jueves, 26 de febrero de 2026

La Sierra Grande de Hornachos.

La Sierra Grande de Hornachos se yergue como divisoria natural de las comarcas de La Serena, al este,  y Tierra de Barros al oeste, separando las aguas del Matachel y del Palomillas, ambos tributando al Guadiana, y contribuyendo a llenar el embalse de Alange poco antes de unirse al gran río pacense. Hemos llegado en buen momento, pues los embalses están pletóricos tras el tren de borrascas infinito que nos ha golpeado incesantemente, aumentando la sobredosis de ansiedad colectiva al no poder ir con normalidad a patear montaña.

Si consultamos el inventario del Instituto Geológico y Minero de España, vemos que esta sierra constituye un paleorelieve montañoso aislado de 12 kilómetros de largo por 2 km de ancho. Tiene una prominencia de 500 metros sobre el paisaje de dehesa que la rodea, y alcanza una elevación máxima de 943 metros sobre el nivel medio del mar, como ya se sabe, medido en Alicante. Se trata de una formación geológica muy antigua, de cuarcita armoricana del ordovícico inferior, y se estructura según un pliegue tumbado sinclinal a lo largo de la sierra… es muy parecido al relieve de Las Villuercas, y cabe destacar una espectacular charnela por encima de la Fuente de los Moros y muy cerca del núcleo urbano.

No hace falta decir que escuchando el directo en Paris de 2010 de Robben Ford, en formación de trío con Travis Carlton al bajo y Toss Panos a las baquetas, las teclas del ordenador casi se mueven solas. Y añadir que a Robben Ford lo vimos en directo hace años en el Blues Cazorla… Cazorleans para los amigos.

La mañana se antojaba húmeda, y no eran las nueve de la mañana cuando estas botas… sí… These Boots… empezaban a derrapar calle arriba buscando el pósito, que lo visitamos el día anterior y fue muy instructivo, ya que aprendimos que Hornachos fue el último reducto morisco de la península que nos envuelve.

Se sale de la población por un camino empedrado jalonado de sendos muros y donde las collalbas negras son muy habituales. Espectáculo poco común el de las collalbas.

Vamos ascendiendo de a poco, por la falda sur de la peña que sostiene el castillo de Hornachos, construido en el 711 por los musulmanes y reformado en 1234 por los cristianos; y bastante antes del collado del valle de los Cristianos, nos desviamos observando otra collalba negra, hacia los mismos muros defensivos del mencionado castillo.

En esta ruina entra la claridad, decía Robe; y es así cómo de lamentable se encuentra esta construcción histórica fortificada. Desde el Ayuntamiento se está poniendo mucho esfuerzo en dar valor a todo lo relacionado con la cultura de esta montañosa población extremeña, pero esta fortaleza necesita una gran inversión por parte de otras administraciones más potentes. No obstante ahora se está excavando, y acabamos de saber que se van a destinar cuasi tres millones de malolientes euros para restaurar el mencionado conjunto histórico.

Bajamos del castillo, lloviznando, y seguimos ascendiendo hacia el cerro de la antena, que está por detrás del propio castillo. Por el camino de las escaleras están de obras. Las vistas desde esa antena son de libro… de tríptico publicitario, vaya. En primer plano el castillo visto desde arriba, y por detrás y abajo, la población, identificando cada calle y monumento. Aquí salió el sol por primera vez.

Retomamos la senda tras la pausa cafetera, y añadimos que llevamos cuatro prendas de ropa… y guantes. Hay carboneros muy atrevidos… nos llaman y se posan delante nuestra. También una zorra preciosa se queda asombrada de vernos y se da a la fuga de un salto.

Tomamos el camino que se sale a la derecha, que se aleja de la vaguada del valle de los Moros y pasa a la umbría, dando vistas a la comarca de la Serena, y por aquí llegamos a los corraletes, para ascender al Peñón de Marín, de 943 metros, siendo así el punto más elevado de esta preciosa Sierra de Hornachos. La nube se volvía a condensar cerrando toda posibilidad de disfrute panorámico y provocando una notable bajada de la temperatura ambiente.

Al descender, nos desviamos hacia La Sillá, a buscar entre las oquedades un reducto de arte prehistórico del paleolítico, bastante escondido y sin rejas de protección, lo que hace más difícil la localización de los vestigios pictóricos… y aún así, muchos de ellos están vandalizados. ¿Qué lectura podemos sacar de esto?

Hornachos posee una sierra imprescindible de visitar, en una comarca acogedora en la que se come muy bien y en la que nos sentimos bienvenidos, además, era carnaval y pudimos ver a unos chavales cantando con su chirigota.

Muy recomendable también, acercarnos a comprar embutido y queso curado de oveja, de una empresa local que tiene el mismo nombre que la sierra de la que hemos disfrutado. Productos de matanza propia, nada de industrial, nada de edulcorados o con añadidos que puedan causar alergias alimentarias. Producto sano, de la tierra… de la sierra.

Llegando a Hornachos se tiene una bonita perspectiva de la sierra y la población.

Parroquia Purísima Concepción, que me recuerda a Silvio, por supuesto.

De origen mudéjar, se reforma y amplía con los Reyes Católicos.

Desde el pósito, centro de interpretación morisco, comienza una a descubrir la sierra.

Se visita con guía local. Está protegido con reja. 

Castillo de Hornachos, en el que se observan restauraciones recientes.

Ejemplo de restauración.

La condensación estuvo toda la noche y gran parte de la jornada de pateo.

Se puede subir al castillo. Poco después han estado porteando materiales con helicóptero.

Excavación dentro del castillo. Nosotros, a buscar un geocaché.

Débiles vestigios de representación pictórica del ¿paleolítico?

Nos cruzamos con un señor tan agradable que nos hubiéramos ido con él para abajo.

Pero había que buscar otro geocaché.

Ya se deja el castillo atrás y la humedad se dispersa por unos agradables momentos.

Flora de la Sierra Grande de Hornachos.

Isabel cierra los ojos ante tamaña panorámica.

Hacía un viento bastante fuerte, como para llevar chaqueta, sobre chaqueta...

Una charnela de libro en la Sillá. Por debajo, el camino del valle de los Moros.

Y justo aquí nos cruzamos con carboneros y una zorra. ¡Me gusta ser una zorra!

El bosque de la umbría, la que da a La Serena.

Vimos algún buitre leonado.

Pasando por Los Corraletes. La Sillá a la derecha.

En la zona de los Corraletes.

Último repecho hacia las antenas.

Casi arriba del Peñón de Marín. Se aclara por unos instantes.

Incluso llegamos a ver Alange. El frío era bastante intenso.

Y arriba a penas un instante para una foto personal e intransferible.

Es un hongo gelatinoso que incluso es comestible.

Por estos senderos bajan los ciclistas a "toa mecha".

Es un tramo muy bonito, y es donde vimos esa gelatina amarilla.

Pedreras de cuarcita armoricana.

Representaciones pictóricas de Hornachos.

Algunas están bien visibles, otras están dañadas a propósito.

Paredones de cuarcita para escalar.

La Fuente de los Moros.

Es un lugar de obligatoria visita para unos no cristianos como nosotros.

El lavadero y la fuente... y a comprar queso de la sierra y embutido.

Pilas de los Cuatro Caños. Hay varios escudos de Carlos V por Hornachos.

martes, 20 de enero de 2026

El treparriscos, el Tunio y el Cerro del Castaño.

2025, un año pésimo que fue trágico en lo musical, y a falta de dos días para terminar, el día 29, un alud en Panticosa se llevó por delante la vida de tres personas, siendo uno de ellos un montañero de referencia en todo Pirineos, y no sólo en esta cordillera, ya que sus consejos sobre seguridad y sobre todo en alimentación, transcendían tanto en redes sociales como en su blog personal, el cual seguimos desde hace años. D.E.P. Jorge García-Dihinx, ese médico que cambió nuestra visión sobre el colesterol y a quien teníamos tan presente en casa como a un miembro de la familia. Llevamos tiempo siguiendo sus consejos para optimizar la energía de nuestro cuerpo quemando grasas y no azúcares. No olvidaremos nunca a Jorge, porque caló hondo en nuestras vidas. 
Comenzó 2026, y el mismo día 1 a las 8:40, dábamos los primeros pasos en el Puerto de las Viñas, en Villaluenga del Rosario, con la intención de ascender al Tunio, al cual no llegamos porque la cota de nubes estaba más baja que su cumbre, y no se veía nada. Esta salida nos sirvió para rescatar de nuevo 3 salamandras de una de las arquetas del Pilar del Saucillo; también había dos muertas en el fondo. Una pena. Recogimos una bolsa (pesaba) de plásticos y latas repartidos por el mismo corazón de la Sierra de Grazalema. No es de recibo a estas alturas… hay que ser, sobre todo, ecologista… y se demuestra muy poco. 
El día 6, de Reyes Magos… (o mejor, de Reinas Magas, que ya está bien de tanta testosterona para todo), salimos temprano también, camino de Puebla de Guzmán y Huelva, para intentar ver un pequeño treparriscos que lleva unas semanas merodeando por la ermita de la Virgen de la Peña, la cual adoran los vecinos de este pequeño pueblo de la comarca del Andévalo y los vecinos cercanos de Portugal. Con el treparriscos no hubo suerte, pero el rato de charla con unos portugueses… no nos lo quita nadie. Además, fue la primera vez que vimos un águila imperial ibérica y nos pasó muy cerca. Tras unas 4 horas pasando frío a la espera del pequeño pajarillo, pusimos rumbo a Tharsis, a ver una mina a cielo abierto y a la frontera con el país vecino, donde disfrutamos de un crómlech precioso: el de Pasada del Abad, en Rosal de la Frontera. Todo esto camino de Cortegana, en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, donde dormimos. 
La mañana del 7 de enero, con -1 °C, desayunamos siguiendo lo que nos inculcó Jorge y tomamos café en Castaño del Robledo, donde comenzamos nuestra caminata hacia el Cerro del Castaño, de 960 m de altitud, bajo una niebla casi nevadora que duró todo el día. Vimos el precioso pico picapinos y dos trepadores azules, rodeados de hojarasca, castaños, robles, encinas, alcornoques enormes, pinos… y mucho pajarillo, como mirlos, pinzones, carboneros, mosquiteros, currucas… no estaba el día para ver rapaces. 
El comienzo de año no ha estado mal en este sentido. En avistamientos de aves, este pasado año leímos varias anillas de flamencos y anotamos un ejemplar de 35 años que se anilló en la laguna de Fuente de Piedra, Málaga. También vimos espátulas de 6 años anilladas en Holanda, un flamenco anillado en el Delta del Ebro y, el año anterior, algún ejemplar de espátula con 19 años cumplidos. Lo más sorprendente fue divisar en Bahía Sur, San Fernando, a una chorlitejo patinegro hembra anillada, que resultó tener 33 años. No sé si habrá habido algún error, pero me parece (sin ser conocedor del tema) que son muchos años. El error lo veo por mi parte, porque unas semanas más tarde, mi compañero Blas, del proyecto Salvemos al Chorlitejo Patinegro, de Agadén, fotografió una hembra con las anillas en la misma disposición de la que yo vi, solo que la que yo apunté como amarilla, en su fotografía se ve de un color verde limón… igual me equivoqué y no era amarilla… es mucha casualidad y me siguen pareciendo muchos esos 33 años de longevidad. 
No nos cansaremos de repetir que no somos dueños de nuestras emociones, para seguir parafraseando a Robe, y que siempre buscamos en la naturaleza lo que de verdad se necesita para vivir… por ello hay que seguir dejando la ventana sin cerrar y la puerta abierta, y añadir que el día 25 de diciembre ascendimos por enésima vez al pico del Aljibe, encharcado, y donde se empezaron a despegar las suelas de unas Bestard que ya tienen 22 años (reparadas una vez) y que han vuelto a salir hacia Granada para ser reparadas por segunda vez. Lo importante está ahí fuera, no en un catálogo de novedades. Disfruta el tiempo, la vida, y estira los materiales tanto como puedas, que el suelo se mueve… en serio… se mueve… y te desequilibra. 
Aquí se admiten peticiones… y antes de terminar, no queremos dejar de mandar nuestras condolencias a esas familias que tanto han perdido en ese trágico accidente ferroviario en la población de Adamuz.
Ermita de la Virgen de la Peña, en busca del treparriscos.

Mina de Tharsis.

Cromlech de la Pasada del Abad.

Anochece en Cortegana con temperaturas muy bajas y todo despejado el 6 de enero.

Amaneció a -1 °C. Ponemos rumbo a Castaño del Robledo.

VG Castaño, el más alto de Huelva (segunda ascensión).

VG Castaño. Un robledal inmenso y denso.

Escuchando trepadores azules.

Observando al pico picapinos.

Castaños. La Sony Alpha 7 de Isabel es una pasada y nunca la lleva.

La foresta no te la acabas.

Luego de saludar a este, vimos en Huelva el homenaje a Platero... ya en piedra.

Un camino espectacular, entre Castaño del Robledo y Alájar. 

Alcornoques enormes.

¡Qué buen rato en ese bar hablando de flamenco!

El muelle de carga de Huelva, en el río Odiel, frente a las marismas. Hoy, paseo peatonal.

El Barrio Inglés de la capital onubense. Poco vamos por Huelva para lo bella que es.

El museo arqueológico de Huelva.

Dolmen de Soto, en Trigueros, donde comimos de maravilla.

Los cafelitos de montaña camino del Tunio.

Los llanos de Líbar el día 1 de enero.

El rescate de las salamandras.

Lindes de piedra seca en la zona alta de la Sierra Blanquilla.

Las comidas serranas... ya sin pan, gracias a Jorge.

Y subí con mi hermano y mis sobrinos a Simancón y Reloj.

Aprendiendo geología gracias a Geocaching, en el Aljibe. 25 de diciembre.

Unos vemos vida, otros más insensatos ven abandono.

Un singular quejigo en el Aljibe.