Aconsejamos
utilizar la salida 66 de la A-381, y dejar el coche en el corte de la
carretera, junto a las biondas. A no ser que se quiera hacer más larga… yo no
digo nada, pero como dejar, se puede dejar el coche en Atocha.
Ahora,
empezaremos a pedalear en una dura subida, agrietada, de una carretera casi
muerta, sentido Jerez, para meternos en un carril que sale a nuestra derecha,
cerrado con una buena cancela color verde oscuro. Habrá que saltar, pues tiene
candado.
La
pista es fabulosa, bien terraplenada y con una bonita sucesión de curvas para
solucionar el pronunciado desnivel que tendremos que salvar… de esas que tanto
nos gustan a los ciclistas… entre alcornoques descorchados y hermosos quejigos.
Marchamos
como hormigas, una tras otra… como la canción del gran músico Dave Matthews,
nacido en Sudáfrica pero afincado en Estados Unidos. Esta banda tiene un
directo muy bueno, y a veces invitan a grandes músicos a interpretar con ellos
en el escenario, como el caso en el que Warren Haynes colaboró en una célebre
versión de Cortez The Killer, de Neil Young, de quien nos debemos acordar por
haber cumplido 70 años hace unos días.
En
el primer cruce que nos encontramos a la izquierda, y por el que volveremos
luego, si dejamos la bicicleta y cruzamos una alambrada a nuestra derecha,
podremos ver unas tumbas antropomorfas talladas en la roca. No está marcada en
el track, pues el gps se quedó en la bici, pero es fácil de localizar.
Continuamos
pedaleando, y pasamos la Garganta del Agua, continuando en el sentido que nos
marca la pista… hasta que llegamos a una angarilla, la cual cruzamos, y aunque
este camino no tiene salida, pues termina en una plazoleta que linda con la
finca de La Almoraima, merece la pena el esfuerzo de subirla, pues es muy
divertida de bajar luego… además de que la foresta es excepcional.
A la
vuelta, pasando la casa forestal, tomamos el desvío a la derecha, ascendente y
fatigoso para quien no está muy preparado, y por aquí hacemos una bonita
circular que pasa junto a un gran arco de roca arenisca al cual podemos llegar
sin bajarnos de la bici, sorteando pinos y brezo… muy divertido.
Es
el punto más alto, por lo que nos queda una disfrutona bajada, en la cual
Isabel, por frenar en las bajadas, se perdió de ver tres cervatillos que
corrieron en paralelo al menda más de un centenar de metros mientras bajaba a
tumba abierta por aquel precioso carril. Fue sin duda el momento más
emocionante de toda la ruta. Si hubiese llevado una “gou pros” en el casco… lo
hubiese clavado.