lunes, 30 de agosto de 2010

PARQUE NACIONAL DE ORDESA Y MONTE PERDIDO

            
                                         
          VALLE DE ARA

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido fue declarado Parque Nacional en 1918 por Alfonso XII y catalogado posteriormente como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Su morfología se debe a dos orogenias: la principal, el plegamiento alpino de la era Terciaria, y una posterior erosión glaciar durante la era Cuaternaria. Es uno de los más conocidos por su belleza y sus contrastes paisajísticos, donde sobresale la caliza en sus diversas formas erosivas, que le confieren una personalidad propia. El Macizo de Monte Perdido es el que alcanza la mayor altitud, con 3355 m. En este parque se encuentra enclavado el valle del río Ara, que se extiende a lo largo de toda su cuenca y es uno de los más vírgenes de la zona, ya que no se ha construido nada artificial para su aprovechamiento.


A lo largo del valle se sitúan varios pueblos, como Aínsa, Broto y Torla, que aún conservan reminiscencias medievales en sus iglesias románicas y tardogóticas.


El primer día de agosto emprendimos nuestra caminata saliendo de la localidad de Torla y nos dirigimos a la entrada del Parque donde nos desviamos hacia la izquierda por el puente de los Navarros donde nos adentramos en una pista que nos conduce a un camping y refugio situado en medio del valle de Bujaruelo (1250 m), que se encuentra flanqueado por enormes murallas de rocas, continuamos por esta pista que nos lleva a la pradera de San Nicolás de Bujaruelo de 1420 m, con un estupendo puente románico perfectamente conservado.


Bujaruelo, en una época pasada, estuvo poblada, debido a que la Orden de los Hospitalarios, en 1150, construyó el Hospital de San Nicolás, en torno al cual se fue forjando un núcleo rural que permaneció poblado hasta el s. XVIII años más tarde, desapareció debido a las continuas guerras con la vecina Francia.


Desde esta pradera parten varias rutas de media y alta montaña. Nosotros nos dirigimos a la del valle Ara y Otal. Donde proseguimos por un amplio camino que discurre paralelo al río Ara, en nuestra margen izquierda, y, a la derecha, vamos protegidos por amplias y verticales rocas calizas hasta que llegamos al Salto de Carpín, una cascada de más de 10 metros de altura. En este tramo, la vegetación es bastante exuberante, formada principalmente por tejos, tilo y hayas….
Seguimos adentrándonos por el valle hasta llegar a una cabaña de pastores, donde la senda se bifurca en dos opciones: el valle de Otal a la izquierda y el valle de Ara a la derecha. En este punto, la pista termina y da paso a una vereda angosta. Tras una asfixiante y acalorada subida, nos refugiamos a la sombra de un arbusto y, escuchando “el sonsonete de las cigarras”, como dice Camarón de la Isla, nos avituallamos e hidratamos para continuar nuestra singladura.
El cielo, de momento, se torna gris y amenazador, y se escucha a lo lejos una tormenta pirenaica. Llegamos a un collado donde nos cruzamos con un pastor local que nos aconsejó retirarnos a tiempo, ya que conocía a fondo la montaña y las consecuencias de lo que se gestaba en las altas cumbres…


Comenzamos nuestra bajada y, otra vez, tuvimos la oportunidad de observar a las marmotas pirenaicas que habían salido a nuestro encuentro y, al poco, empezó a llover y a tronar… La lluvia nos dio una tregua para almorzar y acercarnos a un puente colgante sobre el río Ordiso, donde pudimos ver a dos expertos kayakistas de aguas blancas. Habían porteado a sus espaldas dos piraguas de creek o travesía de río unos


Cuatro kilómetros por una pista hasta llegar a ese punto con la sana intención de bajar un pequeño tramo del río en el cual había tres grandes saltos, en el segundo salto uno de los deportistas volcó en un contrarrebufo y



Tras unos intentos fallidos de esquimotaje, tuvo que salir de la embarcación, refugiándose en una contracorriente a la izquierda del salto, contemplando cómo su kayak quedó atrapado en el rebufo, sin posibilidad de alcanzarlo.


Su compañero continuó precipitándose a una poza por un salto de unos ocho escalofriantes metros, justo debajo del puente desde el cual los contemplábamos atónitos. Este último palista bajó de su embarcación y acudió a ayudar a su compañero, rescatándolo a él y su kayak.


Terminamos nuestra jornada con una granizada fuerte, como nos pronosticó nuestro pastor…Os dejo el vídeo de los chavales realizando el descenso del Ordiso.

 http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=BD786LC0GGM

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