viernes, 14 de abril de 2023

A vueltas por La Covacha (2394m) Sierra de Gredos.

Parte 1. El agua.

Salimos de la Bahía norte de la más meridional de las provincias de la península cuando eran poco más de las ocho de la mañana del primer día del cuarto mes del año. Crucemos pues, varios ríos, antes de ponernos a caminar… y el primero será el Guadalete, seguido del Guadalquivir… y así hasta el Tormes, y la Garganta de los Caballeros, por donde discurriremos paralelamente… pero eso sería a partir de las tres y media de la tarde… o más… una fresca, nublada y hermosa tarde.

¿Comenzar una actividad de montaña tan tarde? ¿Y por qué no? No existe ningún compendio de seguridad en montaña que aconseje lo contrario, siempre que tengamos bien definida la ascensión.

Recordábamos dos refugios en esta garganta, pero desconocíamos por completo el estado del primero de ellos, en el cual pretendíamos pasar la noche. En Cádiz ya aprieta el calor como si fuese verano… pero en el sistema central, la cosa cambia a mejor. Comenzamos con buenas sensaciones y algo de incertidumbre, pues hay siete coches en el aparcamiento; los que caben.

Pronto comenzamos a cruzar con senderistas que vienen, en el más alejado de los casos, de la chorrera de la Lancha, el Lanchón, u otro nombre que no recordamos. Un grupo de pequeños Scouts muy alegres y agradables nos preguntan por un árbol raro… era su referencia… a lo cual respondimos que iban bien… sin saber siquiera de que ejemplar se trataba… hay que dar ánimos aunque no se sepa la respuesta acertada. Y comentar que al final no llovió nada.

 

Parte 2. La piedra.

El camino es conocido, de hace tres años, pero los recuerdos se desvanecen… por eso repetimos… pero nada más empezar se refresca todo al milímetro.

Roquedos verticales sirven para que se busquen la vida los pequeños aviones roqueros, que por aquí son residentes, y en Cádiz sólo invernantes; y un roquero solitario, como un señor de Plasencia, de donde vino la ciencia… que nos cruzamos. Fue la única persona que este sábado alcanzó la Laguna de los Caballeros. Seguimos caminando por este empedrado granítico tan atractivo más solos que las propias piedras.

De piedra en piedra iban saltando las cabras montesas de Gredos cuando vislumbramos un pequeño refugio a la diestra… ese es nuestro rincón exquisito: Llanaíllas. De piedra seca, nada hermético, techo de escobas, puerta de chapa, bancos de madera, pequeña ventana al este, redondo de planta… muy confortable para dos.

Los bolos rodados del río son suficiente entretenimiento, así como los inquietos escribanos montesinos. Las victoriae, campan por el roquedo, a norte y a sur. Nos sirven de distracción mientras vamos acomodando el material en el interior de este hogar… tan dulce y tan mineral, y con la puerta tan baja que nos obligó a varias sesiones de yoga al llegar a casa.

 

Parte 3. El viento.

Muros nos rodean, y algunos restos de hierro de vete a saber. La noche es fría, pero más cálidos son nuestros sacos… la carrera está ganada y dormimos como troncos.

Sueños profundos que entran entre los huecos libres de las paredes como ráfagas de guitarras y teclados de una banda neerlandesa llamada Altin Gün, aunque aquella noche sólo soplase el viento. Estos chavales sorprenden bastante con su estilo de rock-folk turco. No se si definirlo así… escúchalos y haz tu propia valoración.

Se hace la luz y salimos del saco a desayunar… Isabel protesta porque abro la puerta… no se puede ser tan friolera a estas alturas del disco, si el refugio es un colador… ¡que más da la puerta! Podemos asegurar que en ninguna venta hemos desayunado mejor de lo que lo hicimos en ese refugio de pastores. El menú nos lo vamos a reservar para no crear malos rollos.

Nueve y cuarto… vamos ya de camino a la mina de blenda… allí siguen los engranajes de hierro, que pesan más que una persona. Se abre el valle y se vislumbra el Juraco y nuestro objetivo. Levantamos agua de majá Baera y dejamos la mayor cantidad de equipamiento en el refugio de arriba, para ir más livianos.

Unas treinta cabras montesas descansan placenteramente junto al camino, hasta que llegamos nosotros irrumpiendo su tranquilidad… cosas del oficio. La mañana es fría… el viento se encarga de ello… y lo agradecemos enormemente.

 

Parte 4. Las vistas.

Pozas, saltos de agua, pasto, matorral bajo, fauna, soledad absoluta… todo pinta muy bien hasta que alcanzamos la Laguna de los Caballeros… las vistas no pueden ser más exquisitas. Rodeamos la hermosa laguna por su orilla derecha. ¿Cuál es la orilla derecha o la izquierda, de una laguna? A saber… nosotros por la derecha… Left Hand Path, como dijeran Entombed. La ladera que va hasta la divisoria extremeño-abulense es “castañosa”, y cruza una veta de cuarzo mortal. Mortal, porque te dan ganas de llevarte todas las piedras en la mochila… lo cual podría causar tu muerte prematura… aunque eso depende de tu edad.

Las vistas desde el collado no pueden ser más exquisitas… total, si desde aquí vamos a ver lo mismo que desde esa maldita cumbre… ¿para qué seguir subiendo? Dicho y hecho… seguimos subiendo. La cosa se pone “pindia” por momentos… manos, para qué os quiero. Aparece algún “neverín” residual, y no parece tener final esta hermosa cumbre.

Las vistas no pueden ser más exquisitas (3), y era ya casi la hora de comer… casi las dos de la tarde… casi 2ºC y viento… así que nos acomodamos como montañeros que somos, en la misma cumbre… ni un centímetro menos. Cáceres a una parte y a la otra, Ávila. La Sierra de Béjar, un tomate, queso extremeño, Salamanca, la Laguna del Barco, chorizo ibérico pacense, el Almanzor, pan de Tahivilla (Tarifa), La Vera y su pimentón… menudas vistas… no pueden ser más exquisitas. El Primus arde a gusto recogido entre minerales más duros que el acero… acero de una Opinel que me encontré en la Garganta de Bohoyo hace más de un año, y que vuelve a estas tierras a cortar tomate… hacemos un té rojo, hablando de tomate… y aquí estamos muy a gusto… “habré vencido si me abrazas”, parafraseando a Santero y Los Muchachos.

Tras una hora (de reloj) en la misma cima de La Covacha, a la cual llegaron tres de Talavera justo cuando habíamos terminado de comer (menudo banquete cimero), bajamos unos metros y mientras Isabel se repliega, intento dar diana en el geocaché de esta cumbre… sin gps, porque por enésima vez, no supe hacerlo (Santero de nuevo), y ni cargué el track ni los geocachés. Conectar el gps al ordenador, definitivamente, no es lo mío… pero nos va bien… estamos bien… y el geocaché apareció, y no estaba precisamente a la vista.

 

Parte 5. El intruso.

¿Quién es intruso? En la misma cumbre, un bando de 13 cuervos grandes aparecieron por Las Azagayas sobrevolando El Poyo, Covacha, Juraco, Cerrojillo, y llegando hasta El Corral del Diablo; durante la retirada vimos cabra montés de Gredos, escribanos montesinos a sacos, colirrojos tizones, y sólo y si acaso media docena de buitre leonado. Un águila allá a lo lejos, totalmente estática a contra viento, por encima justo de la Cuerda del Prado… cerca del Cancho. Los animales nos observan, igual que nosotros los observamos a ellos.

Dentro del refugio de La Mina, se podría estar mucho más cómodo si no fuese por las basuras que dejan algunos, pensando que les pueden servir a alguien. Hicimos la colada en el río… para quitar el polvo a sendas colchonetas que forman parte del mobiliario… el sol se encargó de secarlas bien… sobraba día… sobraba día incluso para regresar al coche… pero ¿qué se nos ha perdido en la civilización? Ya habrá días… ya.

Cae la noche y la temperatura se desploma… los treinta Scouts que duermen en la laguna… de entre 12 y 15 años… van a pasar algo de frío.

De noche, mientras dormíamos invadidos por el sopor montañero, alguien estaba activa… una pequeña intrusa… pero, ¿quién es en realidad el intruso? ¿A caso no somos intrusos los que venimos aquí a irrumpir la vida de otros seres con el mismo, o incluso más derecho que los que usamos zapatos? ¿Será el mismo ratón de hace tres años? Vino a intentar abrir la bolsa del pan… pero el sonido del plástico la delató. Le pusimos algo de comer, y por la mañana ya no estaba la comida en su sitio… y el pobre animalillo nos dejó tranquilos. Ella no es una intrusa… somos nosotros… ella sólo quería llenar su despensa. Y la tuvo que llenar bastante, pues le dejamos de todo cuando nos marchamos de allí tras un copioso y lujoso desayuno. Queda muy bien escribir en el blog aquello de: “tras un frugal desayuno…” ¡Que demonios! Nos pusimos como el Kiko… como intrusos que irrumpen en un banquete al que no están invitados.


Hasta aquí llegó el coche.


PR 40 AV

Entre rebollos.

La chorrera del Lanchón.

Tarde fresca.

Zona de colonias de avión roquero.

Pozas de la Garganta de los Caballeros.

Usa filtros para tu fotografía.


Aguas arriba.

Aguas abajo.

Levantando aguas.


Peñas de colonias de avión roquero.

Cruzando aguas.

Volviendo a cruzar aguas.




Laguna de los Caballeros. Fin del PR AV 40

Orilla derecha.


Rampas finales.



VG La Covacha. 2395m. 2ª cumbre de Cáceres.


Laguna del Barco.






Refugio de La Mina.


Las personas se merecen el mismo respeto que le dan a la montaña.

lunes, 20 de marzo de 2023

Desde Navezuelas al pico Villuercas, por la senda de Alfonso Onceno. Geoparque Villuercas-Ibores-Jara.

Este espacio natural, que comprende tres comarcas cacereñas, fue declarado Geoparque Mundial de la Unesco en 2015, dos años antes de nuestra primera visita al mismo. Es de los pocos geoparques de la península, y es de unas cualidades geológicas únicas en España. Aquí podremos contemplar unas sucesiones de valles sinclinales y anticlinales paralelos, de manual. Estos relieves, compuestos de cuarcitas armoricanas formadas en el ordovícico inferior, han sido nombrados como relieves Apalachenses, y son formas que no se dan en otras zonas de la península. Es uno de los motivos por el que nos gusta repetir visita a este increíble geoparque.

Como la vez anterior ascendimos a este pico desde Guadalupe, hoy lo hacemos desde una pequeña y muy acogedora población enclavada en el valle anticlinal del Almonte. Este anticlinal no es más que una megaestructura de plegamiento originada en la orogenia Hercínica. De esta manera, decimos adiós a futuras ascensiones al pico Villuercas, no por falta de atractivo, sino porque el Parque es mucho mayor y hay cantidad de geositios todavía por explorar, al fin y al cabo, la cumbre es lo menos importante en cuanto a biodiversidad, de todo un territorio, y ya la hemos ascendido por la sur y por el norte… y ambas caminando.

Este Geoparque no está exento de notas negras… aspectos negativos en cuanto a materialización de un proyecto de conservación real; y con esto nos referimos al hecho de haber asfaltado completamente la antigua carretera militar que llega hasta la cumbre para facilitar el acceso del turismo; por un lado… y por otro lado, a la permisividad de circulación de motos de enduro por senderos históricos, como la mencionada en el título, Ruta de Alfonso Onceno. No es de recibo permitir esas tropelías mecánicas por estrechos vericuetos de una diversidad geológica y biológica tan importante. Las huellas de tacos por encima de icnofósiles de más de 450 millones de años… es para estudiarlo, cuanto menos.

Pero bueno, nosotros arrancamos temprano… no eran las ocho y cuarto, y hacía una temperatura que ni llegaba a menos dos grados. Preguntamos a un paisano por el comienzo del camino… pues como otras veces, un error de desconexión del gps con el ordenador, hizo que se borrasen track y los 20 geocachés que llevaba. Así que… a ojo… y sin mapa. El hombre, más amable que la mar, nos acompañó hasta el comienzo del sendero, y eso que él no iba en esa dirección… él iba al consultorio médico, que estaba justo al lado de nuestro hotel. Por eso decimos: id a las Villuercas.

Otro paisano, con cubos llenos de comida para los cerdos, al comienzo de la vereda, nos saluda al paso, y nos explica porqué sale tanta agua de una tubería que hay frente a su parcela… agua limpia, potable… la que rebosa de los depósitos. Al poco de salir de Navezuelas, un martilleo ametrallador con caja de resonancia de madera irrumpe el silencio de la helada mañana… un árbol seco, muerto pero erguido intentando alcanzar el cielo, sonaba… un pico picapinos, negro, blanco y rojo, se agarraba a su vertical y grisácea madera mientras golpeaba con su poderoso pico emitiendo música ambiente. Ahí sacamos el prismático… y lo volvimos a guardar, si no, no avanzamos. El prismático, mejor dentro de la mochila, ya que los pájaros los carga el diablo.

Vamos avanzando en constante subida por un empedrado medio destrozado (las motos). El entorno es realmente bucólico y el silencio lo copa todo, pero de vez en cuando, algún petirrojo dice algo ininteligible. Y llegamos al collado de los Ajos… ¡que bien!, ya estamos a 1200m, y sólo quedan 400 de desnivel… pero el camino abandona el anticlinal del Almonte y se adentra en lo más profundo del sinclinal del Viejas-Torneros… hay que bajar hasta el fondo de este valle… ¡sorpresa! 

Al llegar al cauce paramos a calentar el estómago, que ya iba quedándose sin vida. Junto al agua se come mejor, pero no vuela ni un pájaro… la fauna se funde con el paisaje. Al continuar la marcha la cosa cambia y empezamos a ver actividad en el bosque… y poco a poco el arbolado deja paso al matorral de montaña: jara, brezo… y llegamos a la tediosa carretera cc-437. A partir del pozo de las nieves, todo es por asfalto.

Desde el pico Villuercas hay unas panorámicas excepcionales, aunque bastante desvirtuadas por las construcciones de la cumbre. Sólo nos queda disfrutarlas este frío día de finales de febrero, comprobar como desde aquí se ve la ciudad de Cáceres, y emprender la bajada por el camino directo a Navezuelas, pero antes, habremos de gestionar una serie de cachés geológicos, con los que hemos aprendido tanto en esta excursión… el Océano Reico, por ejemplo, cuyas arenas podemos tocar todavía hoy. Tan importante es esta cumbre que aquí se separan las aguas que van al Guadiana y al Tajo.

Bajando, nos acercamos al nacimiento del río Almonte, el más importante de esta comarca y uno de los más importantes afluentes del internacional río Tajo. Estamos sobre una enorme pedrera de cuarcita armoricana fracturada bajo la cual se escucha el agua del Almonte, que discurre sobre una placa de pizarra impenetrable; y ya sólo nos queda hablar sobre la última obra de los castellonenses Dry River, (por aquello en lo que este nacimiento se parece a un río seco) que con su rock progresivo en castellano, han rendido homenaje a uno de los grandes letristas del carnaval gaditano. Un profesor de filosofía muy querido en la ciudad de Cádiz, y que supo abrazar la ironía y la crítica directa a quienes hacen sufrir al pueblo, con letras y músicas carnavalescas de las mejores que hemos escuchado nunca. Desde luego, si alguien me pregunta alguna vez quien es el autor de carnaval que más me gusta, la respuesta sólo puede ser una… desde hace muchos años… desde aquellos Tintos de Verano… aquellas Ruinas Romanas de Cádiz… Dry River hacen honor a Juan Carlos Aragón en una canción que sólo podía tener un título: Capitán Veneno.


Por las calles de Navezuelas. 8:13.


Mural fosilizado.

Comienza camino de Alfonso Onceno.

Pico picapinos.

Los primeros haces de luz.

Empedrado destrozado.

Muy deteriorado el camino, por las motos.




Pedreras infinitas de cuarcitas.

Los relieves apalachenses.


Nieve en las zonas de sombre.

Cruzianas de manual.


Por el sinclinal del Viejas.

Parada a reponer.


El espectacular sinclinal del Viejas-Torneros.

Las arenas del océano Reico.

VG. Villuercas.

VG. Villuercas.


Nacimiento del río Almonte.

Cometa roja.