lunes, 16 de enero de 2023

Sierra de las Nieves y un Peñón que enamora.

1777m de altitud creo que es la cota que alcanzamos aquel día, aunque puede que fuese un poco menos… cuanto más avanzamos en ciencia, más controversia se nos pone a nuestra disposición.

Al escribir, hace un año justo que con nuestro amigo Fernan anduvimos justamente por este mismo vericueto de nuestro parque más querido; Fernan es un gran amigo, aunque la distancia impida más contacto. También es amigo común de Dani, con quien ascendimos a su montaña fetiche hace ahora mismo un año… un primero de enero; me gusta celebrar el año nuevo por lo alto. Saludos a ambos, desde el sur.

Nubes de condensación y viento; humedad que se pega a la vestimenta, apropiada o inapropiada, pues dicen que no existe el mal tiempo, si no la vestimenta errónea. “Humedad, cierta tristeza y algo más” siempre hay una canción(Barricada) para una ocasión… o para un peñón. Hemos podido comprobar como en diciembre, un 10 de diciembre, todavía los vetustos alpestris están provistos de hoja, incluso verde; y comprobar también lo poco que ha llovido por esta sierra, aunque pueda parecer lo contrario… y no hablemos de ver su apellido, porque ese escasea en todas partes donde debería caer.

Nuestro camino favorito de nuestra querida Sierra de las Nieves, se cierra, porque pocos se ciernen a él… y eso es bueno por una parte, pero tedioso por otra… aves si que escuchamos, aunque pocas se dejaron ver: herrerillos comunes y algún carbonero por ejemplo; y por supuesto, y contra todo pronóstico, cuatro buitres leonados desafiando la baja cota de nubes aprovechando el viento de ladera, porque térmicas, podemos asegurar que no quedaba ni una. Como no, el Picus sharpei hizo su habitual acto de presencia sonora… llevamos años escuchándolo.

Un día más, nuestros cuerpos soportaron las bajas temperaturas que dejan esos fuertes vientos serranos, aunque muy a gusto.

No despedimos 2022 con esta ocasión… todavía quedaban sorpresas… y además tuvimos la buena noticia de que en 2023 saldría mi foto en el calendario del Parque Nacional, Natural y Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves, y eso es de agradecer; igual que la que publicaron en el primer libro editado con motivo de la declaración de Parque Nacional. Mil gracias al Parque, por todo.


















lunes, 9 de enero de 2023

Conjunto dolménico de El Pozuelo.

Próximos a la rivera del Tinto y en término de Zalamea la Real, los habitantes de la pequeña población de El Pozuelo, gozan el privilegio de convivir en plena naturaleza, rodeados de buitres leonados, milanos reales, rabilargos, y un sinfín de especies importantes que aportan riqueza y biodiversidad a esta comarca. 

Además de los valores medioambientales, en este rincón onubense se disfruta de un legado histórico bastante recomendable de conocer.

Se puede hacer una caminata circular, que comenzaremos por una pista terraplenada que nos lleva entre jaras hacia una mina abandonada llamada El Chinflón. Sabremos que hemos llegado cuando alcancemos un collado con una casa a la derecha y una trocha a la izquierda que asciende por la loma. Desde la mina hay unas amplias panorámicas, que nos brindaron la oportunidad de otear el vuelo de 12 milanos reales.

Desde aquí arriba podemos ver el emplazamiento de los primeros cuatro dólmenes que vamos a visitar, pues los tenemos justo debajo.

El paisaje no puede ser más mediterráneo, y como tal, en estas fechas podemos aprovecharnos de sus ricos frutos, y así comer gratis y no contribuir tanto al tedioso capitalismo. Hay que comer de todo… esa es la base de una buena dieta que lleva el mismo nombre que el paisaje que nos rodea.

Dice Robe: “los recuerdos se fueron del tiempo que pasó, no recuerdo aquel cielo, ni tampoco su olor… que no, que no, que no, que no…” pero al soñar… puede aparecer algún recuerdo leve que nos haga refrescar memoria y poco a poco hilvanemos lo vivido. Hay que vivir y luego recordar lo vivido, pues si no, se pierde. El blog, en desuso últimamente, es buena herramienta para evitar que el maldito Alzheimer empiece a llenar de agujeros este queso al que a veces le ponemos un casco para evitar que se despeine. Nos gastamos dinero en peluquerías para mantener una estética, cuando en realidad lo importante está dentro. Pon tu melena al viento y mete la cabeza dentro de estos dólmenes, es realmente interesante.

Podríamos seguir citando a Robe, y llenaríamos no este blog, si no todos los blogs de este maldito mundo. “Si ella baila, yo encuentro una canción”, y tras visitar estos cuatro dólmenes que se alzan codo con codo en un paisaje evocador, volvemos a “pistear” entre “calistros” descubriendo setas alucinógenas y escuchando al petirrojo europeo por todas partes… sin lograr verlo.

Llevaba el gps en la mano, pues cada dolmen tiene un geocaché… nos pusimos las botas… la caminata mereció la pena sólo por el ego de ver como aumenta el número de encontrados en esa diabólica página mediante la cual utilizamos satélites de miles de millones para encontrar un “tupper” de plástico escondido en la naturaleza. Así es el ser humano…

A la vuelta, tras tanto ortostato y búsqueda, no tuvimos la suerte que a la ida, de ver cientos de rabilargos… un ave realmente preciosa que no se ve por nuestro lugar de residencia, y hay que salir a buscarla fuera. Si tu objetivo son los dólmenes, la prehistoria, las aves… caminar… ya sabes: El Pozuelo.


Mina el Chinflón.


Los primeros dólmenes de la mañana.

Bastante bien conservados, como se puede observar.

Pero en realidad, como todo en este país, se pone en valor y luego se abandona.

Las estructuras se componen de ortostatos de poco grosor.



Algunos de los dólmenes son de doble cámara.

Falta un poco de señalización y los paneles informativos están deteriorados.

La ciudadanía no colabora mucho y algunos incluso hacen sus necesidades dentro del conjunto.

Aun así, merece la pena visitarlos, sobre todo por la cantidad que hay.


Isabel tomando notas y apuntando avistamientos en observation.



Noche de setas...

...con una cantidad menor, hubiese sido mucho mejor.

Uno de los pocos paneles que se conservan en buen estado.



Y la iglesia de El Pozuelo.


viernes, 16 de diciembre de 2022

Ascendemos a la Sierra del Castaño, de 960m de altitud. Segunda cumbre más alta de Huelva.

Salimos a caminar desde Galaroza, cuando el reloj marcaba más de las 10:30 de la mañana, por un formidable sendero bien marcado, que serpentea por la ribera del Jabugo emboscado entre castaños, robles, pinos… y entre muchas más especies que ni vamos a nombrar porque faltaría papel. Si de algo puede presumir esta comarca, a parte de salud, buenos alimentos y simpatía, es de buenos caminos históricos, que es lo que nos ha llamado, exactamente.

Como ha llovido un poco, comienzan a despertar los arroyos, y la hojarasca, esa que nos define como socios de un club, brilla y luce jugosa; pisar hojarasca es la mejor terapia cognitiva que podemos experimentar… otra es surfear… pero no está al alcance físico-mental de todo el mundo.

Pronto comienza la llamada inconfundible del petirrojo, hábil jugador del escondite, y le acompaña al coro alguna curruca cabecinegra, y como no: el impresionante arrendajo. Vemos entre las ramas un carbonero común dispuesto a reírse de nuestras intenciones…

El vuelo en altura de algunos buitres leonados (los examinamos bien por si se escapase algo en ese pelotón) nos pone ya en alerta pajarera, y no tardamos en ver una pareja de cuervo grande. La mañana está increíble, pues las densas nieblas que nos acompañaron mientras conducíamos hasta la Sierra de Aracena, ya hace un buen rato que se disiparon, cediendo el paso a la alegría de la luz invernal.

En una de las puertas de una finca, un chiquillo espabilado y muy agradable, nos invita a practicar el negocio, en mitad del camino… y no nos podemos resistir a comprarle un kilo de ricas nueces… en la mochila hay sitio y en la cartera dinero: aceptamos el trato.

Pasamos por Castaño (del Robledo), entrando a sus casas por la calle Soledad, y acompañando las blanqueadas fachadas hasta la plaza del Álamo para emprender cuesta arriba hacia el sendero que rodea el cerro del Castaño… pero no nos íbamos a conformar ni por asomo con rodearlo… que también lo rodeamos… eso sería después de confirmar nuestra visita al segundo punto más alto de la vecina Huelva. No teníamos ni idea de que desde esta atalaya se pudiese ver el mar. ¡Que placer! El sendero de ascenso es un precioso serpenteo entre robles delgados, con un tapizado de hojarasca que provocaría la envidia del más castizo tuareg. En la cima hay un viejo vértice geodésico de maldito hormigón, pero los robles compiten por ganarle en altura… viva la natura.

Ahora un chiste malo: ya que el vuelo de los cuervos lo podríamos acompasar con los matices neomedievales de la banda Corvus Corax… cuando le pongas la oreja a estos alemanes, vas a flipar. El Cuervo grande, además de dar nombre a esta banda y de ser un ave de tamaño grande (130cms de envergadura alar) que trabaja en equipo con los enormes buitres leonados, es capaz de maniobras (como las que hemos visto en Sierra de la Plata) de ataque a especies tan fuertes como la mismísima Águila imperial ibérica, que supera por poco los dos metros de envergadura. El metal de estos chicos, sin duda merece una buena escucha… déjate cautivar; y sigamos adelante, sin más bromas.

Un sevillano mu salao fue quien (el único) nos cruzamos a pocos metros de esta hermosa y(por lo que comprobamos) poco visitada cumbre. No llevábamos un mísero track de wikiloc para llegar a la sommet, y saltamos innecesariamente a una finca privada… claro, nos dimos cuenta cuando vimos al compañero al otro lado del maldito alambre.

Arriba se comió mucho mejor que en muchos de los bares en los que hemos comido últimamente (no en Huelva). La bajada hacia el camino que va a Fuenteheridos es bastante cómoda y rápida, y aprovechamos para comernos el postre en plan silvestre. Comer no siempre tiene que ir ligado a pasar por caja… hay comida gratis en el monte, sobre todo en invierno.

Fuenteheridos… un pueblo muy acogedor, sin duda; recomendamos una visita por allí, encarecidamente. Y de aquí a Galaroza nos queda otra gran comilona silvestre… tan silvestre y comilona, que casi ni cenamos esa noche… y eso que el camino fue largo… pero bastante enriquecedor.

La cantidad de aves forestales que escuchamos, ya mereció la caminata; y la cantidad de especies de flora silvestre que disfrutamos, también ayudó a compensar la siempre tediosa labor de conducir hasta la Sierra de Aracena.


Al principio todo eran risas y buen rollito.

Pero al cabo de un ratito, de subir y bajar...

Algo esconden estos vetustos y adornados señores.

Un camino realmente cómodo.


Incluso para ir en bicicleta.




El agua comienza a bajar por los arroyos, tras las escasas lluvias.

Huy, huy, huy... mejor no vamos a pensar mal.


El vehículo ideal.


Aportando nutrientes al suelo.


Recuperando calorías en el segundo techo de Huelva.

Y vimos el mar.

Esto si es oportuno.



Fuenteheridos.