Un auténtico “rompepiernas”.
Recuerdo que salí a oscuras hacia las letrinas y escuché a alguien vomitar
en el cubículo anexo. Esa persona estaba pasando un mal rato a 3950m de
altitud. Espero que fuese efímero. Puede ser que estuviese afectado de mal de
altura… es muy normal.
Hemos descansado un poco… nos levantamos pronto, pero como anochece a las
seis y media, también nos acostamos temprano. No ha hecho viento en toda la
noche. Hace un poco de frío y vemos de nuevo la aurora de la mañana. El
sempiterno Kilimanjaro nos mira desafiante… no sabemos lo que se nos viene
encima. Descendemos unos metros para cruzar el río, tras un copioso y variado
desayuno: café, tortilla, tostadas, fruta… y afrontamos Baranco Wall, que como
su propio nombre indica, se trata de una auténtica pared. Hay que ayudarse de
las manos en muchos pasos, sin embargo, los porteadores y porteadoras avanzan
más rápido que nosotros con un enorme peso en sus cabezas. El equilibrio es
fundamental en la vida, y la ataraxia ayuda a ello.
El cambio climático se nota especialmente en estas latitudes. Estamos a 3º
S 37º E… una hora más que en nuestro país. Los glaciares tanzanos han sufrido
una regresión espectacular en la última década, y ya nada queda de aquellos
Penitentes de Hielo que se tenían que ir esquivando por el camino. Es invierno
en el hemisferio Sur, y se puede ascender a un volcán de 5895m de altitud sin
crampones. Eso lo dice todo. Incluso los más escépticos tendrán que empezar a
creer que existe un calentamiento global demostrado… aunque teniendo en cuenta
que hay quien piensa que la Tierra es plana…
Una vez superado Baranco Wall, estamos en una terraza totalmente plana…
como la Tierra, con un plano manto de blancas nubes bajo nuestras botas. Sólo
el Meru asoma su naricilla en la más absoluta lejanía. Es el lugar ideal para
la foto saltando… pero nosotros no nos vamos a dedicar a dar saltos, a nuestra
edad.
A nuestra edad lo que nos apetece es escuchar buena música, buen vino...
Hay una banda uruguaya, que ofrece una dialéctica realmente evocadora de
melancolía. Los juegos de palabras, las ironías, los guitarrazos… son
imprescindibles y necesarios. En 2019 han sacado nuevo disco, y llevan años
haciendo música en Montevideo. Hablamos de El Cuarteto de Nos. Son cinco
componentes, con un estilo rockero, que seguro llenará tu vida de buenas e
inolvidables melodías.
Después de ver gente saltar, se comienza una buena bajada… se pierde
bastante altitud, por un terreno espectacularmente volcánico, salpicado de
Dendrosenecios y otras especies. Tras otra subida, arribamos a una espectacular
divisoria, con otro barranco, al cual hay que bajar por un sendero muy
vertical. Estamos nuevamente rodeados de brezos. Cruzamos el transparente y
agradecido arroyo, y comenzamos de nuevo una vertical subida.
Hago uso del prismático para buscar a Isabel, que viene con Nico por la
vertiente opuesta. Arribamos a Karanga Camp (3995m) y comemos algo ligero…
llevamos toda la mañana caminando. Continuamos ascendiendo, ahora de forma
constante, por fin.
El verdadero ascenso.
Esta zona ya carece casi por completo de vegetación. El paisaje es muy
abierto y vamos coincidiendo con mucha gente… los que suben por Machame, y los
porteadores que bajan a por agua, que está bastante lejos de los campos… hay
que interceptarla en su bajada desde los glaciares.
Alcanzamos un collado y Wilfred nos indica donde está el campo donde
pasaremos la noche. Se cruza un altiplano infinito por una inequívoca vereda de
alta montaña que describe una línea cóncava a lo largo, y que nos dirige a una
arista de libro, bajo la cual paramos a dar de comer a los topillos y cuervos,
las sobras de nuestro almuerzo. El entorno está bastante sucio, por cierto.
Afrontamos esa subida escalonada con los estómagos llenos. Al cabo de no
muchos minutos, arribamos al masificado campo IV. Estamos en Barafu Camp, a
4673m, tras unas siete horas y media, y con este, el cuarto día caminando. La
reseña nos dice que estamos a sólo 4,6 kms de Stella Point… pero esta tarde,
tendremos que intentar dormir a una altitud que casi roza la del Mont Blanc… la
montaña más alta de la vieja Europa.
Desolación.
Este sentimiento te va a invadir, quieras o no, en el momento en que pises
esta zona de la montaña. Basura de todo tipo esparcida por el campamento;
Vertederos con restos de quema de desperdicios, muy recientes; Las letrinas son
cada vez más repugnantes… aquí no hay ni gota de agua; Antiguas instalaciones
de WC derrumbadas, se esparcen por la ladera más vertical de Barafu, la que
asoma al camino por el cual hemos alcanzado este punto. Chatarra y restos de
bidones de agua rotos… no parece tener remedio este desastre ambiental al cual
todos contribuimos… y eso que pagamos una tasa de 370€ por persona para poder
hacer esta ascensión… tasa de conservación, se supone.
Tras varios paseos por la zona, creo que sobre las 19:00 ya estábamos
metidos en los sacos. No se puede hacer nada mejor que intentar descansar un
poco… dormir a casi 4700m, va a resultar complicado.