miércoles, 23 de noviembre de 2011


TRAVESÍA POR EL  ALTO  GENAL

Cuando hablamos del otoño, siempre mantenemos en nuestra retina  la imagen  de los días más cortos, la llegada del frío, los pájaros emigran y las hojas caen y el suelo se cubre de un manto de tonos ocres. Pero, hablar de otoño, es hablar del valle del Genal, de  castañas, de silencio, de los mil amarillos, de aguas cristalinas, de pueblos blancos y del conjunto finlandés, Poets of the Fall (Poetas del otoño), con su canción Sleep.
Hacemos nuestra entrada en el Valle del Genal por Ronda, donde podemos comprobar que nos vamos adentrando cada vez más en un terreno morrocotudamente accidentado, con unas paredes vertiginosas y poblado de masas forestales donde destacan  grandes castaños de copas redondeadas y de una variedad cromática impresionante y que a veces es sólo interrumpida por la construcción de la carretera. En sus  altozanos se divisan sus pueblos blancos en medio de las montañas de mil colores bañadas por los rayos de sol que los hacen brillar a lo lejos.


Podemos decir que el valle del Genal forma parte del Patrimonio Natural de la provincia de Málaga, ha sido considerado por la Unión Europea como lugar de Interés Comunitario y forma parte de la primera Reserva de la Biosfera Intercontinental del mediterráneo. Le da el nombre su corto río, el Genal, que forma una subcomarca dentro de la serranía de Ronda.
 A pesar de ser un río corto atraviesa los dieciséis pueblos que configuran el valle del Genal. Su nacimiento lo tiene en Igualeja  en un manantial rocoso de aguas cristalinas. 


Comenzamos nuestro recorrido en el mismo Nacimiento y bajamos por el margen derecho del río, por la calle Canal donde vamos bajando al barrio santa Rosa de arquitectura típica árabe, reducto de la conquista de estas tierras en el s. VIII de los primeros bereberes que no encontraron mucha resistencia en la población autóctona.
Nos dirigimos a la calle Tetona donde salimos a las diferentes fincas particulares que rodean el pueblo, desde aquí, ya podemos divisar los primeros  castañares y roquedales de matorral, así, como en sus montes cercanos el cultivo del olivo. Tras una suave ascensión llegamos a La Loma, un cruce de caminos, no dejamos este camino principal y comenzamos un ligero descenso hasta que llegamos a una curva cerrada donde el carril sigue descendiendo pero nosotros giramos por el camino de la derecha que va paralelo al vallado y dejamos a nuestra izquierda una gran torreta de tendido eléctrico que produce un gran impacto visual. Poco a poco podemos contemplar la dorsal que separa los valles del Genal y Guadiaro. 


Conforme vamos bajando nos encontramos con una bifurcación del sendero, la de la derecha nos lleva a una caseta de labranza, por lo que, continuamos por el sendero de la izquierda que nos lleva a la ribera del arroyo de los “Granaos”, cruzamos su cauce y comenzamos a ascender por el camino. El camino está bastante bien señalizado y debemos seguir los hitos del camino principal, sino, nos adentraremos en fincas particulares. Continuamos ascendiendo hasta que el trayecto se va suavizando, cruzamos toda la loma de la Padereta y llegamos al puerto más alto de la ruta y desde aquí podemos contemplar al fondo sierra Blanca con el Cascajares (1416m), el cerro de Malhacer y Los Riscos. Desde cualquier punto del valle podemos ir divisando los materiales metamórficos carbonatados de la Dorsal Bética donde afloran las dolomías calizas y margocalizas a los materiales ultrabásicos tipo peridotitas de la parte de sierra Bermeja y sierra Blanca.
Conforme nos aproximamos a Parauta (796ms), el camino está hormigonado y te lleva al centro del pueblo. Cuando llegamos a la entrada el grupo que nos acompañaba Ana, Fátima, Enrique y Alfredo se quedaron a degustar el plato típico con el que el pueblo obsequiaba a los visitantes, arroz con conejo,  un poquito de música y baile…
Nosotros en este punto, giramos a la izquierda,  comenzamos a bajar por una calle cementada que nos conduce a una plazoleta donde nos indica que comienza el sendero para Cartajima. 
En esta pequeña plaza podemos observar dos pinsapos y un gran majuelo. En la primera curva a la salida del pueblo nos encontramos de frente con la Fuente Nueva, muy blanca y sobre su abrevadero se erige un arco de medio punto. Seguimos caminando por el sendero principal donde vamos bajando al arroyo Algorma, el camino es cómodo y podemos ir disfrutando de los mil y un colores que el paso del otoño va dejando en el castañar. Conforme vamos bajando, al barranco del arroyo, la vegetación se enriquece con la presencia de encinas, olivos, madroños, chaparros y una preciosa hilera de chopos que en esta época del año su amarillo intenso contrasta con la variedad cromática de los ocres del castañar. Debido a la humedad y a la exuberante vegetación que hay en este lugar se desarrollan en los árboles una rica variedad de hongos.


Una vez atravesamos la confluencia de los arroyos Algorma y “Granaos” comenzamos a subir una fuerte pendiente y atravesamos la zona más llana, conocida como las “Allanás”, por sus anchos caminos podemos ir contemplando las fantásticas vistas de las lomas repletas de castaños, todos alineados y con sus copas redondeadas que contrastan su cromatismo de colores ocres con los tonos ya mas marrones del suelo tapizado de hojas. Conforme nos acercamos al pueblo podemos contemplar el castaño Arena, árbol centenario catalogado por la Junta de Andalucía por su grandiosidad y hermosura.  


Nos adentramos en  Cartajima por la calle principal, Capitán Cortés,  este pueblo es también conocido como el Cádiz Chico, debido a que en el s. XIX la población se dedicó  a la explotación de los yacimientos de hierro que originó la creación de fábricas de cañones y jugó un gran papel en la guerra de la Independencia. A la altura de la iglesia giramos  a la izquierda y vamos bajando buscando la salida hacía el sendero, al fondo vemos un mirador elaborado en madera y hacemos nuestro alto para comer. Después de degustar nuestros bocatas, aderezado con un buen vino, que portó Álvaro, y de disfrutar de la panorámica de Los Riscos, pusimos rumbo a Júzcar.
Bajamos por un sendero a la derecha tras una pronunciada curva donde de nuevo vamos caminando entre castañares intercalados con encinas, quejigos y una buena hilera de madroños que en ésta época están a pleno rendimiento. Una vez cruzamos el cauce del arroyo Blanco comenzamos a subir suavemente por el camino marcado y el camino nos conduce a la carretera, por la que tenemos que caminar un pequeño tramo hasta que llegamos a una desviación a la derecha de un camino hormigonado que nos conduce al pueblo de Júzcar, el pueblo de los pitufos… Podemos decir que ¡¡Júzcar está de moda¡¡ Debido a la promoción de la película de los Pitufos, el pueblo lo han pintado entero de azul,


perdiendo toda su identidad de pueblo blanco de la sierra, en beneficio del sector de la hostelería. La promotora eligió este pueblo porque es el que está situado en una hondanada, se oculta entre las diversas lomas que configuran el barranco de las Cañadas, regado por el río Genal, a diferencia del resto de los pueblos que se ubican en los altozanos.  
Buscamos la salida del pueblo, dirección a Pujerra, y poco a poco fuimos atravesando por la zona de Las Alcoberias y dejamos a nuestra derecha la Era del Olivar (729 ms), fuimos bajando hasta el río Genal y una vez cruzamos el puente comenzamos a subir una fuerte pendiente que nos lleva hasta el mismo Pujerra (769 ms), pueblo con calles de fuertes pendientes y fachadas encaladas de blanco, donde se guarda un bonito recuerdo por todas sus calles del rey Wanda, antes de que estos terrenos pasaran a manos de los sarracenos. Aquí dimos por finalizada nuestro primer día de travesía.


La mañana del domingo, después de un buen desayuno, pusimos rumbo a Igualeja, para llegar hasta allí, tenemos dos opciones, una es coger un camino más corto que te lleva a Igualeja en unos 8 Kms y otra es más larga de unos 12 Kms, nosotros optamos por esta y nos dirigimos a la calle La Toma, con una fuerte pendiente, que  nos conduce al sendero.
De todos los caminos que hemos recorrido en esta travesía, el que une Pujerra con Igualeja,  es quizás uno de los más hermosos, por sus inclinadas lomas, por sus estampas más bellas, 


es uno de esos sitios que te transmiten paz, hacer un alto en el borde del camino y contemplar tu alrededor en su conjunto te producen estremecimiento al ver tanta belleza, sobre todo, en esos momentos que los rayos de luz penetran por los pequeños espacios que le dejan las ramas y el contraluz se mezcla con una tenue corriente que produce la caída de sus hojas que pasan de un verde a todos los tonos ocres, amarillos, rojos, marrones, tostados… 


Del Castaño se aprovecha todo, tanto su madera muy preciada para elaborar muebles como instrumentos musicales, hasta el consumo humano. Su fruto tan carnoso  tiene un origen autóctono, es un árbol que durante el cuaternario se refugió en la zona norte de la península como consecuencia del clima frío de la época glaciar que reinaba en Europa, extendiéndose a zonas más meridionales.
 Vamos caminando poco a poco hasta llegar al Puerto de Juan Agustín y de aquí fuimos bajando a río Seco, afluente del Genal. Ya solo nos queda un pequeño ascenso por el barranco cubierto de pinar hasta el pueblo de Igualeja, al que llegamos satisfechos y


cansados tras haber recorrido 37kms en dos jornadas, y 2200m + de desnivel acumulado.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena.Bonito relato Isabel y Fran, de un fin de semana inolvidable.
    Alvaro.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Alvaro, nosotros también disfrutamos en vuestra compañía, pero "la aventura" hay que repetirla...

    ResponderEliminar