Vamos a dar paso a explicar cómo fue nuestro viaje de Semana Santa por la zona septentrional del país y continente vecino. Un dato bastante significativo es que la distancia desde casa al centro de Xaouen es de 170 km. Quédense con eso.
Viajar se ha convertido en un acto de consumismo, pero hemos de decir, que este viaje, organizado por Ecologistas en Acción de Cádiz, no tiene nada que ver con un “viaje organizado”, aclarando además que éramos 48 compañeras y compañeros de viaje. Y sí… “viajar, viaje, viaje y viaje”… es premeditado.
Es tiempo de vencejos y en casa ya están ocupando sus aposentos, criando. Nos recoge un bus en Puerto Real a las siete y poco… Oscuro, no se escuchan vencejos… sólo mirlos. Llegamos al Puerto de Algeciras pasadas las 8:30, y nuestro barco sale a las 10:01, pero… el de las 7 de la mañana no ha salido, acumulando el pasaje de ambos transbordadores en uno sólo, y zarpando a las 10:25, creo recordar.
El peor viaje de mi vida… todo el tiempo en la cola del control de pasaportes… incluso atracamos, y la tediosa caravana no había terminado. David, de Toniza-Ecologistas en Acción, nos advirtió que llevásemos comida… por si acaso.
Salimos en bus hacia Chefchaouen, a nuestro hotel, después, claro está, de haber comido en el descansadero de la terminal de Tánger Med. Por fin estamos en Marruecos… otro mundo.
Una vez en el hotel y con las habitaciones repartidas por unos trabajadores más que eficientes, nos dispersamos todas por la medina de Xaouen, dispuestas a encontrarnos con nosotras mismas, pues la experiencia es única. Vimos muchas palomas torcaces y mirlos comunes; incluso creemos haber visto un ratonero moro. Atardece y cenamos todas juntas, los 48 compañeros y compañeras del viaje, repito, organizado por Ecologistas en Acción de Cádiz.
Por la mañana, y tras un espectacular desayuno, nos esperaban una flota de Land Rover Defender, conducidos por expertos chavales marroquíes con una destreza fuera de lo común, que nos llevarían hasta el corazón del Parque Nacional de Talassamtane, hermanado con el Parque Natural de Grazalema, pues ambos forman parte de la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo, que es la única del mundo que abarca dos continentes diferentes, unidos por un corredor marino de gran valor medioambiental, y fue declarada como tal por la UNESCO en el año 2006.
Juanlu González, autor del libro Estrechando el Estrecho y nuestro compañero en este imprescindible viaje, nos deleitó con la historia de hermanamiento entre poblaciones y espacios naturales de ambas orillas, además de hacer hincapié en los aspectos botánicos y geológicos más significativos de este parque. Decir que vimos al trepador azul, que escuchamos el pito bereber, y que nos alegró la vista una pareja de colirrojo diademado, en un hermoso rincón del pinsapar, donde, mientras todos comían, otros remontamos la ladera lo suficiente como para que la visión fuese un poco más amplia y diáfana…
En este viaje hemos aprendido, y hemos disfrutado con varias personas del interés por las aves, y queremos nombrar también al reyezuelo sencillo, que lo avistamos perfectamente observándonos desde las ramas bajas de un enorme pinsapo, compartiendo este momento con nuestra compañera Paula Marchena, coordinadora del proyecto Salvemos al Chorlitejo Patinegro; un momento inolvidable, dada la delicadeza y pequeñez de este bello paseriforme.
Las paredes verticales de esta zona del parque favorecen la dispersión y crecimiento de majestuosos ejemplares de Abies pinsapo, de hecho, jamás habíamos visto en nuestras sierras pies de semejante porte. Algunos cuervos grandes (Corvus corax) campean por las zonas altas, aún cubiertas de nieve, del imponente Jbel Lakraa, de 2159 m de altitud. Se posan en la nieve más alta, que les sirve de despensa de alimento fresco, ya que muchos insectos quedan congelados en la superficie nivosa, donde destacan y son ingeridos por las aves. He de añadir, que me quedé, por supuesto, con las ganas de haberlo ascendido.
Al regreso, me había quedado atrás observando aves con algunas personas, y al alcanzar a Isabel, a Luís de Andrés (de Madrid, activista defensor de las vías pecuarias y colaborador de El Bosque Habitado) y a otras compañeras, me comunicaron que hasta hacía un momento habían tenido unos macacos frente a ellos. En esta región viven en libertad los macacos de Berbería (Macaca sylvanus), también llamados “monas de Tetuán”. Esta especie sólo habita en el norte de Marruecos (y de África) y fue declarada en 2008 en peligro de extinción por la UICN. Este macaco es el mismo que habita en Gibraltar y que se convirtió, hace décadas, en un reclamo turístico que atrae visitantes a la Roca (Gibraltar Rock, para los amigos). La información sobre esta especie, la he sacado del blog Tetuangorgues, por si quieres ampliar conocimientos.
La bajada con los Defender se hace un poco pesada, por el constante traqueteo, y es que el camino está bastante deteriorado por las continuas borrascas de este invierno, que han provocado una treintena de muertes en esta zona del mundo. Es evidente que el camino no es apto para turismos de ninguna clase.
El paso por Bab Taza es bastante impactante; esta pequeña población de la provincia de Chaouen, y perteneciente al protectorado español, ha quedado anclada al paso del tiempo, y nada tiene que ver con la, digamos, mucho más cosmopolita y turística Xaouen.
La carretera es bastante peligrosa, pero llegamos al hotel, nos aseamos, y de nuevo nos dispersamos todas por las laberínticas y estrechas calles de la medina, buscando un lugar agradable donde cenar algo típico del norte de Marruecos.
Nuevo día en Xaouen (el tercero) y nuevo imponente desayuno que ya no te dan ganas de comer hasta bien tarde… eso sí, un buen tazón de fresas frescas a media mañana, que te lo venden a la orilla del río, nos sentó divino… más que nada por contribuir a la economía local, porque se podía pasar perfectamente sin ingerir nada.
Este día se desarrolló íntegro en la medina y sus alrededores, con explicaciones pertinentes sobre los enclaves que íbamos visitando, a cargo de Mohammed y Juanlu. Vimos el nacimiento del río Ras el Ma, que atraviesa y surte de agua a la urbe, y es aprovechado por vendedores de zumo de naranja para lavar y enfriar los cítricos. Además, el río sirvió hace mucho para dar movimiento a varios molinos distribuidos a lo largo de su alto cauce, que en estas fechas, corre muy abundante. También hay un lavadero, que hasta hace poco usaban las mujeres, pero que ya no se usa, porque el turismo es muy atosigante, y llega a incomodar a las damas que refriegan la mantelería en las rizadas tabletas de mampostería de la instalación. Los paparazzis están acabando con todo… incluso se dan casos de aves, realmente molestadas por “fotógrafos de naturaleza” que lo único que buscan es tachar un pájaro de una lista personal de avistamientos.
Hablando de aves, en el cauce del río Ras el Mas, vimos una pareja de lavanderas cascadeñas. Están criando justo en la zona más concurrida del trascurso de agua.
Mirlos, gorriones, verdecillos, palomas torcaces, tórtolas turcas… y un ave que no supe identificar. Hay mucha vida en este cauce… mucho jaleo y pajareo.
Y hacía una estupenda mañana (parafraseando a Los Planetas), que terminó en la plaza central de Xaouen, bajo la gran araucaria, igual que comenzó, y donde nos volvimos a dispersar para buscar un restaurante donde comer un buen Tajín de verduras y carne. También hicimos un geocaché… el único que hay en Chaouen, y que, como no podía ser menos, hace referencia a los gatos callejeros.
Canta Carlos Ares, “salvo alguna anomalía, todo son días de perros…” y es que en esta ciudad, y en todo Marruecos, los perros callejeros son lo más cotidiano que vas a ver… como en España en los años ochenta.
Por la tarde, fuimos a hacer lo más popular que se hace en Xaouen: ver el atardecer desde la Mezquita Española. No cabía un alfiler en aquella loma… pero nos hartamos de reír con nuestras cosas y sin necesidad de fumar nada que se pueda cultivar en esas laderas profundas.
Esta mezquita fue construida en los años veinte del siglo pasado por los españoles, tras la resistencia y el rechazo de la población de Chaouen al protectorado español, y como medida para calmar los ánimos… pero nada más lejos de la realidad: el templo fue rechazado de pleno por los marroquíes, que no aceptaron esa especie de “perdón”… o de soborno… no sé cómo llamarlo. Si se quiere ampliar la información, hay material en internet.
“Para mí, la música es el ruido de los estorninos que me acompañan”, y con esto volvemos a parafrasear a Carlos Ares. Estos días en Marruecos, para evitar disgustos con la cuota telefónica, el móvil estuvo apagado desde la noche anterior a salir de viaje (martes) hasta el domingo en que llegamos a Algeciras. Desconexión total. Pero hubo quien, con el wifi del hotel, abrió el móvil… y gracias a ello, en la pequeña caminata que dimos por la garganta del río Lau, pudimos identificar un ave. Ya de vuelta al bus, en un regato que desembocaba en el río, escuchaba a unos pájaros, pero no sabía identificarlos. Me parecía un mirlo, a veces un estornino… pero no me llegaba a cuajar un sonido exacto en mi cerebro. Vimos dos volando ladera arriba entre los matorrales… y en ese momento, Carmen, de Sanlúcar, me viene con el móvil y me dice: “Me sale que es esto”. ¡Bulbul naranjero! Cuando lo vi en la pantalla, no hubo ninguna duda. ¡Ese es! , le dije. ¡y es el mismo que vimos ayer en las higueras del río Ras el Mas, en el corazón de Xaouen! Nunca habíamos visto esa ave ninguno de los que andábamos por allí. Es típico del norte de Marruecos y nunca cruza el estrecho. Es un bicho precioso… búscalo en eBird, que te va a gustar.
Agradeciendo a Carmen su interés por las aves, este penúltimo día en Marruecos, lo dedicamos a visitar el zoco de Beni Saíd, un mercado ambulante que se monta los sábados y es una experiencia imprescindible si viajas al norte africano. Nada turístico; sólo comerciantes locales que proponen lo que cada uno tiene. Aves de corral vivas, cabras, ovejas, especias, ferretería, encurtidos, ropa, reparación de calzado, material eléctrico, cerámica tradicional… y a precios que te resultarán irrisorios. Son unas gentes muy humildes y estarán encantadas de venderte algo; incluso hay quien acepta euros (que no tienen por qué, no nos confundamos… no es su obligación aceptar el euro), pero lo mejor es haber conseguido en Xaouen algunos dírhams para gastar en este mercadillo temporal.
Del mercadillo nos fuimos en minibuses hasta el poblado pesquero de Kaa Asrass, que se asienta en la desembocadura de un río que desciende de las montañas donde se eleva el Jbel Tazzaout, de unos 1800 metros de altitud. Aquí, comer nos resultó increíblemente barato. Por 30 Dh (3 €), nos comimos un Tajín bastante generoso con patatas, tomate, cebolla, y tres sardinas de considerable tamaño. Todo, servido en mesa en un bar de aspecto bastante cutre, pero con un sabor exquisito.
Después del manjar “barítimo”, volvimos a Chaouen, parafraseando a Ciudad Jardín… aquella canción titulada Pool en. De camino, cuando paramos en la garganta donde vimos el bulbul naranjero… también vimos las caleras, y algunos ejemplares de Tetraclinis articulata… que nos lo explicó David, de Toniza, cuando le pregunté si aquella sabina también es un Juniperus…
Y por la noche, tras un rato de dispersión por el territorio marroquí, nos reunimos todos en una cena de despedida, donde, además de buen rollo, hubo un concurso literario inspirado en los acontecimientos vividos en el pinsapar dos días antes.
Nos resultó extraño no avistar un solo ejemplar de buitre leonado, con lo montañosa y abrupta que es la orografía de esta comarca. Desfiladeros muy verticales, de hecho, son el lugar ideal para la cría de estas preciosas aves, por lo tanto, será cuestión de falta de carroña el hecho de que no se dispersen por estos territorios. El único buitre leonado que vimos, fue por encima de la frontera con Ceuta, a la espalda del Jbel Musa
A la mañana siguiente, viajamos de nuevo al puerto de Tanger Med y regresamos a nuestra tierra, la que está justo al norte de África, la otra orilla… la orilla hermana del estrecho de Gibraltar, que en tan solo 14 km no separa tierras, bosques y aguas, ni tampoco culturas, sino que, más bien, las une. Como último avistamiento, y desde la cubierta del barco, vimos volar pardelas con nuestro mismo rumbo, y muy cerca… Fue uno de los últimos regalos ornitológicos. Este viaje ha servido precisamente para comprobar la unidad de los pueblos. Poco viajamos a Marruecos por lo cerca que lo tenemos y lo interesante que es; pues, ya lo dijimos al principio, apenas hay 170 kilómetros en línea recta.
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| Alcazaba en el centro de Chaouen. |
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| Vista general de Chaouen. |
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| Hacia el Parque Nacional de Talassamtane. |
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| El Jbel Lakraa visto desde la Plaza de España. |
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| En el corazón del Riff. |
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| Pinsapos, cedros, caliza, compañerismo y muchas aves. |
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| El enclave donde paramos todo el grupo a comer. |
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| El Riff es bastante escarpado y tiene zonas inaccesibles. |
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| Fotografía de Juanjo, compañero de Rota. |
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| Camino de regreso, con compañeras de San Fernando. |
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| Parada junto a las gargantas calizas, camino del zoco de los sábados. |
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| Puestos de venta en el zoco. |
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| Caleras, todavía en uso algunas de ellas. |
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| Zona de la garganta donde vimos el bulbul naranjero. |
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| EL río a su paso por el centro de Xaouen. |
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| Puesto de venta de minerales junto a la alcazaba. |
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| Puente en el centro de Chaouen. |
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| Molino. |





















































































