martes, 22 de marzo de 2022

La Peña (448m). Sierra de Enmedio.

Y mira que hemos pasado… y muchas veces… por la vera de esta bella y pequeña sierra que casi termina donde mismo Europa, compitiendo, por así decirlo, junto a la Sierra del Cabrito, por ostentar el galardón de ser la más meridional del continente… y que tiene una hermosa perspectiva si la disfrutas desde la cúspide del cercano Órganos.

Se puede dejar el coche en el Punto de Información del P. N. del Estrecho, en la misma N-340. Tenemos incluso unos contenedores cerca para depositar la basura que encontremos por el camino. Hay que colaborar y recoger la basura. Nos guste o no.

Primero pasaremos por un mirador muy interesante, y luego, bajo una antena… el tramo de pista que se nos abre a la diestra es lo suficientemente largo como para que los buenos pensamientos afloren… lo dice Juanjo Garbizu: Cuesta arriba se piensa mejor… y, como no tendremos que dedicar nuestra atención a esquivar obstáculos impertinentes, como diría Rosendo… pues mucho mejor.

Hay caminos, incluso señalizados, oficiales u oficiosos, y, sobre todo, muy transitados… no se pierden en ningún momento. Un tramo de la pista es bastante bueno para la bicicleta y va por la vertiente por la que escurren las aguas hacia el sur, por encima de la Vereda de los Boquetes, que alguna que otra vez recorrimos en bici. Describimos un recorrido circular, muy alargado si lo dibujamos sobre un plano, y en sentido opuesto al de las manillas de un reloj.

Existe un alcornocal pequeñito y muy acogedor en estas laderas, y por su sombra ascenderemos un rato, hasta empezar a ver aspas de molino asomar sin timidez y con bastante arrogancia por encima de las hermosas crestas de la Sierra de Enmedio, totalmente urbanizada, mancillada y domada para el uso y disfrute de los que necesitamos enchufar la vitro y el ordeñador. 

Desde el Vértice La Peña, al cual se accede jabalineando un poco, parafraseando al amigo de Bextí, se tiene una perspectiva envidiable del litoral… casi a vista de buitre, como los que solemos ver por estos lares, arriesgando su vida entre pala y pala… pues esos generadores se mueven a velocidades de MotoGP, si no, cuenta y multiplica.

Desde la cúspide, toca desbrozar un poco más hasta conectar con el camino de bajada y, al poco, ya vemos el techo del coche aparcado junto a la carretera, y seguimos caminando entre pinos y algún alcornoque.

Volvimos a sacar una panorámica para conectar las distintas cumbres de estas sierras sureñas, salpicadas de construcciones, tecnología, ensenadas, monte, gargantas y ganado.

También nos vamos a encontrar en la bajada, una especie de santuario budista, en un abrigo rupestre natural. Se está convirtiendo en un basurero, ya que todo el que sube ahí lo hace con intenciones de ofrenda, cuando, realmente, ningún Dios va a necesitar nada terrenal, nada consumista, como gafas de sol, mecheros, bolígrafos, velas, pulseras, muñecos, collares, llaveros, espejos, cajas, papeles, lapiceros, cucharas, cuencos, ropa, banderas, relojes averiados… un sinfín de basura que debería estar, al menos, en algún punto limpio, y no es por ser impío. 

Reza, canta, baila frente a tu Dios… pero no le ofrezcas basura que no va a necesitar.

“Hay un camino para sentirte al lado; es aquí donde empieza y es aquí adonde va. Es por aquí: sigue las huellas”. Club del Río.























jueves, 3 de marzo de 2022

Bohoyo, posiblemente, la garganta más hermosa del mundo. Paseo virtual por Sierra de Gredos.

Y, próximos al puente de Andalucía, mirábamos las predicciones meteorológicas y nada: daban una DANA y nada parecía augurar una salida tranquila y relajante a la montaña. Sí, tiene que llover… pero precisamente en el puente… Temperaturas muy bajas, posibilidad de nieve… las fuerzas se unificaban para impedir nuestro viaje a Gredos… la Sierra de Gredos (volviendo a parafrasear a Unamuno).

Pues entonces… ¿Y si nos preparamos una ruta “virtual” a Gredos, para mantener vivo el blog? Para pasarlo mal, siempre habrá tiempo y así comienza este viaje por internet.

Advertimos: todas las imágenes son de archivo y el texto es sólo fruto de nuestra imaginación. Imagine.

No eran las 8:30 de una fría mañana de domingo cuando arribamos en moto al aparcamiento de la Garganta de Bohoyo, donde encontramos aparcados dos vehículos, uno de matrícula portuguesa. Ambos llevaban toda la noche ahí. El nuestro contribuyó a calentar el entorno… y a contaminar un poco… Cómo no.

Dejar los crampones en el maletero… buena idea… ahorramos peso. Ni las nueve menos cuarto eran cuando comenzamos a caminar. La garganta de Bohoyo es, sencillamente, preciosa… larga, sí, pero preciosa.

Pasamos el primer refugio, La Secá, y al cabo de un rato aparece otro, La Redonda, donde estaban los chavales de Toledo. Conversamos y nos dijeron que los portugueses eran 4 y que pasaron ayer… ¿ves? Tenía razón ayer.

Seguramente harían noche en el Belesar… pero no nos cruzábamos con ellos.

Tomaríamos café en uno de los refugios para almorzar un poco y continuar ascendiendo.

El Lanchón, otro pequeño refugio, un poco más incómodo, pero refugio al fin y al cabo. Desde aquí, una buena distancia debería separarnos del pequeño Belesar. ¿Y si coincidimos con los vecinos? El refugio es pequeño para seis hambrientos y somnolientos montaraces; puede nevar y helar y no llevamos tienda. Habrá que jugársela… Qué fácil es jugar desde el sofá.

Yo diría que por las llambrías de la garganta corre menos agua que hace 2 años y pico… y así alcanzamos ese pequeño y redondo vivac, de puerta tan baja y estrecha que parece un búnker… señorías, aquí se viene con mochila… podrían haber hecho una puerta más ancha.

Ni rastro del grupo portugués.

Las nubes amenazan con tormenta constantemente. Desde el día anterior estábamos en la misma tesitura. Cogeremos agua, daremos un paseo por los alrededores, acomodaremos nuestras pertenencias… y haremos muchas fotos aquí. También encontraríamos mucha basura escondida… esa basura añeja que los seudomontañeros abandonan entre las grietas del granito. Había una cantimplora muy nueva… también un cartucho Primus de 230… pero de un formato muy antiguo… como los Markill cónicos. Lo enroscamos a nuestro fogón… y tiraba millas perfectamente, así que chupamos gas gratis… y reservamos el nuestro. Puse dos velas… pero no eran negras, aunque deberían… también eran gratis. Y 2 monedas de 20 céntimos, una en el refugio y otra en el camino… un pulgarcito capitalista anduvo por estas cuestas.

En aquella reducida estancia, se cenó estupendamente… sólo faltó un buen vino, pero ya veníamos bastante cargados como para lidiar con vidrios. 

La temperatura de confort de nuestros sacos es la misma… sin embargo, uno duerme con mallas térmicas, calcetines y una chaquetilla de plumas, y el otro reposa prácticamente desnudo. Será cuestión de peso corporal, además del relleno.

El sopor se hace dueño de todo… aparece por cada rincón exquisito: “Aunque estoy agotado, iré a buscar lo que me pidas, desde aquella habitación, desde aquel rincón tan exquisito, lanzamos un mensaje para todo el Universo”… es coincidencia con esa letra de Second; Lanzamos ese mensaje, en forma de latas oxidadas… latas que llevaban años escondidas en una oquedad fabricada con piedras de granito… cuarzo, feldespato y mica para esconder nuestras vergüenzas… eso no es de recibo… eso es de Nivel Inexperto: “Debo haber sido hereje en alguna otra vida… No te pierdas el final”. Seguimos con Second.

Aquella bolsa verde… la maldita bolsa verde de la basura, pesaba más de dos kilos. Alguien decía: ¡Deja eso ahí! Y debería haberlo hecho… haberlo dejado en la misma puerta del Belesar. Tele transportémonos a 2502… ¡Cómo están los murcianos hoy!

Las nubes habían bajado hasta nuestros corazones y tuvimos que cerrar la puerta y nos enfundamos para siempre. El sonido del agua nos acompañaría toda la larga y gélida noche… no se escuchó nada más… pero no se cumplirían las predicciones… no hubo lluvia y la DANA parece que se disolvió… antes de tiempo. “He notado una brisa pasajera…” (Robe). 

Una exquisita excursión a lo desconocido, que podía haber sido y no fue… parafraseando aquel dicho montaraz: Quien mucho mira las predicciones meteorológicas, pasa demasiado tiempo en la taberna.

A las seis de la fría mañana, una necesidad imperiosa de expulsar algo del interior, me hace meter los pies desnudos en las malditas botas, y sin pantalones, como un gorrión, salgo del refugio al centro de la oscuridad… me alejo unos metros… hace mucho frío y el pasto está congelado… las pozas tienen un espesor de hielo de un centímetro, y ayer no estaban congeladas… ha helado de lo lindo, y el firmamento aparece totalmente disponible a nuestros ojos… “Noto en el aire un suspiro y todo cambia de sentido” (Robe). ¿Qué hago aquí desnudo de cintura para abajo? No parece muy lógico… ni real.

Otra vez “pal saco”, Paco. Y a las siete, sí… a esa hora nos levantamos… once horas de camastro, duro como un tiesto, pero cálido para derretir la nieve. ¿Pero qué nieve? Digo yo que alguna habrá. Desayunar café a más de 2110 m de altitud es una experiencia enriquecedora… vamos a aromatizar de arábiga este silencio, que se irrumpió con la potencia del EasyFuel, calentando rápido el negro cereal molido. Comimos mejor que en cualquier establecimiento… somos montañeros, no idiotas.

Al poco de abandonar el refugio, titubeamos buscando hitos… algunos parecían pingüinos… el frío se intensificaba… paramos a ponernos toda la ropa y las manoplas. En un curso de seguridad invernal en alta montaña, Pedro nos decía que cuando nos tuviéramos que poner las manoplas, habría llegado el momento de empezar a descender… pero pienso que siempre debe haber alguien que rompa las reglas de la seguridad, si no, no tendría gracia. Se nos abre una brecha a nuestra diestra, donde corre agua… ojo, aquí un día bien nevado y con niebla… la montaña te podría tragar. Al llegar a la Portilla de Cantos Colorados, todo lo cubre el nivoso manto de hace dos días y está bastante duro… ideal para viajar sin crampones. Abandonamos las pesadas mochilas para acercarnos al VG Meapoco, de casi 2400 m.

Hemos alcanzado el cenit… toca descender, pero nos vamos a inventar otro recorrido… buscaremos en el plano la garganta de Navamediana… la imaginación es grande.

Vemos el muro y lo seguimos con comodidad, rumbo al refugio Regajo Largo, rodeando la Plaza de Toros. La nieve ayuda bastante. El día está muy claro y ya hace mucho menos frío… mucho menos. Por querer atajar, nos metimos en una zona bastante vertical… gajes del “atrochador”.

Maese Viento estaba totalmente relajado… llegamos por fin a la garganta de Navamediana, que es bastante abrupta y difícil de seguir y de recorrer. Se hace muy larga y pesada, ya que la mochila no pesaba precisamente menos que ayer, pero espero que sí más que mañana. A la una, paramos a comer algo… no sé… y descansar un poco. Dejamos a lo largo el refugio Quemaculos y nos adentramos en la zona más hermosa de toda esta garganta.

Dijo Antoni Ros-Marbà, compositor, que con la música grabada nos damos cuenta de que falta algo, ya que unos altavoces no pueden reproducir todos los sonidos de una orquesta tocando… falta la tercera dimensión. Lo mismo ocurre en la montaña: si sólo lees, faltan esa dimensión, el frío, el calor, la sed, el cansancio, el dolor, el riesgo, el placer… falta todo eso y más.

Alcanzado el bosque, ya parece que hemos terminado… pero hay más de una hora hasta Navamediana, o dos, pues paramos un par de veces para refrescarnos… ¿Ya ha llegado el verano y no nos hemos percatado? Llegamos reventados, nos quitamos las pesadas mochilas, Isabel se quedó a la espera y yo salí corriendo hacia el aparcamiento de Bohoyo… tres kilos de botas son muchos para correr.

Al llegar al coche, me crucé con los portugueses… los saludé con alegría… ellos no sabían nada de mí, pero nosotros sí sabíamos de ellos. ¿Dónde estuvieron la segunda noche? Suponemos que en el Circo de Gredos.

Moralejas:

No corras con botas semirrígidas.

No creas todo lo que lees.

No difundas bulos; deja eso en manos de los expertos (los medios de comunicación).

Si la meteo no acompaña, acompáñala tú, con vestimenta apropiada, pero no te quedes en casa.

No tires basura en los espacios naturales y recoge algo… no seas marqués.

No escuches tanta música comprimida… ve a un concierto al menos una vez por estación.

Deposita el reggaetón en la papelera.