sábado, 23 de mayo de 2026

Mulhacén y cerro de los Machos.

“Arranco, de mañana en un alarde de ganas de vender algo de insomnio, y paso por tu puerta sin rendirte honores”. Marea.

El día amanece bastante ventoso en cotas altas en Sierra Nevada, y cargado de insomnio tras haber dormido en el maletero del focus. Desayuné a las siete, algo de fruta, 3 huevos, frutos secos de cáscara y café. Café solo, sin azúcar… el café con azúcar no es café.

El día anterior estuve ayudando a identificar pagazas piconegras a unos fotógrafos muy buenos que me encontré en la Laguna Dulce, pues las estaban confundiendo con charranes o charrancitos, en Campillos, donde me detuve una hora para deleitarme con somormujos lavancos, fochas comunes, zampullines cuellinegros, avefría europea, aguilucho lagunero (hembra), incluso malvasías cabeciblancas (sí, la Oxyura leucocephala). Es increíble cómo está la laguna… tras haberla visto completamente vacía el año anterior.  

Pero dejemos las aves lacustres y comencemos con las de alta montaña, pues por la mañana temprano ya vi un bando de chovas piquirrojas.

No eran las 8:30 y la mochila ya estaba acoplada a la espalda, con botas rígidas, las mismas Asolo de 2002 a las cuales se les despegaron las suelas en este mismo lugar hace justo un año, cuando Isabel tomó un vuelo hacia Egipto y yo aproveché para aquella toma de contacto nevadense… y esta vez, y a esta hora, Isabel ya estaba en Uzbekistán… y el menda lerenda, aprovechando de nuevo la nieve… los últimos coletazos de nieve, pues ya estamos en mayo.

Es bastante desagradable ascender por estas inclinadas laderas, hacia el Veleta, y con ese viento feroz que a punto estuvo de tirarme al suelo varias veces. Aproveché el sendero al máximo, sin meterme en nieve… no lo deseaba; pero tarde o temprano, el crujiente manto níveo era violentado por mis recientes Vibram Clusaz. ¡Vaya pedazo de pisos! En la zona donde la “despegá” del año pasado, hay una cornisa que echa pa´tras, literalmente, si no quieres acompañar a las collalbas grises que campean ladera abajo.

Desde las Posiciones del Veleta, y la entrada al Veredón Superior, que ni se intuye, hay una vista demoníaca de la norte del Veleta, el Canuto y Los Machos.

“Se hace largo el camino sin ti, y al diablo, que ya no quiero seguir, y sin pedirle nada a cambio al Diablo, el alma le di”. Extremoduro.

Unos ingleses jóvenes me preguntan por el Veleta… les guié hasta donde, para ellos, era más seguro acometer la empinada subida, y yo continué atravesando las pistas hacia la Carigüela… paré a cambiar el plumas por el Gore-Tex (sí, hasta aquí anduve con el plumas), y a ponerme hierro en las botas. Era incómodo parar a comer algo y llevaba ya tres horas de marcha. No consumo geles, ni azúcar, ni piltrafas envasadas tipo barritas, por lo tanto, necesito parar de verdad a comer queso y embutido, huevos… 

Ya hace un rato que no veo a nadie, pues todos tiraron para la cumbre del Veleta, y por fin alcanzo la Carigüela, pero ¿Dónde está el refugio? Busco un lugar por donde bajar de este collado, llegando incluso a plantearme volver hacia el coche… estaba la cosa chunga. No se ve nadie por toda la vertiente sur, sólo alguna chova piquirroja.

Laguna de Aguas Verdes, casi cubierta; paso de los Machos, algo complicado; el portillón de los Raspones de Río Seco, ni se reconoce; las lagunas de Río Seco, cubiertas por completo… el viento sigue azotando… la una y media y sin poder parar a comer… me asomé a las nortes en el collado del Lobo… y vi una pareja, posiblemente criando, de avión roquero… el pequeño Ptyonoprogne rupestris. Atrás dejé varias collalbas grises alimentándose en los neveros… buscan insectos congelados… pues como tú cuando vas al frigo, ¿Qué creías?

Pues nada… que me quité por fin los malditos crampones, cerca de Villavientos, por el tramo oeste de Loma pelada; reventad y hambriento, por fin me siento a comer algo en el refugio a las tres y pico de la tarde. Fuera no se puede estar… es desagradable y bello a partes iguales.

“Que sólo el viento me sirve de guía, por los caminos de las utopías”. Extremoduro.

Y a las 16:30, o no lo eran, salgo del confortable Villavientos y le meto bota a una huella que va hacia la Caldera, alcanzando, y sin crampones, la cumbre del anhelado y conocido Mulhacén, a las 18:30. Dos horas… lo que calculé desde el refu.

Ni acentores alpinos había en esta solitaria cima nevadense de unos 3482 m de altitud… y yo, parafraseando a Eels… “I like Birds”.

¿La bajada hacia la Caldera?... no sabría cómo describirla… sin crampones y a toda mecha… ni 15 minutos. Parafraseando a Leiva, “Cómo si fueras a morir mañana”. Y en la Caldereta saqué mi filtro Msr para captar un poco de agua para el desayuno y una tila nocturna. Ya no me quiero jugar nada…

El juego de las nubes y la montaña está precioso en esta jornada de primeros de mayo… un lunes al sol, pero bien expuesto al viento… las fotos engañan con su silencio. Silencio que me acompaña nuevamente hasta el mismo refugio… sin ganas de ponerme los crampones, pero con una nieve que se acababa de endurecer como por arte de magia… la magia que le proporciona la sombra de Loma Pelada. La cena, maravillosa… queso de Tierra de Barros (Badajoz) y embutido del mismo territorio (nos lo trajimos de Hornachos). Dicho sea de paso que llevamos muchos años sin comprar queso en Cádiz.

Tuve que atrancar la puerta de chapa con un peñasco, para que no vibrase con el viento feroz que limpió Sierra Nevada a base de bien esa noche… maldita noche, de nuevo sin pegar ojo.

A las 7:28 estaba saliendo del refugio, con los crampones más apretaos que los tornillos de un submarino, y con cautela, disfrutando de luces vibrantes y tonos de nieve teñida de marrón por las tormentas cargadas de arena del Sáhara, que se acentuaban con los primeros rayos solares. El viento no cesaba.

Fui avanzando rápido y quemando fotos (más que nada, por si caigo ladera abajo, que pueda la familia recomponer mi último recorrido por la vida), y una vez dejado atrás el fatídico Paso de los Machos, dudé, pero me decidí a dejar la mochila en el duro manto blanco y meterle estopa al cerro de los Machos. Se ha formado una pala de libro en la ladera suroeste, con hielo de mañana bastante delicado. No te puedes permitir un resbalón… pero ya iba sin mochila, y la sensación mejora. Alcanzo la cima y no se divisa un atisbo de humanidad en toda la montaña. Mereció la pena el esfuerzo, y al bajar, vi acentores alpinos y collalbas grises por la nieve.

La remontada de la Carigüela del Veleta fue extenuante y de mucha tensión, además. El resto de bajada hacia Hoya de la Mora, sin mucho interés alpinístico, sólo que me encontré con un montañero de Almería que se ponía los crampones, y paré a su lado a quitarme los míos… y hablando, me notificó la desgraciada tragedia de una chica que murió dos días antes haciendo la norte del Mulhacén. Nuestro amigo Dani estaba precisamente en la montaña ese día y vio el helicóptero. Descansa en Paz, Cris.





































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