi se mueven solas. Y añadir que a Robben Ford lo vimos en directo hace años en el Blues Cazorla… Cazorleans para los amigos.

La mañana se antojaba húmeda, y no eran las nueve de la mañana cuando estas botas… sí… These Boots… empezaban a derrapar calle arriba, buscando el pósito, que visitamos el día anterior y que fue muy instructivo, ya que aprendimos que Hornachos fue el último reducto morisco de la península que nos envuelve.

Se sale de la población por un camino empedrado, jalonado de sendos muros, donde las collalbas negras son muy habituales. Espectáculo poco común el de las collalbas.

Vamos ascendiendo de a poco, por la falda sur de la peña que sostiene el castillo de Hornachos, construido en el 711 por los musulmanes y reformado en 1234 por los cristianos; y, bastante antes del collado del valle de los Cristianos, nos desviamos, observando otra collalba negra, hacia los mismos muros defensivos del mencionado castillo.

En esta ruina entra la claridad, decía Robe, y así de lamentable se encuentra esta construcción histórica fortificada. Desde el Ayuntamiento se está haciendo un gran esfuerzo por dar valor a todo lo relacionado con la cultura de esta montañosa población extremeña, pero esta fortaleza necesita una gran inversión de otras administraciones más potentes. No obstante, ahora se está excavando y acabamos de saber que se van a destinar casi tres millones de malolientes euros para restaurar el mencionado conjunto histórico.

Bajamos del castillo, lloviznando, y seguimos ascendiendo hacia el cerro de la antena, detrás del propio castillo. Por el camino de las escaleras están de obras. Las vistas desde esa antena son de libro… de tríptico publicitario, vaya. En primer plano, el castillo visto desde arriba y, por detrás y abajo, la población, identificando cada calle y monumento. Aquí salió el sol por primera vez.

Retomamos la senda tras la pausa cafetera y añadimos que llevamos cuatro prendas de ropa… y guantes. Hay carboneros muy atrevidos… nos llaman y se ponen por detrás y por delante de nosotros. También una zorra preciosa se queda asombrada de vernos y se da a la fuga de un salto.

Tomamos el camino que se sale a la derecha, que se aleja de la vaguada del valle de los Moros y pasa a la umbría, con vistas a la comarca de la Serena, y por aquí llegamos a los corraletes para ascender al Peñón de Marín, de 943 metros, el punto más elevado de esta preciosa Sierra de Hornachos. La nube se volvía a condensar cerrando toda posibilidad de disfrute panorámico y provocando una notable bajada de la temperatura ambiente.

Al descender, nos desviamos hacia La Sillá, a buscar, entre las oquedades, un reducto de arte prehistórico del paleolítico, bastante escondido y sin rejas de protección, lo que dificulta la localización de los vestigios pictóricos… y aun así, muchos de ellos están vandalizados. ¿Qué lectura podemos sacar de esto?

Hornachos posee una sierra imprescindible de visitar, en una comarca acogedora, donde se come muy bien y nos sentimos bienvenidos. Además, era carnaval y pudimos ver a unos chavales cantando con su chirigota.

También es muy recomendable acercarnos a comprar embutido y queso curado de oveja de una empresa local que lleva el mismo nombre que la sierra de la que hemos disfrutado. Productos de matanza propia: nada de productos industriales, ni de edulcorantes ni de añadidos que puedan causar alergias alimentarias. Producto sano, de la tierra… de la sierra.

Al llegar a Hornachos, se tiene una bonita vista de la sierra y de la población.

Parroquia Purísima Concepción, que me recuerda a Silvio, por supuesto.

De origen mudéjar, se reforma y se amplía durante los Reyes Católicos.

Desde el pósito, centro de interpretación morisco, comienza a descubrir la sierra.

Se visita con guía local. Está protegido con reja. 

Castillo de Hornachos, en el que se observan restauraciones recientes.

Ejemplo de restauración.

La condensación estuvo toda la noche y gran parte de la jornada de pateo.

Se puede subir al castillo. Poco después han estado porteando materiales con helicóptero.

Excavación dentro del castillo. Nosotros vamos a buscar un geocaching.

Débiles vestigios de representación pictórica del ¿paleolítico?

Nos cruzamos con un señor tan agradable que nos hubiéramos ido con él.

Pero había que buscar otro geocache.

Ya se deja atrás el castillo y la humedad se dispersa durante unos agradables momentos.

Flora de la Sierra Grande de Hornachos.

Isabel cierra los ojos ante tamaña panorámica.

Hacía un viento bastante fuerte, como para llevar chaqueta, sobre chaqueta…

Una charnela de libro en la silla. Por debajo, el camino del valle de los Moros.

Y justo aquí nos cruzamos con carboneros y una zorra. ¡Me gusta ser una zorra!

El bosque de la Umbría, el que da a La Serena.

Vimos algún buitre leonado.

Pasando por Los Corraletes. La silla a la derecha.

En la zona de Los Corraletes.

Último repecho hacia las antenas.

Casi arriba del Peñón de Marín. Se aclara por unos instantes.

Incluso llegamos a ver Alange. El frío era bastante intenso.

Y arriba, apenas un instante, para una foto personal e intransferible.

Es un hongo gelatinoso que incluso es comestible.

Por estos senderos bajan los ciclistas a "toa mecha".

Es un tramo muy bonito, donde vimos esa gelatina amarilla.

Pedreras de cuarcita armoricana.

Representaciones pictóricas de Hornachos.

Algunas están bien visibles; otras están dañadas a propósito.

Paredones de cuarcita para escalar.

La Fuente de los Moros.

Es un lugar de visita obligatoria para quienes no somos cristianos.

El lavadero y la fuente... y a comprar queso de la sierra y embutido.

Pilas de los Cuatro Caños. Hay varios escudos de Carlos V en Hornachos.