viernes, 9 de marzo de 2018

Ascensión al Risco de las Villuercas. 1601m.

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El Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, declarado con esta categoría por la Unesco, se extiende por estas tres comarcas cacereñas, y permite observar periodos geológicos que abarcan desde el Ediacárico al Silúrico, y los procesos geológicos ocurridos durante el Carbonífero, el Neógeno y el Cuaternario. La riqueza que nos ofrece a este nivel, es incalculable, por eso, se trata de una extensión de tierra muy delicada, a la que se debería cuidar muchísimo más de lo que se hace… y por supuesto, de lo que se ha hecho en el pasado, con aberraciones como la edificación de una unidad militar en su cumbre más alta.
Ahora se ha aprobado un presupuesto de 2 millones de euros, para renovar el firme de toda la carretera que asciende a cumbre, desde la ermita del Humilladero, en Guadalupe. ¿…? No se entiende, pues con ese presupuesto, se podrían llevar a cabo otras mejoras mucho más valiosas.
Se trata de un punto importantísimo a nivel hidrológico, ya que separa las aguas del Tajo y las del Guadiana. A pocos metros de la cima, nace el caudaloso río Almonte, entre otros de gran importancia, que discurre por un anticlinal muy descriptivo.
Las cadenas montañosas se alinean paralelamente; tenemos ante nuestros ojos la mejor representación de relieve de tipo apalachiano.
El valle sinclinal del Viejas es de libro, centrado entre el anticlinal antes mencionado y el del Ibor. Un espectáculo que sólo podremos contemplar en este Geoparque.
Era temprano cuando dejamos el coche, cerca de la ermita, el sol no asomaba aún, pero había bastante luz y cuatro grados negativos. Llevábamos un track, pero nos duró 100 metros, pues vimos a la izquierda un sendero del GR-117, así que… donde se ponga un sendero, que se quite una carretera.
Más adelante, el track cruzó nuestro camino, pero se iba por una amplia pista… que tampoco nos sedujo. Continuamos el precioso trazado del GR-117, tramo Guadalupe-Navezuelas, que entre roble melojo, pino, castaños, jara, brezo, y una riqueza geológica sin precedentes, nos va ayudando a ascender progresivamente, ofreciendo de vez en cuando unas amplias vistas hacia el Este. Nos sorprendió ver huellas de grandes neumáticos de motos de enduro… otra asignatura pendiente de los gestores del Geoparque.
Nos volvemos a encontrar con la carretera en el collado de la Arena, y aceptamos la invitación del mirador del Sinclinal del Viejas. Desde este collado seguimos por la carretera hasta la cumbre, aspecto que nos agradó menos, pero las vistas compensan a cada paso. Alcanzamos otro collado, el de la Portuguesa, y vimos dos montañeros que tomaban un camino tangente al nuestro… nos saludamos de lejos.
La cumbre, con una recompensa absoluta en cuanto al esfuerzo, tiene muchos peros, y es que hay bastante chatarra, además, se sube en coche hasta el mismo V.G. Disfrutamos amplias vistas, comimos, nos hicimos un té… y vimos aparecer los dos montañeros de antes.
Como uno de los dos, y no vamos a decir quien, siempre quiere meterse por donde no conoce y buscar nuevas alternativas, se decidió (por cansino), en el collado del Llano de San Cristobal, pasar al otro lado de la valla y descender por donde pensamos que habían subido esas dos personas. Aquí la decepción alcanzó techo, pues dimos con el vertedero de los que “ocupaban” la cumbre: botellas de vidrio a cientos, filtros de aceite de vehículos grandes o generadores, aerosoles, jarras…  y muchas cosas más… puede que fuesen de origen militar, o de los encargados de las instalaciones de telecomunicaciones, y es que cuesta mucho trabajo bajar la basura hasta Guadalupe.
Este collado pasa entre Pico Villuercas, al Este, y Risco de la Villuerca Chica (1512m), al Oeste. Toca bajar entre hermosos robles y abundante vegetación. El camino es estupendo, y con cierta incertidumbre vamos llegando al valle de la Celada, donde enlazamos con el collado de la Portuguesa. Vimos de lejos un precioso embalse, el de Ruta de los Molinos, del Guadalupejo.
Esos días había nevado bastante… Gredos se veía completamente cubierto de blanco y hacía una temperatura baja, pero nada que no se pueda atemperar con una buena dosis de Soul y R&B de la mano de Anaut, un grupo madrileño, liderado por Alberto Anaut, que nos presenta su gran talento con un nuevo disco.  Es un grupo que nació en 2013, y este año se defienden con una gira por salas que no nos vamos a perder. Nos gusta bastante porque es música pura, grabada con medios analógicos y tocando todos a la vez, por lo tanto, en directo suena igual que en estudio, no como esas músicas enlatadas, sin personalidad, que nos quieren meter a la fuerza en la tele y en la mayoría de emisoras de radio… música que nosotros no escuchamos, por supuesto… hay que saber elegir, igual que con los caminos… los hay buenos, y no tan buenos… es más, el hecho de que la mayoría siga una huella, no quiere decir que sea la mejor propuesta. Moraleja: No nos sigas, si no quieres verte envuelto en problemas.

Ha sido un acierto tomar el GR-117.

Guadalupe queda justo ahí abajo.

El color del bosque es espectacular.

Reparando hitos.

Hojarasca.

Nos metemos en robles hasta las cejas.

Sucesión de valles y aristas.

Las brumas especiales de las mañanas frías.

Un sinclinal espectacular.

La desvirtuada cumbre. Tiempos nuevos, tiempos salvajes.

Desde el Collado de la Portuguesa.

Al fondo se ve Navezuelas, otra variante para subir.

Panel explicativo. Hay varios.

El helipuerto de la cima y parte de las instalaciones.

Los escarpes de la zona cimera, son espectaculares.

V.G. Villuercas.

Anticlinal del Almonte.

Vista hacia el Valle de la Celada.

Las últimas nevadas, también se dejaron ver por las Villuercas.

¿Hasta cuando?

Dejando atrás el Risco, descendiendo por la vertiente opuesta a la de subida.

El robledal es muy tupido.

El 117 se desvía a la izquierda.

Guadalupe.

martes, 6 de marzo de 2018

Llanos del Campo – Rodeo del Cerro de las Cuevas



Pocas veces aprovechamos el entorno de los Llanos del Campo, Cerro de las Cuevas, y alrededores, así que nos aventuramos, tras quedar de nuevo con Andrés y Pepa, y nos metimos, parafraseando a Juan de Pablos, hasta las cejas.
Musicalmente hablando, esta última expresión es sinónimo de arqueología…, que es lo que solemos hacer habitualmente, buscando grupos o solistas poco conocidos, o que fueron famosos en su tiempo, pero están un poco olvidados. Era el caso de la ELO (Electric Light Orchestra), que la teníamos ahí, aparcada, sin prestar atención a un vinilo que anda por casa, y que es una delicia para los sentidos. Si estás deprimido, o aburrido de la vida… ya sabes: ELO, y que miren.
Nada más cruzar la carretera, tomamos rumbo Sur hasta el mirador del Castillo de Aznalmara, y retrocedimos buscando alguna vereda que nos subiese al Cerro de las Cuevas, encontrando una trocha, desdibujada, que llegaba un momento en que se perdía en zona escarpada y con abundante monte bajo… o sea, impracticable, decidiendo dar media vuelta y caminar, aunque fuese un poco más, pero por algún camino más cómodo.
Acabamos en el Cortijo del Escribano, y ascendimos por la Garganta del Boyar… una zona preciosa, que todo hay que decirlo, con un camino más que aceptable, aunque con la incertidumbre de si encontraríamos buen paso hacia la finca de Las Cuevas… y lo encontramos, pidiendo permiso a una señora muy amable, que tuvo el placer de hacernos pasar por su finca y abrirnos la cancela. Y de paso, nos contó alguna historia de excursionistas perdidos por esa zona y a los que tuvieron que ayudar… entre otras cosas.
Una vez “enpistados”, que no despistados, llegamos a la carretera, por donde enlazamos de nuevo con la zona recreativa donde empezamos la aventura.















lunes, 29 de enero de 2018

Peñón de Enamorados y Torrecilla, por Cañadas del Canalizo y Ánimas.

El día 15 de este mes, moría Dolores O´Riordan, con sólo 46 años. Ha sido un jarro de agua fría para la familia y muchos de sus seguidores. Nosotros la queremos recordar con “Loser”, una composición de 2007 incluida en el álbum: Are You Listening?  Ella quiso alejarse un poco de la influencia del grupo, y sacar su genio, transformando todo su talento en dos generosos discos con trallazos a su estilo.
La racha no es muy alentadora, pues casi cada semana nos hacemos eco de la muerte de algún músico imprescindible.
No queremos ser negativos, nunca lo seremos, y como en el coche sonó el último trabajo de la gran pareja Beth Hart-Joe Bonamassa, podemos decir que esto nos calentó lo suficiente como para afrontar una jornada que empezaba a -1ºC, el sábado 27, a eso de las ocho en la solitaria área recreativa de Quejigales, dirigiendo nuestras intenciones hacia la Cañada del Canalizo y subiendo directos al Peñón de los Enamorados. Había nevado hacía un día y medio, y el viento era intenso, de componente Norte… no decimos más.
Desde aquí, apuntamos a la Cañada de la Cuesta de las Carnicerías, para desviarnos hacia la de Froncaire y ascender al Torrecilla. No recordamos un viento tan feroz en esta cima.
Se trata de un recorrido solitario, hasta que se alcanza el Pilar de Tolox, de hecho, si no se conoce bien, esa zona es propensa a despistarnos. Ha habido un gran desprendimiento rocoso, que se ha llevado por delante algún fuerte ejemplar de pinsapo, y hace menos de un año. En la meseta, hemos visto varios de los Quercus faginea más históricos dar con su madera en el suelo, como si de un niño palestino abatido por balas israelíes se tratara.
La bajada, la efectuamos haciendo uso y disfrute de la Cañada de las Ánimas.
Un precioso recorrido, que nos ocupó cuasi 9 horas y precisó de la ingesta de buen queso, pan, embutido, frutos secos carnosos e indehiscentes, agua, infusión, y buenas botas y ropa de abrigo… intentarlo de otra manera, hubiese sido negligencia manifiesta.
Asomados donde siempre, en la encrucijada de caminos.

Un gran desprendimiento dificulta el paso por esta espectacular zona.

Los tritones querían saber la hora, en la cañada del Canalizo.

Sobre los Tajos del Canalizo, observando las vistas.

Isabel y Andrés, ya en el venteado collado. Ahora, cambio de rumbo.

Estaba todo cencellado en la Meseta.

Las mallas protectoras cumplen doble o triple función: captan agua.

Hacia la primera ascensión de esta fría y a la vez cálida jornada.

El Peñón de Enamorados.

La helada Meseta de Quejigales.

En la cumbre del Peñón.

Rápido para abajo, que el viento nos lleva.

Enrique y Andrés.

Por la Cañada de las Carnicerías.

Arribamos a Froncaire, buen lugar para comer algo.

Andrés, Enrique, Isabel... y unos metros de ferralla.

Cada vez suben más nubes.

El viento empujaba los cuerpos con muchísima fuerza. Las rachas serían de más de 90 Km/h.

El mar.

Gibraltar... buen lugar para almorzar.

Disfrutando, Andrés y la dueña del chiringuito, de un precioso entorno.

Colores de invierno.

Las nubes se van conformando como una amenaza... bendita amenaza.

Y cerramos donde comenzamos, en el cruce de Las Ánimas.