viernes, 6 de septiembre de 2019

Kilimanjaro. El sueño tanzano. Capítulo III. Desde Shira Camp a Baranco Camp (3900m), pasando por Lava Tower.

Superando los 4000m.

Esta es sin duda la etapa más atractiva. Vamos tomando altitud, paso a paso, pole pole, chino chano… tocaremos los 4500m, nuestro techo particular, y además disfrutaremos de una vegetación única, pues sólo se da en esta zona del volcán.
Y hoy vamos a recordar a Pau Riba y su gran composición Kithou, de su fantástico álbum Dioptria, de 1969, y grabado cuando contaba la friolera de 20 años. Él logró meter el catalán, burlando la censura, y fusionar el progresivo y la psicodelia. Hoy parece absurdo, pero en aquella época estaba perseguido expresar tus emociones en tu idioma (el catalán, en este caso) …  no todo tiempo pasado fue mejor.
Al poco de salir del campo II, el brezo merma en porte, hasta alcanzar el clima de desierto de alta montaña. Las connotaciones volcánicas nos trasladan a Tenerife y aquella ladera donde ruedan “Los Huevos del Teide”. El camino es seco y polvoriento. Vamos a un ritmo muy lento… tomando aire… en una “prueba de esfuerzo” las pulsaciones superan las 150 por minuto… todo bien a más de 4200m… cifra nunca alcanzada por semejantes seres humanos.
Los océanos de algodón nos siguen acompañando hoy… la humedad de los bosques tanzanos, los cultivos de arroz, el café, las plataneras… todo acompaña a formar esa condensación.
Ganamos una especie de collado, ya vemos Lava Tower, y estamos a unos 4400m, las vistas son enormes, se condensan nubes en las paredes de la zona glaciar del Kilimanjaro. Hace frío.

Descenso hacia Baranco Camp.

En Lava Tower Camp vemos como algunas expediciones montan tiendas, pero no es para dormir: Les dan de comer a los clientes, en mesa, y dentro de estas tiendas-comedor. Paramos unos instantes a saborear el entorno… pero nuestros guías parecen tener algo de prisa… no lo llegamos a entender.
La noche anterior había nevado un poco y el ambiente es frío… las nubes proporcionan un aspecto de alta montaña sin precedentes… todo está húmedo y apetecen los guantes.
Comenzamos la bajada, cruzamos dos arroyos de aguas cristalinas… bajan directamente de los decadentes glaciares africanos.
Llevábamos picnic para este día: pollo, sándwich, crepé, plátano, zumo… y algo más. Una comilona a 4400m que sienta de maravilla.
Esta bajada empieza a encajonarse en un barranco. Una morrena impresionante nos deleita con imágenes muy sugerentes, y poco a poco nos va mostrando su belleza interior, con la cual quedamos muy sorprendidos: El Dendrosenecio kilimanjari y la Lobelia deckenii. Son dos especies endémicas que sólo se reproducen en este sector de la montaña. El primero, alcanza un porte bastante alto para tratarse de una altitud de 4200m… es increíble. Tiene agua en su interior. Vemos unas cascadas preciosas, hablando de agua, y la otra especie, la Lobelia, se abre durante el día y se cierra al anochecer. Recoge el agua entre sus hojas, y es de un verde brillante que proporciona al entorno una belleza especial. En Baranco Camp hay muchísimas de estas dos especies, y multitud de flora y otras aromáticas, y las podremos disfrutar durante todo el atardecer. Firmamos el control de llegada, como todos los días, nos alojamos, buscamos a los catalanes (hoy hemos conocido a otra pareja más, también catalanes), y comemos algo… nos aseamos.
En este campo hay helipuerto, y al día siguiente vimos un rescate: una chica, porteadora, se ha fastidiado un tobillo y nos adelantó a la espalda de otro compañero antes de arribar al campo. Las condiciones de trabajo de estas personas, son duras… y todo por nuestra culpa.

La noche en Baranco Camp.

Sencillamente espectacular. Descansamos en unas condiciones aceptables, está muy despejado, el cielo se tapiza de brillantes estrellas por todas partes, y los glaciares colgantes del Kilimanjaro amenazan con desplomarse para siempre un par de miles de metros por encima nuestra. Es la segunda noche rozando los 4000 metros… pero hemos estado unos minutos a 4500. Subir y bajar, es como estrujar una esponja antes de meterla en el agua… se supone que debes dormir mejor. Mañana, será otro día.

Nos despedimos de Shira Peak para siempre.

Shira Camp se queda, sucio como estaba, y todavía con tiendas.

Excelente paisaje volcánico. Superamos los 4000m.

Nuestro objetivo rondando la cabeza.

Nico le marca el paso a Isabel.

Nico y Wilfred, los dos guías con Fran.

Lava Tower, el camino bien marcado, y nuestros colegas catalanes.

Nada más que añadir, señoría. No necesitamos martillo.

Lava Tower Pass, 4500m. Nuestro techo... na, na, na...

Y toca bajar.

Lo de hace unos instantes, ya es historia alpinística.

A por la morrena.

El hielo es impresionante.

No somos nada... somos los nietos...

Desierto de alta montaña.

Restos de la nevada de la noche anterior.

Vida por encima de 4200m.

Con el estómago lleno y respirando mejor.

Al fondo se ve Barranco Wall.

Dendrosenecio, una especie mágica.

Cascadas.

Lobelia.

El entorno es cada vez más espectacular.

Nos adelantan con la porteadora a la espalda. Al día siguiente fue evacuada.

Campo III se puede acariciar.

Caseta de control del Parque. Firmamos.

Y el Kilimanjaro, su cima, siempre tan cerca... y tan lejos.

viernes, 30 de agosto de 2019

Kilimanjaro. El sueño tanzano. Capítulo II. Machame Camp – Shira Camp (3850m).


-Moorland, el páramo de la montaña de África.

Amanece en Machame Camp y hace frío. Charles nos trae una palangana de agua caliente. Ayer trajo 2, y le dijimos que con una es suficiente para ambos, hay que ahorrar agua; en los campos no hay y los porteadores bajan al río, que no está precisamente cerca, y la suben sobre sus cabezas en cubos de 25 litros que llenan hasta el borde. Parece increíble salir con el torso desnudo a casi 3000m de altitud y darte el lavado del gato con agua caliente y jabón. El cuerpo se seca solo… no hace falta ni llevar toalla. Charles… hiciste un trabajo excepcional con nosotros.
Desayunamos fruta, café, tortilla, crepés, tostada, salchichas; llenamos las vejigas de agua, nos preparamos y salimos a caminar… es temprano… muchas expediciones todavía continúan en sus tiendas, pues la etapa es corta y tenemos todo el día por delante.
Los porteadores se encargan de recogerlo todo, y luego te adelantan por el camino… con un peso brutal sobre sus espaldas y cabeza. En nuestro equipo van dos mujeres, Lightness y Jenipha, y triplican la carga que yo llevo.
El brezo (Erica, como le llaman en suajili) tapiza todo este entorno. Nos resulta increíble caminar a más altitud que la montaña andaluza en la cual dormimos recientemente para aclimatar, que es un verdadero desierto, y poder contemplar vegetación de más de tres metros de porte a tu alrededor. La fauna también es bastante variada.
En la etapa de ayer, el bosque tropical estuvo presente casi todo el día, y es una zona donde se puede ver algún primate, y sobre todo aves, como el papamoscas azul africano, que es precioso, y algún oportunista cuervo de cuello blanco, que se comía nuestras palomitas.
Cada minuto que pasa es emocionante, pues las vistas se amplían y el mineral volcánico se va haciendo más visible. Esta zona de vegetación ha sufrido bastante regresión, debido principalmente a los incendios.

-Shira Camp.

La llegada al campo donde pasaríamos la segunda noche se produce temprano: es mediodía. Tomamos sitio y damos un pequeño paseo para visitar Shira Cave. Las vistas del volcán Shira son estupendas. Un mar de nubes perdura casi toda la jornada… pero a la noche pudimos ver las luces de Moshi.
El campo es un vertedero, literalmente. La mayoría de las personas que pasan allí la jornada, no estiman el cuidado necesario para mantener el entorno natural lo suficientemente protegido como para que apenas se note nuestra presencia. Esto es un detalle bastante negativo para un paraje tan delicado como es la alta montaña africana, y a ello hay que añadir el tema de las letrinas. En este campo II hay varias… no las enumeramos, y suelen estar bastante llenas, no sólo de excrementos… ahí va a parar todo… hasta garrafas de agua vimos en el interior de alguna. El hedor es insoportable, de hecho, muchas ni siquiera las utilizamos… es un reto insuperable, y no vamos a arreglar nada por no hacerlo en el campo.
Hay docenas de cuervos, palomas, y algún ratón espabilado, de cuyas maniobras alimenticias disfrutamos largo rato. Saludamos a nuestros amigos catalanes (padre y dos hijos) y a nuestras amigas catalanas (Paula y Cristina). También nos alegramos de ver de nuevo a dos chicos franceses muy agradables, con los que coincidimos en ruta.
El hecho de que esta jornada fuese corta, resultó bastante beneficioso, pues los efectos del incidente de la cabina del avión, parecen olvidados. Lo que no se olvida es el incidente de la cámara de fotos: Anoche apareció encendida sobre la una y media, y la batería se ha agotado casi por completo… sin posibilidad de carga. Este viaje parece estar completo de sorpresas.

-La comida de altura.

Nuestro cocinero, Omary, es una persona muy alegre, y eso se nota en la calidad de la comida. A la hora de la cena, por ejemplo, nos metemos en la tienda y nuestro asistente, Charles, nos va acercando los platos: Ensaladas, arroz, carne, crema, verdura… todo junto. La cena este día fue exageradamente copiosa y exquisita. No queremos devolver comida… y la verdad es que por la noche no pegamos ojo. También contribuye a eso los efectos de la altitud… nunca hemos dormido a 3850m.
Dos días antes de volar, habíamos estado disfrutando del directo de Raimundo Amador, que se mantiene en plena forma a sus 60 años… es una delicia verle tocar sus viejas composiciones de fusión pionera de flamenco y blues… dos géneros que tanto nos atraen, mezclados con maestría con el estilo de este ilustre sevillano. De hecho, los guías escucharon en alguna ocasión canturrear aquello de: “Un potaje de habichuelas y una barra de pan, la cuchara en una mano, y la otra…” Pata Negra sonando a 4000m de altitud.
Al atardecer, las vistas de la cumbre del Kilimanjaro por un lado y el Monte Meru por el otro, llenan nuestro cerebro de momentos inolvidables, y no paramos de acordarnos de Fernán (Zaballa), del blog Gorbeaamets-ortzadar, pues nos conocimos en persona cuando terminaba su Transiberikanzehar a su paso por Tarifa, y casualmente, estaba haciendo la ascensión al Kilimanjaro, pero dos etapas por delante de nosotros. 
Esta noche, su grupo atacaría la cima de Uhuru, mientras nosotros aprovechábamos la pluma y la lana Merino para descansar. Mañana sabremos si de verdad estamos preparados por completo, o habrá que empezar a disfrutar de la bajada. Es una montaña muy alta… too high to explain.


Deslumbrados por el halo que desprende el Kilimanjaro.

Flores, a más de 3000m

Ya debemos estar a unos 3200m, y sigue habiendo bastante vegetación. El Meru está en erupción.

Una jornada bastante deliciosa.


Con Wilfred, nuestro guía, entre brezos, a más de 3000m.

El mar de nubes es diario.

Los porteadores hacen un trabajo increíble.


Letrinas en una zona intermedia. A unos 3400m, o algo más.

En Shira Cave, a 3750m. Wilfred, Nico y Kelvin.


Que cerca se ve, y que lejos nos quedó.

Bajo esas nubes, Moshi.

Las enormes tiendas comedor de algunas empresas.

Se alargan las sombras... y la sonrisa.



Como si de una isla se tratase, y 4600m que alcanza.


El sol se oculta a las 18:30, tras Shira Peak. Otro volcán.


lunes, 26 de agosto de 2019

Kilimanjaro. El sueño tanzano. Capítulo I. Un largo viaje para acariciar el techo africano.


-La ciudad de las culturas.
Despegamos desde el pequeño aeropuerto malagueño para aterrizar en el flamante aeropuerto internacional de Estambul. Una obra de ingeniería de dimensiones bíblicas, no por menos, se trata del ombligo del mundo… la ciudad que une dos continentes, varias culturas, y donde convergen en sintonía las religiones más importantes del ser humano… aunque todas son importantes.
Este nuevo aeropuerto absorbe la friolera de 2000 vuelos al día. Supera en 500 vuelos al de Atatürk, que era considerado el quinto más importante del mundo. Volamos con Turkish Airlines, la primera compañía del mundo en cuanto a destinos.
Estambul es la ciudad que tienes que visitar al menos una vez en la vida. Llevaba años soñando con ver las aguas del Bósforo… y por fin… aunque muy decepcionado por la cantidad de basura que albergan sus orillas, pues el ser humano no tiene remedio, pero hemos podido escuchar las llamadas a oración de los muecines, que acarician el aire a cada momento, ya que en esta región hay más de 3000 mezquitas. Es una ciudad asombrosa, llena de colores, olores, gentes… y agua… su. Su, es un disco de Mercan Dede, de 2004, recuerdo que fue número uno en las listas europeas… por aquellos años, Ramón Trecet fue quien me dio a conocer este trabajo, y junto a otros de Omar Faruk Tekbilek, llenaban las horas de mi vida… en este viaje he dado sentido a cosas que escuchaba hace 15 años, y ahora comprendo más esta maravillosa música, y la relación que tiene el islam con el flamenco… la música tradicional de mi tierra.
El paso por la ciudad de los dos continentes ha llenado de vida y fuerza nuestro espíritu… hemos vuelto más islamistas. 

- El extraño incidente de la cabina del avión.
Serían las 00:30, hora de Estambul, y nuestro avión viajaba a casi 11.000 metros… recuerdo que me levanté con mareo… el pasaje duerme… voy por el pasillo hacia la parte trasera de la cabina, abro los ojos y alguien me pregunta si estoy bien, a lo que contesto que si… no sé qué ha pasado… vuelvo a abrir los ojos, y dos miembros del personal de cabina me sujetaban las piernas en alto, mientras yo estaba echado en el suelo, mareado, y con un dolor en la sien, que permaneció unos días… había golpeado de cabeza contra algo, o alguien… no lo sabré nunca. Perdí el conocimiento, por una lipotimia, sin causa ni motivo aparente. Tantos meses de preparación, un largo viaje, y todo parecía dar al traste en aquel estrecho pasillo. Aterrizamos en el aeropuerto internacional del Kilimanjaro, sobre las cinco de la mañana. Todavía mareado arreglamos la visa, nos toman las huellas, y nos hacen el documento provisional de inmigración, válido para 3 meses. 
Nos llevan en coche al hotel… ciclistas sin luz, a los cuales adelantamos a apenas centímetros, motos que vienen de frente y que se tienen que apartar ante los adelantamientos de nuestro conductor, niños de unos 7 años caminando solos hacia el colegio cuando todavía no ha amanecido, personas corriendo por el arcén, no con afán deportivo, si no para acudir a su faena diaria… el viaje dura una hora, pero conlleva emociones para una semana… llegamos al hotel, desayunamos… la fatiga y el mareo no se me pasa… adiós, Kilimanjaro… he llegado a tus pies, y por algún extraño motivo, mi cuerpo no me permite saborear tus laderas, barrancos, torres y glaciares. 

- La entrada por la puerta Machame.
1800m de altitud, a los cuales llegamos en un autobús que nos recogió en el mismo hotel, el cual conducía un joven tanzano con muchísima prisa. Da igual que vengan de frente motos, bicis… se tienen que apartar… o un rebaño entero de ovejas… las cuales estuvieron a punto de salir volando.
Nos preparamos, firmamos, comemos… y los porteadores pasan por la báscula. El máximo permitido por las autoridades son 20 kilos por cabeza (o espalda). Acostumbrados a ir solos a la montaña, nos resulta extraño comenzar a caminar acompañados de 12 personas: 9 porteadores, un cocinero magnífico, y dos guías… uno para cada uno de nosotros.
El bosque de montaña es espectacular, y nos quedan por delante 5 horas hasta Machame Camp
El camino está totalmente urbanizado y es muy cómodo… no tiene pérdida ninguna, pues no existe otra posibilidad. Helechos de unos 4 o 5 metros de altura, y otras especies arbóreas realmente impresionantes en porte y espesura. Hemos pasado de los 2500m de altitud, y el bosque no merma en tamaño, esto es increíble. 
Al llegar, ya teníamos la tienda montada y nuestro equipaje dentro. Estamos en Machame Camp, a 2835m de altitud. El cuerpo responde bastante mejor que ayer, tras aquella pesadilla a 10585m de altitud, pero hay algo en mi interior que me dice que no lo conseguiré. El páramo del Kilimanjaro nos sorprende por su hermosura… sólo por eso, ya ha merecido la pena llegar hasta aquí. No lo podemos considerar un fracaso, de ninguna de las maneras.
Descansamos esta noche en nuestros mullidos sacos, porteados con cariño por Kelvin, con las cremalleras abiertas… es invierno en Tanzania, pero estamos muy cerca del Ecuador… aspecto que nos tiene desconcertados y desorientados totalmente… no sabemos el rumbo hacia Andalucía… tener el sol tan alto resulta un poco extraño. Las luces del atardecer, rodeados de brezos de 5 metros de altura, es mágico. Mañana será otro día… esperemos que el cuerpo se haya recuperado del todo… esto es exigente.


Aeropuerto.

Mezquita Azul.

Tumba del Sultán Ahmet.

Interior de la Mezquita Azul.

Mezquita de Sofía.


Puente de Galata. Navegando por el Golden Horn. Bósforo.


Taller de coches en Moshi. Tanzania.

Bosque del Kilimanjaro a más de 2200m de altitud.

Nico acompañando a Isabel.



Machame Camp. Lugar donde pasamos nuestra noche en la salida del bosque.

Va cayendo el sol, a las seis de la tarde.

Páramo del Kilimanjaro. Casi 3000m de altitud y los brezos superan los 5 metros.

Cae la luz con el Monte Meru, de 4600m de altitud, asomando por encima de las nubes.

Y por fin vemos la cima del Kilimanjaro y sus nieves perpetuas.