Un
día después, la luna, estaría especialmente grande y brillante, y para los
habitantes de zonas costeras, con la cantidad de contaminación lumínica que
tenemos sobre nuestras cabezas, es más atractivo disfrutar de ese momento
estelar, si nos separamos del mar y ascendemos, aunque sea un poco.
Hace
calor para andar por la montaña, pero la noche, es fresca y agradecida con el
esfuerzo, además la luna salió pronto, y se despidió del sol mientras nosotros
aprovechábamos para inmortalizar esos momentos.
A
media noche, se podía caminar por la caliza, sin necesidad de iluminación
artificial, y las poblaciones que rodean la montaña, en lontananza, son
perfectamente visibles.
El
momento del amanecer, es único, y no solo por los anaranjados tonos de levante,
si no, que incluso es más espectacular contemplar, de nuevo, el cono de sombra
que proyecta sobre poniente, la montaña sobre la que nos encontramos.
Esta
ha sido nuestra particular forma de abrir una puerta hacia el verano,
recordando a Joe Satriani, con una de las composiciones de su álbum Unstoppable
Momentum… los que lo conocen, saben a que tema nos referimos.