martes, 20 de enero de 2026

El treparriscos, el Tunio y el Cerro del Castaño.

2025, un año pésimo que fue trágico en lo musical, y a falta de dos días para terminar, el día 29, un alud en Panticosa se llevó por delante la vida de tres personas, siendo uno de ellos un montañero de referencia en todo Pirineos, y no sólo en esta cordillera, ya que sus consejos sobre seguridad y sobre todo en alimentación, transcendían tanto en redes sociales como en su blog personal, el cual seguimos desde hace años. D.E.P. Jorge García-Dihinx, ese médico que cambió nuestra visión sobre el colesterol y a quien teníamos tan presente en casa como a un miembro de la familia. Llevamos tiempo siguiendo sus consejos sobre como optimizar la energía que tenemos en nuestro cuerpo quemando grasas y no azúcares. No olvidaremos nunca a Jorge, porque caló hondo en nuestras vidas. 
Comenzó 2026, y el mismo día 1 a las 8:40, dábamos los primeros pasos en el Puerto de las Viñas, en Villaluenga del Rosario, con la intención de ascender al Tunio, al cual no llegamos porque la cota de nubes estaba más baja que su cumbre, y no se veía nada. Esta salida nos sirvió para volver a rescatar 3 salamandras de una de las arquetas del Pilar del Saucillo; también había dos muertas en el fondo. Una pena. Recogimos una bolsa (pesaba) de plásticos y latas repartidas por el mismo corazón de la Sierra de Grazalema. No es de recibo a estas alturas… hay que ser sobre todo ecologista… y se demuestra muy poco. 
El día 6, de Reyes Magos… (o mejor, de Reinas Magas, que ya está bien de tanta testosterona para todo), salimos temprano también, camino de Puebla de Guzmán, Huelva, para intentar ver un pequeño treparriscos que lleva unas semanas merodeando la ermita de la Virgen de la Peña, la cual adoran los vecinos de este pequeño pueblo de la comarca del Andévalo y vecinos cercanos de Portugal. Con el treparriscos no hubo suerte, pero el rato de charla con unos portugueses… no nos lo quita nadie, además, fue la primera vez que vimos un águila imperial ibérica, y nos pasó muy cerca. Tras unas 4 horas pasando frío a la espera del pequeño pajarillo, pusimos rumbo a Tharsis, a ver una mina a cielo abierto, y a la frontera con el país vecino, donde disfrutamos un crómlech precioso, el de Pasada del Abad, en Rosal de la Frontera. Todo esto camino de Cortegana, en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, donde dormimos. 
La mañana del 7 de enero, con -1ºC, desayunamos siguiendo lo que nos inculcó Jorge, y tomamos café en Castaño del Robledo, donde comenzamos nuestra caminata hacia el Cerro del Castaño, de 960m de altitud y cuasi nevando todo el día. Vimos el precioso pico picapinos y dos trepadores azules, rodeados de hojarasca, castaños, robles, encinas, alcornoques enormes, pinos… y mucho pajarillo, como mirlos, pinzones, carboneros, mosquiteros, currucas… no estaba el día para ver rapaces. 
El comienzo de año no ha estado mal en este sentido. En avistamientos de aves, este pasado año leímos varias anillas de flamencos, anotando un ejemplar que tiene 35 años y se anilló en la laguna de Fuente de Piedra, Málaga. También vimos espátulas de 6 años anilladas en Holanda, un flamenco anillado en el Delta del Ebro, y el año anterior algún ejemplar de espátula con 19 años cumplidos. Lo más sorprendente fue divisar en Bahía Sur, San Fernando, un chorlitejo patinegro hembra anillado, que resultó tener 33 años. No se si habrá habido algún error, pero me parece (sin ser conocedor de este tema) que son muchos años. El error lo veo por mi parte, porque unas semanas más tarde, mi compañero Blas, del proyecto Salvemos al Chorlitejo Patinegro, de Agadén, fotografió una hembra con las anillas en la misma disposición de la que yo vi, solo que la que yo apunté como amarilla, en su fotografía se ve de un color verde limón… igual me equivoqué y no era amarilla… es mucha casualidad y me siguen pareciendo muchos esos 33 años de longevidad. 
No nos cansaremos de repetir que no somos dueños de nuestras emociones, para seguir parafraseando a Robe, y que siempre buscamos en la naturaleza lo que de verdad se necesita para vivir… por ello hay que seguir dejando la ventana sin cerrar y la puerta abierta, y añadir que el día 25 de diciembre ascendimos por enésima vez al pico del Aljibe, encharcado, y donde se empezaron a despegar las suelas de unas Bestard que ya tienen 22 años (reparadas una vez) y que han vuelto a salir hacia Granada para ser reparadas por segunda vez. Lo importante está ahí fuera, no en un catálogo de novedades. Disfruta el tiempo, la vida, y estira los materiales tanto como puedas, que el suelo se mueve… en serio… se mueve… y te desequilibra. 
Aquí se admiten peticiones… y antes de terminar, no queremos dejar de mandar nuestras condolencias a esas familias que tanto han perdido en ese trágico accidente ferroviario en la población de Adamuz.
Ermita de la Virgen de la Peña, buscando al treparriscos.

Mina de Tharsis.

Cromlech de la Pasada del Abad.

Anochece en Cortegana con temperaturas muy bajas y todo despejado el 6 de enero.

Amaneció a -1ºC. Ponemos rumbo a Castaño del Robledo.

VG Castaño, el más alto de Huelva (segunda ascensión).

VG Castaño. Un robledal inmenso y denso.

Escuchando trepadores azules.

Observando al pico picapinos.

Castaños. La Sony Alpha 7 de Isabel es una pasada, y nunca la lleva.

La foresta no te la acabas.

Luego de saludar a este, vimos en Huelva el homenaje a Platero... ya en piedra.

Un camino espectacular, entre Castaño del Robledo y Alájar. 

Alcornoques enormes.

¡Qué buen rato en ese bar hablando de flamenco!

El muelle de carga de Huelva, en el río Odiel, frente a las marismas. Hoy, paseo peatonal.

El Barrio Inglés de la capital onubense. Poco vamos por Huelva para lo bella que es.

El museo arqueológico de Huelva.

Dolmen de Soto, en Trigueros, donde comimos de maravilla.

Los cafelitos de montaña camino del Tunio.

Los llanos de Líbar el día 1 de enero.

El rescate de las salamandras.

Lindes de piedra seca por la zona alta de Sierra Blanquilla.

Las comidas serranas... ya sin pan, gracias a Jorge.

Y subí con mi hermano y mis sobrinos a Simancón y Reloj.

Aprendiendo geología gracias a Geocaching, en el Aljibe. 25 de diciembre.

Unos vemos vida, otros más insensatos ven abandono.

Un singular quejigo en el Aljibe.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Ni la Garganta Verde, ni los Llanos del Rabel (del Revés).

No era ni siquiera diciembre, si no noviembre, cuando un día de diario, pues en fin de semana es complicado, que nos atrevimos a disfrutar de la compleja geología de la Garganta Verde, para la cual hay que solicitar autorización al Parque. Intenté pedir otra autorización para Llanos del Rabel, y no podía… claro, ya tenía una para ese día… así que lo hicimos con otro nombre… y con ambos permisos en el bolsillo, nos fuimos al Puerto de las Palomas, en pleno corazón del Parque Natural Sierra de Grazalema.

Se habían medido unos 300 litros en la semana previa a nuestro atrevimiento,  pero eso no significó nada.

Empiezo a describir esta osadía y no se me van los recuerdos de Robe de mi maldita cabeza. Robe ha sido, no una parte de nuestras vidas, si no un todo. El amor por Robe queda reflejado en muchas de nuestras pasiones, y muchas han sido las veces que en este rincón etéreo nos hemos atrevido a entrelazar nuestras toscas letras erráticas con la poesía de alguien que para nosotros ha significado tanto… tanto, tanto… tanto, tanto, tanto.

No tengo ganas de hablar, ni de la Garganta Verde, ni de los Llanos del Rabel. Sólo tengo en mi corazón espacio para el amor… para el amor hacia nuestro querido Robe; una persona realmente incomparable, irrepetible, necesaria, transgresora, valiente, inteligente… el mundo no hubiera sido el mundo si no hubiese existido Roberto Iniesta, extremeño de Plasencia, de donde vino la ciencia, según acuña Marea, de la voz de Kutxi Romero. Hago una parada en la escritura y miro por la ventana… veo un avión roquero… un pájaro… Robe siempre mostró pasión por los pájaros y lo reflejaba tanto en sus letras como en sus portadas… las de sus discos. Quizá esta afición tardía a la observación de aves, sea el arbolito de aquella semilla que sembró Robe desde un principio en nuestros corazones, que como una regadera hizo que la hierba brotara… aunque tardase en crecer… nunca fue tarde… ama, ama, ama y ensancha el alma… ama las aves… la montaña… las personas que te hacen sentir bien… a las otras, ódialas o ignóralas… mejor lo segundo… no seas como ellos.

Podría estar escribiendo sobre Robe hasta que comience la migración prenupcial y el deshielo… pero es 12 de diciembre y no queremos alargar tanto este duelo. Duelo que comienza el 9 de diciembre de 2025 con la muerte de Jorge Martínez… recuerdo a mi difunto padre cantando a grito pelao: Soy un macarra, soy un hortera, voy a toda ostia por la carretera… mi padre tendría ahora 79 años, y estoy completamente seguro que hubiese escuchado Mayéutica más veces que yo… que ya es difícil. Nos iremos de este mundo y nos perderemos muchas cosas… pero hemos tenido la fortuna de vivir contemporáneamente a Robe.

Y no os vais a creer lo que nos pasó esa mañana… vimos un pájaro negro de pico anaranjado, y nos despertó con su canto… nos habíamos levantado sin ganas… pero dejamos el coche en el aparcadero habilitado en la entrada de la vereda de la puerta que baja a la Garganta Verde, y empezaron a cantar los pajarillos… las currucas cabecinegras, los petirrojos europeos, los colirrojos tizones, los carboneros comunes… rodeados de pino, de matorral mediterráneo y de algún espontáneo Abies pinsapo que desafía la ladera soleada. Pasamos junto a paredes desplomadas de tinte anaranjado, donde los aviones roqueros desafían al viento y a nosotros mismos, y poco a poco los buitres leonados van despertando de su inactividad mañanera, adornando el cielo y buscando una Luna.

El cauce estaba sorprendentemente seco, y llegamos, barranqueando, hasta la conocida como Cueva de la Ermita, que se trata de una gigantesca bóveda caliza impresionante, que empequeñece al más valiente de los mortales. 

Julio amaba las pastillas, rojas, verdes y amarillas, lo encontraron frío dentro la farmacia (Ilegales)… y para no perecer en este maravilloso enclave sombrío, inhóspito como pocos, tomamos un té y volvimos hacia el aparcamiento, ascendiendo un montón de metros de desnivel… los que acabábamos de descender. Vimos alguna chova piquirroja, que además, nos deleitó con su voz, y los buitres leonados comenzaban a volar, como esa nube, que sube si viene un viento que la ayude.

No conformes con la Garganta Verde, subimos al coche para acercamos a la entrada del camino que llega a los Llanos del Rabel (del Revés), y al mirar al espejo, vi que había un tipo que me miraba con cara de conejo… como buen macarra y bastante hortera, fui a toda ostia por la carretera.

Nunca habíamos estado en estos llanos, a los cuales se llega por una pista ancha que rodea al cerro de los Ballesteros hasta cruzar el arroyo del Pinar. El sendero de los pinsapos lo dejamos para otro día, y es lo más interesante… pero era hora de comer cuando arribamos a la fuente, donde hay unos bancos que utilizamos de mesa con tranquilidad y alevosía… hasta que llegó un zorro. No nos gusta alimentar animales salvajes… intenté echarlo, pero sus ganas de llevarse algo a la boca delante de la cámara fotográfica que usaba Isabel sin parar de reír, consiguió clavarle los dientes a la fiambrera de silicona, donde hasta hacía un rato había queso extremeño (es zorro, no idiota, como la mayoría de la gente)… huyó mirando hacia atrás… 500 años durará esa cosa verde en aquel bosque de pinsapos… pero, ¿y lo bien que se lo pasó el zorro? La próxima vez, le daré algo de comer… total, no vamos a cambiar este maldito mundo. Ni siquiera haberle gritado: ¡Oye, tú, no te acerques demasiado, busco pelea y estás a mi lado!… sirvió para algo.

Dos pequeñas caminatas en un mismo entorno protegido y en el mismo día, como dos muertes de dos grandes artistas casi en el mismo día. Echaremos de menos esa arrogante sabiduría de Jorge, esa templanza, esa falta de miedo y ese saber ir hacia la muerte con elegancia, al igual que esa sensibilidad demostrada tras aquellos maravillosos años de macarra de barrio y de locales de ensayos, esa manera de poner música transgresora a bellas poesías idealizadas… que como nadie hizo Robe… y mirando bien de frente ese último disco, donde dice que se lo lleva el aire… que necesita que vengas y lo abraces… igual sería que el maestro ya sabía algo.

Descansen en paz y para siempre, y que su música nos siga acompañando hasta que estemos agotados de esperar el fin… el fin de esta puta humanidad... y para ello, dejamos la ventana sin cerrar y la puerta abierta... por si decidiera regresar.


Así de ancha es la parte superior de la garganta.

Arriba están los posaderos de buitres, nidos de aviones y de chovas.

Si te vas, me quedo en esta calle sin salida.

Hay carteleria que ruega silencio, por nidificación.

Existen tramos muy urbanizados.

Y otros donde los buitres a nuestro paso, permanecen posados.

Parece un salto de una pared a otra.

Yo soy quien espía los juegos de los niños.

No me importa que me claves como un Cristo en la pared.

Y bajamos al cauce del río, y no nos faltó de comer.

En la Cueva de la Ermita.

Hacía unos 20 años, y no sabía ni cuantas noches llevaba sin dormir.

Y aquella vez, continué por ahí... pero hoy, media vuelta.

Saborear, si tu me das, todo tiene sentido.

Pillamos el primer rayo que entró a la garganta. Tampoco es que me importe.

Helado en el parque, sueño con el vestido rosa que llevabas al caer.

Una estupenda pared de la que colgarse.

Nos vamos despidiendo de la garganta Verde.

Recordando que un buitre no come alpiste.


Quejigos, camino de los llanos del Rabel.

Viviendo a la orilla de un río, pensando en sus amoríos, hay un sauce llorón que canta.

Me deshojaría por ti, aunque no quieras venir, que yo no entiendo de distancias.

Tú, tratando de entender ¿Qué he venido a buscar?

Perdí el gobierno de mis propios actos.