Este fin de semana, un grupo de amigos, a propuesta de Agustín, decidimos hacer cumbre en la Alcazaba, que es el quinto pico más alto de la Península Ibérica. El viernes salimos Gorka, Paco y yo, pasando por Jerez de la Frontera para recoger a Manolo. Después de unas charlas con Sandra, pusimos rumbo a nuestro objetivo: La Alcazaba. Los cuatro íbamos emocionados porque, para algunos de nosotros, era la primera vez que hacíamos un tres mil en Andalucía.
Nuestra primera parada fue Capileira, donde nos reagrupamos todos con unas “cervecitas”. A las diez y media de la noche emprendimos rumbo al sendero de la Acequia Alta , en dirección al refugio de Poqueira, a unos 8 km. La noche era fría pero agradable; la luna llena nos acompañaba en todo momento, junto al resurgir del agua de la acequia. Caminábamos en silencio, con los frontales puestos, pendientes del estrecho sendero, para disfrutar del ruido del agua en su deshielo. También nos acompañaba la cabra montés.
Cuando llegamos al refugio, eran las dos de la madrugada: una buena cena, unas risas con los compañeros y a dormir. Todos teníamos en mente el día tan especial que nos esperaba dentro de unas horas…
Por la mañana temprano partimos del refugio: a la izquierda, el Veleta con 3.393 m.s.n.m.; a la derecha, el Mulhacén con 3.480 m.s.n.m.; y la Alcazaba con 3.371 m.s.n.m., las tres cumbres más altas de la Sierra Nevada.
| Refugio de Poqueira |
Sierra Nevada es un macizo montañoso de 80 km de longitud que pertenece al sistema Penibético. Se formó durante la era Terciaria con la orogenia alpina.
A finales de la glaciación de Würm, la cordillera quedó aislada, lo que dio lugar a un microclima único en toda Europa. Este hecho ha permitido que en la zona se desarrolle una serie de endemismos.
No es hasta el s. XVIII cuando se le asigna el nombre de Sierra Nevada y en 1986 es declarada “Reserva de la Biosfera” por la Unesco.
El sábado por la mañana salimos del refugio temprano, los rayos de sol, ya iluminaban el Veleta, cogimos por la pista de la izquierda y ascendemos guiados por unos hitos hasta una altura de 3.000 m, donde la vegetación se mezcla con las pizarras micáceas de pequeños tamaños, hasta que llegamos a un punto en que el refugio se pierde en la lejanía y comenzamos una ascensión más pronunciada donde se va mezclando las pizarras con las anfibolitas, gneis y mármoles. Esta mezcla de minerales le da un aspecto fantasmagórico a la zona, porque por una parte, la negrura de las pizarras y los rayos de sol dejan sobresalir los fragmentos metalizados de las anfibolitas.
A nuestra izquierda divisamos el vértice del Mulhacén II y tomamos la derecha de una pista que nos conduce a una hoya pequeña y ésta a su vez, a una segunda hoya donde se encuentra la Loma del Resuello; descendemos y llegamos al Corredor del Puntal de Siete Lagunas, aquí se forma un valle en forma de U que son típicos de los glaciarismos y dan lugar a la formación de lagunas, en esta época solo se dejaba ver la Laguna Hondera.
| Siete Lagunas: laguna Hondera |
Cuando llegamos a este punto decidimos separarnos, un grupo capitaneado por Emilio Mateos, es el compañero mas experimentado del grupo en temas de glaciares, donde propuso subir por el interior del valle, el otro grupo guiados por Fran cruzamos la Laguna Hondera por un desagüe de hielo y emprendimos la subida de la Loma Culo de Perro. Conforme íbamos ascendiendo la vegetación desaparecía y las pendientes se hacían cada vez más verticales, la altura nos afectaba tanto a Manolo como a mí, que decidimos ir a un ritmo más lento, entre paso y paso, inspiración – expiración nos animábamos en nuestra subida, aquí en este tramo, y con las vistas que teníamos, sí que, podíamos invocar a Machado cuando decía: “Caminante, no hay comino, se hace camino al andar...”
Manolo y yo sí que hicimos el camino juntos… a cada paso nos mirábamos; él miraba su GPS y mirábamos nuestro objetivo en la altura: el Peñón del Globo, y Manolo me decía: ¡ánimo, Isabel, después de allí sólo nos quedan dos pequeñas cumbres más…!
La ascensión por la cuerda hacia el noroeste nos conducía al Peñón del Globo. Una vez arriba, no divisábamos la cumbre del Alcazaba porque se había cubierto de niebla. Bordeamos la depresión por la cresta que nos llevaba al Puntal de la Cornisa, con una cota de 3.310 m.
Conseguimos hacer cumbre a las cuatro de la tarde. A los cinco minutos de haber hecho la cumbre, llegó el resto de nuestr@s compañer@s. Las caras de algunos reflejaban el “subidón” de adrenalina que habían experimentado en la subida, pero estaban contentos de haberlo conseguido y de encontrarnos en la cumbre; la emoción se respiraba en el ambiente de haber cumplido nuestro objetivo.
Iniciamos el descenso, ya mucho más tranquilos y relajados, y decidimos hacerlo por la Pedrera, que nos ahorraba distancia, aunque implicaba un gran desnivel, por lo que había que hacerlo asegurándose paso a paso.
La bajada por el valle con nieve era majestuosa; teníamos a nuestra espalda los dos macizos, a la derecha el Mulhacén y a la izquierda la Alcazaba, como dos gemelos iguales pero diferentes, altos pero alcanzables, uno abrupto, otro suave, enigmáticos y misteriosos a la vez....
Cuando bajamos nos cruzamos con la cabra montés (Capra pyrenaica hispánica) que subían ya a las cotas más altas de la montaña y con su color canela se camuflaban con el suelo, como animales sociables que son
Pasan a nuestro lado, guiados por los machos; como se suele decir, "cada mochuelo a su olivo"…El domingo finalizamos nuestra ruta en Poqueira con una grata comida de despedida para volver a la civilización. La emoción, la tranquilidad, el silencio, el cris-cris del hielo, la tertulia y las risas con los amigos se terminaban para dar paso a la vida cotidiana, a los quehaceres del día a día… Aunque siempre termina planeándose una nueva salida... quizás el Mulhacén...




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