viernes, 30 de agosto de 2019

Kilimanjaro. El sueño tanzano. Capítulo II. Machame Camp – Shira Camp (3850m).


-Moorland, el páramo de la montaña africana.

Amanece en Machame Camp y hace frío. Charles nos trae una palangana con agua caliente. Ayer trajo 2 y le dijimos que con una es suficiente para ambos; hay que ahorrar agua. En los campos no hay y los porteadores bajan al río, que no está precisamente cerca, y la suben sobre sus cabezas en cubos de 25 litros que llenan hasta el borde. Parece increíble salir con el torso desnudo a casi 3000 m de altitud y darte un lavado del gato con agua caliente y jabón. El cuerpo se seca solo… no hace falta ni llevar toalla. Charles… hiciste un trabajo excepcional con nosotros.
Desayunamos fruta, café, tortilla, crepés, tostada, salchichas; llenamos las vejigas de agua, nos preparamos y salimos a caminar… es temprano… muchas expediciones todavía continúan en sus tiendas, pues la etapa es corta y tenemos todo el día por delante.
Los porteadores se encargan de recogerlo todo y luego te adelantan por el camino… con un peso brutal sobre sus espaldas y sus cabezas. En nuestro equipo hay dos mujeres, Lightness y Jenipha, que triplican la carga que llevo.
El brezo (Erica, como se le llama en suajili) tapiza todo este entorno. Nos resulta increíble caminar a mayor altitud que la montaña andaluza en la que dormimos recientemente para aclimatar, que es un verdadero desierto, y contemplar vegetación de más de tres metros de altura a tu alrededor. La fauna también es bastante variada.
En la etapa de ayer, el bosque tropical estuvo presente casi todo el día y es una zona donde se puede ver algún primate y, sobre todo, aves, como el papamoscas azul africano, que es precioso, y algún cuervo oportunista de cuello blanco, que se comía nuestras palomitas.
Cada minuto que pasa es emocionante, pues las vistas se amplían y el mineral volcánico se vuelve cada vez más visible. Esta zona de vegetación ha sufrido una considerable regresión, principalmente por los incendios.

-Shira Camp.

La llegada al campo donde pasaríamos la segunda noche es temprano: es mediodía. Tomamos asiento y damos un breve paseo hasta Shira Cave. Las vistas del volcán Shira son estupendas. Un mar de nubes perdura casi toda la jornada… pero a la noche pudimos ver las luces de Moshi.
El campo es un vertedero, literalmente. La mayoría de las personas que pasan allí la jornada no perciben el cuidado necesario para mantener el entorno natural lo suficientemente protegido como para que apenas se note nuestra presencia. Esto es un detalle bastante negativo para un paraje tan delicado como la alta montaña africana, y a ello hay que añadir el tema de las letrinas. En este campo II hay varias… no las enumeramos, y suelen estar bastante llenas, no sólo de excrementos… ahí va a parar todo… hasta garrafas de agua vimos en el interior de alguna. El hedor es insoportable; de hecho, muchas ni siquiera las utilizamos… es un reto insuperable, y no vamos a arreglar nada por no hacerlo en el campo.
Hay docenas de cuervos, palomas y algún ratón espabilado, de cuyas maniobras alimenticias disfrutamos durante largo rato. Saludamos a nuestros amigos catalanes (padre y dos hijos) y a nuestras amigas catalanas (Paula y Cristina). También nos alegramos de ver de nuevo a dos chicos franceses muy agradables, con quienes coincidimos en ruta.
El hecho de que esta jornada fuese corta resultó bastante beneficioso, pues los efectos del incidente en la cabina del avión parecen haber quedado olvidados. Lo que no se olvida es el incidente de la cámara de fotos: anoche apareció encendida sobre la una y media, y la batería se ha agotado casi por completo… sin posibilidad de recarga. Este viaje parece estar lleno de sorpresas.

-La comida de altura.

Nuestro cocinero, Omary, es una persona muy alegre y eso se nota en la calidad de la comida. A la hora de la cena, por ejemplo, nos metemos en la tienda y nuestro asistente, Charles, nos va acercando los platos: ensaladas, arroz, carne, crema, verdura… todo junto. La cena de este día fue excesivamente copiosa y exquisita. No queremos devolver comida… y, la verdad, por la noche no pegamos ojo. También contribuyen a ello los efectos de la altitud… Nunca hemos dormido a 3850 m.
Dos días antes de volar, habíamos estado disfrutando del directo de Raimundo Amador, que se mantiene en plena forma a sus 60 años… es una delicia verle tocar sus viejas composiciones de fusión pionera entre flamenco y blues… dos géneros que tanto nos atraen, mezclados con maestría con el estilo de este ilustre sevillano. De hecho, los guías escucharon en alguna ocasión canturrear aquello de: “Un potaje de habichuelas y una barra de pan, la cuchara en una mano, y la otra…” Pata negra sonando a 4000 m de altitud.
Al atardecer, las vistas de la cumbre del Kilimanjaro por un lado y del monte Meru por el otro llenan nuestro cerebro de momentos inolvidables, y no paramos de acordarnos de Fernán (Zaballa), del blog Gorbeaamets-ortzadar, pues nos conocimos en persona cuando terminaba su Transiberikanzehar a su paso por Tarifa y, casualmente, estaba haciendo la ascensión al Kilimanjaro, pero con dos etapas por delante de nosotros. 
Esta noche, su grupo atacaría la cima de Uhuru, mientras nosotros aprovechábamos la pluma y la lana merino para descansar. Mañana sabremos si de verdad estamos completamente preparados o si habrá que empezar a disfrutar de la bajada. Es una montaña muy alta… too high to explain.


Deslumbrados por el halo que desprende el Kilimanjaro.

Flores, a más de 3000 m

Ya debemos estar a unos 3200 m y sigue habiendo bastante vegetación. El Meru está en erupción.

Una jornada bastante deliciosa.


Con Wilfred, nuestro guía, entre brezos, a más de 3000 m.

El mar de nubes es diario.

Los porteadores hacen un trabajo increíble.


Letrinas en una zona intermedia. A unos 3400 m, o algo más.

En Shira Cave, a 3750 m. Wilfred, Nico, and Kelvin.


Qué cerca se ve y qué lejos nos quedó.

Bajo esas nubes, Moshi.

Las enormes tiendas comedor de algunas empresas.

Se alargan las sombras… y la sonrisa.



Como si de una isla se tratase, alcanza los 4600 m.


El sol se oculta a las 18:30 tras Shira Peak. Otro volcán.


lunes, 26 de agosto de 2019

Kilimanjaro. El sueño tanzano. Capítulo I. Un largo viaje para acariciar el techo africano.


-La ciudad de las culturas.
Despegamos desde el pequeño aeropuerto malagueño para aterrizar en el flamante aeropuerto internacional de Estambul. Una obra de ingeniería de dimensiones bíblicas, no por menos, se trata del ombligo del mundo… la ciudad que une dos continentes, varias culturas y donde convergen en sintonía las religiones más importantes del ser humano… aunque todas son importantes.
Este nuevo aeropuerto absorbe la friolera de 2000 vuelos al día. Supera en 500 vuelos al de Atatürk, considerado el quinto más importante del mundo. Volamos con Turkish Airlines, la primera compañía aérea del mundo por número de destinos.
Estambul es la ciudad que tienes que visitar al menos una vez en la vida. Llevaba años soñando con ver las aguas del Bósforo… y por fin… aunque muy decepcionado por la cantidad de basura que hay en sus orillas, pues el ser humano no tiene remedio, hemos podido escuchar las llamadas a oración de los muecines, que acarician el aire a cada momento, ya que en esta región hay más de 3000 mezquitas. Es una ciudad asombrosa, llena de colores, olores, gentes… y agua… su. Su, es un disco de Mercan Dede, de 2004, recuerdo que fue número uno en las listas europeas… por aquellos años, Ramón Trecet fue quien me dio a conocer este trabajo, y junto a otros de Omar Faruk Tekbilek, llenaban las horas de mi vida… en este viaje he dado sentido a cosas que escuchaba hace 15 años, y ahora comprendo más esta maravillosa música, y la relación que tiene el islam con el flamenco… la música tradicional de mi tierra.
El paso por la ciudad de los dos continentes ha llenado de vida y fuerza nuestro espíritu… hemos vuelto más islamistas. 

- El extraño incidente en la cabina del avión.
Serían las 00:30, hora de Estambul, y nuestro avión viajaba a casi 11.000 metros… recuerdo que me levanté con mareo… el pasaje duerme… voy por el pasillo hacia la parte trasera de la cabina, abro los ojos y alguien me pregunta si estoy bien, a lo que contesto que si… no sé qué ha pasado… vuelvo a abrir los ojos, y dos miembros del personal de cabina me sujetaban las piernas en alto, mientras yo estaba echado en el suelo, mareado, y con un dolor en la sien, que permaneció unos días… había golpeado de cabeza contra algo, o alguien… no lo sabré nunca. Perdí el conocimiento por una lipotimia, sin causa ni motivo aparente. Tantos meses de preparación, un largo viaje y todo parecía dar al traste en aquel estrecho pasillo. Aterrizamos en el aeropuerto internacional del Kilimanjaro, sobre las cinco de la mañana. Todavía mareados, arreglamos la visa, nos toman las huellas dactilares y nos emiten el documento provisional de inmigración, válido por 3 meses. 
Nos llevan en coche al hotel… ciclistas sin luz, a los cuales adelantamos a apenas centímetros, motos que vienen de frente y que se tienen que apartar ante los adelantamientos de nuestro conductor, niños de unos 7 años caminando solos hacia el colegio cuando todavía no ha amanecido, personas corriendo por el arcén, no con afán deportivo, si no para acudir a su faena diaria… el viaje dura una hora, pero conlleva emociones para una semana… llegamos al hotel, desayunamos… la fatiga y el mareo no se me pasa… adiós, Kilimanjaro… he llegado a tus pies, y por algún extraño motivo, mi cuerpo no me permite saborear tus laderas, barrancos, torres y glaciares. 

- La entrada por la puerta de Machame.

A 1800 m de altitud, a los que llegamos en un autobús que nos recogió en el mismo hotel y que conducía un joven tanzano con muchísima prisa. Da igual que vengan de frente motos, bicis… se tienen que apartar… o un rebaño entero de ovejas… que estuvo a punto de salir volando.
Nos preparamos, firmamos, comemos… y los porteadores pasan por la báscula. El máximo permitido por las autoridades es de 20 kilos por cabeza (o por espalda). Acostumbrados a ir solos a la montaña, nos resulta extraño comenzar a caminar acompañados de 12 personas: 9 porteadores, un cocinero magnífico y dos guías… uno para cada uno de nosotros.
El bosque de montaña es espectacular y nos quedan por delante 5 horas hasta Machame Camp
El camino está totalmente urbanizado y es muy cómodo… no hay pérdida alguna, pues no existe otra posibilidad. Helechos de unos 4 o 5 metros de altura y otras especies arbóreas realmente impresionantes en porte y espesura. Hemos pasado de los 2500 m de altitud y el bosque no ha disminuido de tamaño. Esto es increíble. 
Al llegar, ya teníamos la tienda montada y nuestro equipaje dentro. Estamos en Machame Camp, a 2835 m de altitud. El cuerpo responde bastante mejor que ayer, tras aquella pesadilla a 10585 m de altitud, pero hay algo en mi interior que me dice que no lo conseguiré. El páramo del Kilimanjaro nos sorprende por su hermosura… sólo por eso, ya ha merecido la pena llegar hasta aquí. No podemos considerarlo un fracaso, de ninguna manera.
Descansamos esta noche en nuestros mullidos sacos, porteados con cariño por Kelvin, con las cremalleras abiertas… es invierno en Tanzania, pero estamos muy cerca del ecuador… aspecto que nos tiene totalmente desconcertados y desorientados… no sabemos el rumbo hacia Andalucía… tener el sol tan alto resulta un poco extraño. Las luces del atardecer, rodeadas de brezos de 5 metros de altura, son mágicas. Mañana será otro día… Esperemos que el cuerpo se haya recuperado del todo… Esto es exigente.


Aeropuerto.

Mezquita Azul.

Tumba del sultán Ahmet.

Interior de la Mezquita Azul.

Mezquita de Sofía.


Puente de Gálata. Navegando por el Golden Horn. Bósforo.


Taller de coches en Moshi. Tanzania.

Bosque del Kilimanjaro a más de 2200 m de altitud.

Nico acompañando a Isabel.



Machame Camp. Lugar donde pasamos la noche al salir del bosque.

Va cayendo el sol a las seis de la tarde.

Páramo del Kilimanjaro. A casi 3000 m de altitud, los brezos superan los 5 m de altura.

Cae la luz sobre el monte Meru, de 4600 m de altitud, que asoma por encima de las nubes.

Y por fin vemos la cima del Kilimanjaro y sus nieves perpetuas.

viernes, 2 de agosto de 2019

6 mágicas noches de estío, 6.

Quizá una de las experiencias más placenteras de esta vida sea dormir… y tan necesario para el humor es tener un buen sueño placentero… como paladear la buena música.
Titus Andrónicus es una obra, una tragedia que narra la vida de un general romano, escrita por William Shakespeare. La literatura no es lo nuestro… Preferimos la música…
Titus Andrónicus es una banda estadounidense de punk/rock (esto es otra cosa), formada en 2005 y posiblemente inspirada (en su nombre) en la obra del literato inglés, a juzgar por el título de uno de sus álbumes de 2015: The Most Lamentable Tragedy. Muy recomendable. Tan recomendable como cargar los bártulos y caminar hacia una cumbre rocosa con suficiente espacio para encajar dos espaldas.

Ocaso en la Sierra del Caíllo. 1 de junio.

VG Navazo Alto. Amanece el 2 de junio.

Empapados de colores y soportando un viento de unos 90 km/h.

A pocos minutos del ocaso, por la meseta de Quejigales. 14 de junio.

Cerro Alto al ocaso. 14 de junio.

Torrecilla a las 23:00. 14 de junio.
El cono de sombra de Torrecilla al amanecer. 15 de junio.
Derby Motoreta’s Burrito Kachimba y Rocío Márquez. Monkey Weekend. 15 de junio.
Ocaso en la Sierra del Endrinal. 1400m de altitud. 21 de junio.

Al agotarse el gas, recurrimos a la energía solar para cenar el 21 de junio.

Así vemos la Sierra del Pinar con normalidad. 21 de junio.

Poco nos ha durado la cruz del Simancón. 22 de junio.
Ocaso en el techo ibérico. 3482m. 13 de julio.

Soportando vientos de más de 80 km/h durante toda la noche. 

No poner rejas al monte. 13 de julio.
Espejismos. Veleta. 29 de julio.

Cenando el 29 de julio a 3396 m.

Ocaso desde el Veleta. 29 de julio.
Amanece en el Veleta. 30 de julio.

Cono de sombra del Pico Veleta. 30 de julio.

Volvemos a subir tras haber bajado a Hoya de la Mora para repostar. 30 de julio.

Ocaso desde Carigüela del Veleta. 30 de julio.

Amanece desde La Carigüela. 31 de julio.

Loma de Dílar. 31 de julio.

Colaborando con la montaña. Obligación de TODOS. 31 de julio.