viernes, 17 de agosto de 2012

CURAVACAS (2528m)


Nuestra cuarta ascensión en este periplo por el NW Ibérico nos lleva a tierras de Palencia, al Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre – Montaña Palentina. Pernoctamos en Cervera de Pisuerga, por lo que salimos temprano hacia la pequeña población de Vidrieros, donde podemos dejar el coche en la recogida placilla en la que hay un bar y una pequeña iglesia de ladrillos vistos.
Caminamos unos metros por donde mismo hemos venido hasta tomar el primer carril que vemos a la derecha, a través del cual salimos del pueblo en un ascenso poco pronunciado.


 Al llegar a un cruce de carriles en “Y”, tomamos el de la derecha, en un marcado rumbo N, y que apunta a la base de una montaña rocosa de un tono verdoso y con una silueta vertical imposible de subir a pie: ¡ese es el Curavacas!


Ahora la subida empieza a tomar grado, y circulamos paralelos a un precioso arroyo que baja del Curavacas; es el Cabriles, y para ser julio, baja con abundante agua.
El caminar discurre por un cauce, que suponemos que en deshielo, estará ocupado por el agua que ya no cabe en el Cabriles. En unos 45 minutos o algo más, habremos alcanzado un prado, desde el cual vemos la cara Sur del Curavacas un poco más accesible de lo que nos pareció hace un buen rato… pero solo lo parece. Al cruzar el arroyo, pasaremos junto a una surgencia de la cual podemos y debemos abastecernos, a la ida y a la vuelta, pues el agua está muy rica y hay que aprovechar los minerales que nos ofrece la naturaleza.


Ya va empezando a subir la temperatura, comparado con los 5 ºC que hacía en Vidrieros a las 8 de la mañana. Nos alegramos de haber madrugado, es más, nos arrepentimos de no haber madrugado más. A los 200m de haber pasado el manantial, nos fundimos en la pedrera baja, compuesta por bolos rodados de roca caliza y granito, que nos hacen pensar en la presencia de mucha cantidad de agua, como si las piedras proviniesen de un río. El avance por esta pedrera es muy penoso y agotador, ya que no pisamos un suelo sólido y el terreno está bastante inclinado. Los bolos van cediendo a nuestro empuje y parece que vamos para atrás, en vez de progresar en positivo.


Voy midiendo la velocidad de ascenso, que es de unos 400m/h. No parece que nos queden 1000m de desnivel hasta la cumbre, así que pienso: dos horas y media más y estaremos arriba.
Pasamos a la segunda y más inclinada pedrera, que va entrando al Callejo Grande, y la dificultad va ganando terreno al disfrute de la subida… el dolor puede resultar agradable, a veces, de hecho, el dolor causado por la práctica deportiva es beneficioso para nuestro espíritu… al aproximarnos a las paredes que encierran el camino en una zona angosta y vertical, vemos de donde proceden los bolos de la pedrera por la cual hemos ascendido.


La montaña es un conglomerado de cantos rodados, y es Isa la que llega a la conclusión de que esta zona en el cuaternario tuvo que ser un gran río, y al plegarse el suelo y elevarse a 2500m, se llevó consigo todas estas piedras, que son las que, en esta época, vemos incrustadas formando una serie de cabalgamientos y fallas normales que omiten serie estratigráfica y una serie de retrocabalgamiento que 


configuran todo el macizo del Curavacas. Estamos llegando a una zona en la que es necesario trepar para ascender, y entra en juego el problema de vértigo de Isabel, que la obliga a buscar un hueco y quedarse allí a esperarme a que yo haga cumbre, pues la bajada puede resultar complicada.


Llego a un portillón, acompañado por tres montañeros burgaleses (padre y dos hijos), que nos han alcanzado en la ascensión; por aquí se pasa de la vertiente Sur a la Norte, en el cual, debido a que es la parte alta de un corredor, y con orientación de umbría, han ocurrido varios accidentes fatales en épocas en las que el frío congela el suelo y el resbalón se produce en el peor sitio y de forma inesperada.


Se trata del punto negro del Curavacas. Pasamos este angosto tramo y sólo nos queda un leve caminar suave, sin peligro, que va girando buscando el Sur hasta llegar a la ansiada cumbre.


La panorámica que nos ofrece esta montaña es de lo más espectacular que he visto. Tenemos Picos de Europa al Norte, y con unos prismáticos identificamos rincones como La Vueltona, El Cable (la estación superior), Cabaña Verónica, Horcados Rojos, Llambrión, Peña Vieja… no se si he dicho ya 


espectacular, pero es que es espectacular… por supuesto vemos el singular Espigüete, que lo hemos dejado para nuestra próxima visita a Palencia, y también se distinguen la Sierra de la Demanda, con el 


San Lorenzo (techo Riojano),  El Pozo del Curavacas, laguna de origen glaciar; Pico Murcia, Mojón de Tres Provincias (convergencia de Cantabria, León y Palencia), el Pico Tresmares, situado en la 


cordillera cantábrica, y curioso por ser la única montaña dentro de la Península Ibérica, con divisoria de aguas a más de 2 mares, pues al Norte arroja al Cantábrico, al SW al Atlántico (Pisuerga y Duero) , y al SE al Mediterráneo, a través del río Híjar, que tiene una surgencia que forma el nacimiento del Ebro.


Tras aprender un poco de la sabiduría montañera de estos 3 burgaleses, me bajé a buscar a Isabel, y refugiarnos aberronchados al rocaje, para degustar nuestro bien merecido almuerzo a base de productos de la comarca y buen pan del Pisuerga.


La diferencia de temperaturas entre el amanecer y el medio día solar, es abismal, y hay que descender con premura, ganando en intensidad de marcha, como la canción Escape, del grupo británico Muse; y


 por efecto del calor, volviendo a bajar el ritmo, igual que sucede con la mencionada canción compuesta por Matthew Bellamy.


Al llegar a Vidrieros, entramos al bar, pero nos equivocamos, pues hay mejor oferta en el cruce de Triollo, en variedad, y sobre todo en precios.


Datos Técnicos

Localización: Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre
Población:  Vidrieros (Palencia)
Altitud máxima: 2.528m
Distancia recorrida: 11 kms
Desnivel: 1.300m
Tipo de trazado: Lineal
Clima: Media-Alta montaña

lunes, 13 de agosto de 2012

ISLAS CÍES



Cuando llegamos a Liméns la tarde estaba desapacible y no dejaba de llover, señal de que habíamos llegado a “Terra Galega”.
Nos dirigimos al camping de Liméns donde se ubica la empresa Nordeskayak y dejamos todo preparado para salir temprano al día siguiente, rumbo a las Islas Cíes. Antes tuvimos que ir a Vigo, a recoger el permiso de navegación por aguas del Parque Nacional, es un permiso que hay que solicitar para desembarcar en las islas y el Parque te lo proporciona totalmente gratis.
Por la mañana y desde nuestros aposentos podíamos divisar a lo lejos las islas, el día se presentaba despejado, así que, cogimos nuestros kayaks y nos acercamos a la orilla de la playa de Liméns  que se encontraba plagada de algas Himanthalia elongata, típicas de los litorales profundos y de aguas agitadas. Es una pequeña playa de arena fina y clara con abundantes dunas.



Una vez preparados pusimos rumbo a las islas, pasamos primero por lo que se configura como la ensenada de Liméns, de aguas tranquilas, dejamos a nuestra izquierda la Punta de Fanequeira y a nuestra 


derecha la Punta Corbeiro que dispone de unas pequeñas calitas donde puedes desembarcar si quieres y darte un baño en sus aguas frías. Nosotros nos dirigimos a las bateas de mejillones que se distribuyen por toda la ría de Vigo y Pontevedra.


Las bateas están formadas por una serie de flotadores que soportan una serie de listones de madera de forma rectangular. El número de flotadores de las bateas está relacionado con el tamaño y la antigüedad de las mismas, así, las de más edad suelen tener un flotador central, mientras que, las más modernas disponen de varios flotadores. A lo largo de los listones de madera cuelgan unas cuerdas que llevan intercalados unos listones de madera para distribuir el peso del mejillón a lo largo de toda la cuerda impidiendo así que este se desprenda.
Es todo un proceso de cultivo del mejillón que le aporta a la economía de la zona más de 240.000 toneladas anuales de éste molusco y que se viene desarrollando desde el año 1946.
Paleando, paleando llegamos a cabo Home, con unas vistas maravillosas al  atlántico, y como no, a las Islas Cíes, desde éste lugar se pueden ver los tres faros, el faro de Home que es uno de los más altos de 


Galicia , el faro de punta Sabrido y el de Punta Robaleira, los tres señalizan la Costa da Vela, una  zona rocosa, abrupta  en la que sus fuertes olas le dan un aspecto mágico y misterioso al lugar.  Cuando te aproximas a esta zona te das cuenta del rebote de las olas, que produce una fuerte resaca y la navegación se vuelve mas agitada. Llegado a este punto hay que tener mucho cuidado por que hay que atravesar la canal de entrada a la ría de Vigo, que nos separa de las islas, hay que extremar la precaución porque el tráfico circula rápido. 


Una vez en la otra orilla nos dirigimos, dirección sur, a la playa de Figueras para así bordear la punta Mudeiro, en esta zona es donde hacen su entrada los catamaranes que vienen de Vigo y Cangas con turistas y bañistas para pasar el día. Desembarcamos en la playa más grande de las Islas, la playa de


Rodas con agua cristalina, muy fría, pero muy protegida del oleaje de alta mar, por lo que es perfecta para desembarcar, dejar los kayaks por allí, retirados de la playa, y cambiarse el calzado para proceder a un cambio de actividad: subir andando al Monte Faro. Partimos del pequeño cementerio que se encuentra anexo a la playa de Rodas, donde fue enterrada en el s. XIX una pequeña población que 


vivía en las islas dedicadas a los recursos marinos y a los trabajos que generaban las fábricas de salazón de Muxierio y San Martiño. Pero la competencia de las proliferación de fabricas de la zona motivó el declive de las salazoneras de las islas, con lo que la población decayó desde principios del s. XX.
Nos separan 7 km desde la costa hasta el faro, que fue construido en 1851 y a una altura de 178 ms. Su acceso es mediante un camino en zig-zag bastante cómodo y desde donde podemos ir disfrutando de las dunas de la playa de Rodas y de las vistas que nos ofrece la isla sur, la de San Martiño y podemos divisar el Faro da Porta con sus grandes acantilados; una vez arriba podemos disfrutar de la panorámica que nos proporciona  el conjunto de las tres islas.


Desde esta cumbre podemos divisar como la isla do Faro ha terminado uniéndose a la isla norte por una acumulación de arena en la parte inferior del archipiélago, en la cara este de las islas; al subir la marea el agua pasa por la cara oeste y se forma una laguna entre el arenal y la roca.


 Nos llamó mucho la atención la limpieza del lugar, de restos de basura, a pesar de la gran afluencia de bañistas y visitantes que reciben las islas al día, sobre todo en esta época estival, y de la contaminación del hundimiento del Prestige que llegó a ser 


de un 90% y donde se vieron aquejados tanto la fauna marina como la flora, todo el ecosistema marino y medioambiental se vio afectado. Hoy día hay que decir que aún queda mucho para que se recupere el 


100% de lo que eran las islas ya que la contaminación en la zona es constante debido a la cantidad de petroleros que cruzan las rías, pero se observa un desarrollo sostenible en la zona, por eso, todo bien llevado se puede disfrutar perfectamente de la naturaleza, sin que se produzca esos fuerte desequilibrios, que vemos en otras zonas.
Después de un descanso en la isla y de unos bañitos nos pusimos en marcha para el regreso, que fue bastante espectacular, porque del suave mar de levas que  disfrutamos a la ida, en el regreso las olas 


subieron hasta alcanzar una altura de aproximadamente metro y medio, al paso por la canal, había momentos que a pesar de que íbamos paleando en paralelo, a Fran no lo veía, sólo nos localizábamos cuando subíamos a la cresta de la ola. Este vaivén del oleaje es como estar escuchando la música renacentista de Blackmore´s Night en su versión de Child In Time, donde mezclan la música rock con guitarra sin perder la base de folk tradicional.


Fue un verdadero placer arribar a estas islas en una delicada embarcación de fibra y disfrutar de una pequeña pero enriquecedora ascensión.


jueves, 9 de agosto de 2012

Torre de Horcados Rojos (2506m)



El 13 del mes de Augustus Caesar de 1961, fue inaugurada por un grupo de montañeros, con champán, (como el origen de los materiales empleados estipulaba), y bendecida por un sacerdote como todo lo que se hacía en España por aquella época, un refugio de montaña construido con piezas de desguace del portaviones americano de la 2ª contienda, “El Palau”, que se encontraba en la ría del Nervión para su desmontaje.
La idea fue de Conrado Santíes Doménech, que adquirió una de las cúpulas de defensa antiaérea, literas, puertas… de la nave a desmantelar.
El refugio, una vez terminado, y habiendo sido porteado los elementos más pesados con tracción de sangre, fue bautizado, en honor del nombre de la hija de Conrado, como Cabaña Verónica, y se emplaza a 2325m de altitud cerca del Pico Tesorero (2570m) y la torre que da nombre a este post.
La noche fue bastante fría en Fuente Dé, de hecho tuvimos que tirar de sacos gruesos para dormir, y por la mañana todo estaba despejado, aunque había llovido hasta bien entrada la madrugada. Isabel amaneció con un intenso dolor de garganta y decidió, tras el desayuno, que seguiría durmiendo para recuperarse, así que hice la mochila, y partí en solitario hacia nuestro objetivo.


El camino comienza por el mismo sendero que sube a los Tornos de Liordes, pero en la primera curva de 180º a la izquierda, hoy tocaba seguir recto, haciendo caso omiso a una señal de camino equivocado del PR. Este tramo de camino es bastante escarpado y aéreo, de hecho, se lo conoce como “kilómetro vertical”, y es la opción más montañera para hacer nuestra excursión de hoy, la otra opción, menos montañera y más cómoda, es salvar más de 800m de desnivel en 4 minutos con la ayuda del teleférico, inaugurado oficialmente el 12 de septiembre de  1966 con la presencia del dictador, aunque funcionaba desde el 21 de agosto.


A menos de la mitad del recorrido nos encontramos una antigua mina de blenda, abandonada, donde la compañía Vieja Montañesa instaló el primer cable, sobre 1903,  con objeto de hacer llegar el mineral extraído a Fuente Dé, y de aquí a Espinama.
Tras pasar la mina, nos encontramos con el tramo más inclinado del camino… es verdaderamente horrible el esfuerzo que hay que llevar a cabo para hacer este paso… ¡con razón la gente sube en el cable!... pero no veremos el nacimiento del río y la cascada de agua si optamos por la ayuda mecánica… hay que motivarse de alguna manera…


Al llegar a la estación de El Cable, no podemos dejar de sorprendernos por 2 motivos: primero por la grandiosidad del enorme valle que se abre al Norte ante nosotros: Hoyos de Lloroza, presidido por el Pico San Carlos al NO, La Padierna al W (ayer la vimos desde la vertiente opuesta),  Peña Olvidada y Peña Vieja al N… y cerrando el paisaje al fondo, La Torre de los Horcados Rojos, El Tesorero, y con los prismáticos ya diviso mi objetivo: la cúpula plateada del pequeño refugio en el cual vivió el guarda Mariano tantos años.


El otro motivo de sorpresa es ver a las mujeres en falda y con zapatos de tacón (no todas) en la montaña, y a 1834m.
Se toma el carril, rumbo N, y en 1 km aproximadamente, tomamos el desvío de la izquierda, que nos lleva a la mítica curva conocida como La Vueltona.


Sigo ascendiendo, y se abre ante mi otro hoyo: Sin Tierra, en el que se depositan todos los materiales caídos de Peña Vieja (2613m). Sin duda estoy atravesando los lugares más bellos de Picos… corroboro


el comentario de ayer: esta zona es, posiblemente, “la mejor cerveza del mundo”, digo…, la más espectacular de la península ibérica… en que estaría pensando yo… creo que el sol y la pérdida de líquido me están jugando una mala pasada, pero sólo quedan unos zig-zags y llegaré a Cabaña Verónica, donde podré comer algo.


Ciertamente, sobre las 13 horas arribo a tan emblemático lugar, y después de hablar con el guarda un rato, me retiro a mis aposentos para rendir homenaje gastronómico a base de viandas de mochila y agua cántabra, acompañado por otra Chova que esperaba sin éxito a que yo le proporcionase algo de comida (búsquese usted la vida, que para ello posee dos lindas alas negras, que yo me tengo que recorrer todo este paisaje a golpe de bota y manejo tanta hambre, que me voy a comer hasta las migas)… un café con leche preparado por el señor que guarda tan curioso vivac y a pesar de que la niebla amenaza con cerrarlo todo, decido seguir ascendiendo e intentar La Torre que se alzaba hace unos instantes sobre mi cabeza.


Hasta el collado de Horcados Rojos no tiene pérdida el camino, y al llegar, me emociono plenamente al contemplar la cara Sur del Naranjo de Bulnes… la niebla se cierra por momentos y al rato vuelve a abrirse… el camino que sube a la Torre, está a veces desdibujado, y pierdo su rastro metiéndome en un diedro… trepo con ayuda de las manos y vuelvo a encontrar el sendero… la subida es muy romántica… piedra, piedra y nada más que piedra… un paraíso para los amantes del rocanrol… son las dos connotaciones de la palabra roquero, ¿no?


La caliza es espectacular, y las agujas son espeluznantes…el terreno tiene una verticalidad absoluta, no apto para sensaciones de vértigo o para posibles errores de pérdida de adherencia momentánea… este no es lugar para jugársela.


Al llegar a la cumbre, estuve solo un buen rato, degustando el paisaje que iba y venía, envuelto en nubes, a merced del viento. Desde aquí se comprende como a lo largo de los años, en estas montañas, se han batallado grandes gestas deportivas batiéndose el cobre a mano descubierta contra la roca viva una gran multitud de escaladores… I can breathe and touch and sing and feel, I´m Alive… I´m a man!. Don Fardon nos regala este pedazo de canción con una alegría que también saben transmitir Corizonas, cuando, en directo, revientan salas haciendo esta versión.


Si señor… esa sensación de estar vivo se multiplica cuando se alcanza una cima en Picos… aunque sólo sea caminando.


Sólo me queda denunciar la cantidad de basura que se tira al vacío desde la estación superior del teleférico, y que no pueden ver los turistas desde arriba… pero los que subimos a pie, nos tenemos que tragar un montón de mierda, desde envases hasta materiales de obra (escombros, sanitarios, tubos…). Parece mentira que la normativa del parque Nacional permita esto, o que la guardería del mismo, haga como el que no sabe que esto sucede… a ver si nos vamos a declarar Parque Nacional solo de cara a la galería y luego… a ensuciar que es gratis.


Datos Técnicos:

Localización: Parque Nacional de los Picos de Europa
Población: Camaleño, Comarca de Liébana (Cantabria)
Altitud máxima: 2506m
Distancia recorrida: 20kms
Desnivel: 1900m
Tipo de trazado: Lineal
Clima: Media-alta montaña

lunes, 6 de agosto de 2012

VEGA DE LIORDES



Acostumbrados a los calores del estío gaditano, nos levantamos a las claras de la mañana, lloviznando y con una temperatura bastante baja para tratarse de la segunda mitad del mes del emperador Julius Caesar.
A la pregunta de Isa, sobre ¿qué vamos a hacer, si está lloviendo?... respuesta del que escribe: Pues vamos a subir a la montaña… y nos llueve, pues nos ponemos el impermeable, es lluvia de verano. Me gusta ser fiel al dicho montañero: “Quién mucho mira las predicciones meteorológicas, pasa demasiado tiempo en la taberna”, y va con doble sentido, pues antes se miraba la tele en el bar…
Salimos caminando desde el Camping “El Redondo”, hacia el aparcamiento de Fuente Dé, que debe el topónimo al nacimiento del río Deva, a 1078m de altitud, y desde donde no se tenía visibilidad ninguna del impresionante circo calizo, de origen glaciar, que rodea todo el paisaje hacia el norte, desde Peña Remoña hasta el Pico de Valdecoro. Parecía que habían robado la montaña… “estos políticos nos lo están quitando todo…” menos las ganas de andar, claro está.


El día anterior habíamos llegado con el cielo despejado, después de un baño en el Cantábrico, en la playa de Torimbia, en Niembro, pero hoy la meteorología había cambiado radicalmente.


Comenzamos a caminar sobre las 9 de la mañana por el camino que discurre junto al borde del bosque de avellanos de Monte Quebres, buscando la única senda ascendente que cruza diagonalmente hacia nuestra derecha visionándola desde el aparcamiento.


De lejos da la impresión de que tendremos que caminar por una pared, pero como la niebla no nos dejaba ver nada… “ojos que no ven… vértigo que no sientes” y por este sendero, sin poder salirnos de él, vamos entrando a la Canal del Embudo, por lo que se llama Los Tornos de Liordes.
Los Tornos no son más que los 38 zig-zags, o curvas de 180º que tendremos que dar para ir, con coraje, ascendiendo bastante desnivel en muy poca distancia; este camino se construyó a partir de 1850 por el ingeniero Marcial Olavarría, para poder bajar el mineral extraído en la Vega de Liordes.


Sólo a veces podíamos disfrutar muy escuetamente de las vistas del valle de Liébana, lo que en 1891 era considerado por el conde de Saint Saud como un “horrible precipicio”, cuando la espesa niebla se diluía un poco y dejaba pasar la luz al completo.


Al pasar bajo las impresionantes paredes de la cara sur del Pico de La Padierna (2319m), empezamos a ver el azul del cielo, pues en altitud, estaba despejado.


La Vega de Liordes es un gran valle verde, situado a más de 1800m de altitud, y rodeado de enormes monumentos calizos totalmente verticales, como el ya mencionado antes, la Torre del Llambrión, Torre Sin Nombre, Torre Blanca (todas al Norte), Torres del Hoyo de Liordes y de Salinas, al Oeste, y Pedabejo, Alcacero y Peña Remoña al Sur y Este.


Nos relajamos, tomamos algo de lo porteado en las mochilas, visualizamos el plano para tomar una decisión, y seguimos caminando por la parte alta de la Vega, hacia el Collado de la Padierna, donde tras un descanso y disfrute visual de uno de los entornos más espectaculares de Picos, y por ende, de 


nuestra querida piel de toro,  ingerimos nuestro bocata. Esta tranquilidad en la montaña, es lo que siempre hemos buscado… como por la mañana la niebla no dejaba ver nada, vimos gente llegar al aparcamiento y darse media vuelta, supongo que por miedo a perderse, por eso apenas nos cruzamos con media docena de montañeros. Y por eso cada vez me gusta más All You Ever Wanted, de The Black Keys.


Mientras te sientas a almorzar, las Chovas Piquigualdas se acercan a ver si les das algo de comer, pero no tuvieron suerte con nosotros, pues somos partidarios de que la fauna salvaje debe buscarse la vida de otra manera, cumpliendo con su cometido en la cadena trófica; si alimentamos con nuestras costumbres gastronómicas a estas aves, no les estamos haciendo ningún bien.


Pasando el collado de Padierna, se toma una vereda, que viene de Collado Jermoso y se dirige al Caben de Remoña por el Alto de la Canal (2030m), evitando bajar al casetón  de Liordes y perder 200m de


altura que luego tienes que recuperar, pues nuestra decisión fue bajar la Canal de Pedabejo para llegar a 
Fuente Dé y trazar un recorrido circular, siempre más interesante. 


Una vez bajo la Canal, y antes de llegar a la majada de Pedabejo, tomamos el camino de la izquierda, como casi siempre, más interesante que la derecha, y siguiendo los gitos (hitos) vamos alcanzando Las 


Invernales, Las Berrugas, para por un cómodo carril rodeado de hayas (Fagus sylvatica) y algún acebo (Ilex aquifolium), ir arribando al camping.

  Datos Técnicos

Localización: Parque Nacional de los Picos de Europa
Población:  Fuente Dé (Cantabría)
Altitud máxima: 2.122 m
Distancia recorrida: 13,72 kms
Desnivel: 1.081m
Tipo de trazado: Circular
Clima: Alta montaña

viernes, 3 de agosto de 2012

PEÑA TREVINCA

La cota más alta de Galicia es Peña Trevinca (2127 ms), y se encuentra en su parte más meridional, en los montes Galaico-leoneses y donde confluyen los tres cordales de las provincias de Zamora, León y Orense; de este motivo se deriva su topónimo (tres fincas). Como tres son los instrumentos que toca Carlos Nuñez en el “Amanecer” que nos deleita con la gaita gallega y las flautas.
La población con más solera histórica dentro del Parque Natural de Sanabria es Puebla de Sanabria, al norte de Zamora. Desde aquí partimos para realizar la ascensión y llegamos hasta la población de San Martín de Castañeda pasando por el lago de Sanabria. El coche se deja en el parking de la laguna de los Peces y desde aquí  salimos en dirección noroeste, indicado por estacas azules, al principio vamos 


descendiendo un poco hasta el arroyo de los Covadoso donde empezamos a ascender hasta el collado Ventosa (1858 m) por una amplia pista, y donde podemos divisar la laguna del mismo nombre que la dejamos a nuestra izquierda.
Seguimos caminando por el amplio sendero hasta que divisamos el embalse de Vega del Conde donde comenzamos a bajar por un sendero toda la ladera de la sierra que separa el valle de Tera, a nuestra izquierda, y la zona de las lagunas de las Yeguas y los Peces, ocultas tras peña Cabrita. En  esta bajada nos vamos a encontrar con la fuente del arroyo de La cuchilla, con agua fresca que baja de la sierra y 


varios hitos grandes que nos indica el GR-64, que discurre anexo a nuestra ruta, hasta que llegamos a un pequeño puente para cruzar el arroyo, en este punto, tenemos que hacer un giro hacia la izquierda, si seguimos recto como indica un pequeño sendero nos lleva a una pequeña cabaña de piedra y luego tenemos que dar un gran rodeo.


Así que, seguimos el camino de la izquierda y nos lleva al chozo de la Majada de Trefacio, aquí nos encontramos con un gran puente construido con grandes lajas de piedra y madera, donde cruzamos el 


río Tera, debemos dejar siempre este a nuestra derecha, una vez aquí, sólo tenemos que localizar el sendero con las estacas azules que nos lleva directo a la base de la montaña.
En este punto empezamos a caminar por un valle verde de origen glaciar y donde podemos divisar ya perfectamente nuestro objetivo: Peña Trevinca.


A pesar del calor del verano, en ésta zona, da la sensación de que la primavera se ha detenido, el agua discurre transparente y luce aún sus colores verdes de los pastos de montaña, los rojizos del brezo, mezclados con los verdosos y negruzcos de los materiales precámbricos de la orogenia herciniana, así como la flora en todo su esplendor.
Hay varias cosas que nos llama la atención, una es la cantidad de refugios que se dispersan por la zona y que te pueden resguardar en caso de nevada durante el invierno y la sensación de grandes espacios abiertos, sin ningún tipo de arbolado, que se disfruta en ésta zona y que contrasta con la vegetación de robles del resto del Parque, y que te ofrece la posibilidad de ir cresteando de una zona a otra.
Iniciamos la aproximación, por un sendero suave, recorriendo todo el valle y llegamos al circo glaciar que se forma en la cabecera del río Tera, en la confluencia de la cara sur de Peña Trevinca con la cara norte de Peñasco Vedado (2015m) y que es cruzado por el arroyo Maseirón y donde comenzamos los 450m de desnivel que nos separa de la cumbre. El último tramo se presenta bastante vertical y en algunos momentos nos tenemos que ayudar de las manos pero se realiza con facilidad.
En la cumbre nos encontramos con una cruz de hormigón de unos cuatro metros que ha sido derribada posiblemente por alguna tormenta, fue construida allí en el año 1957, por un grupo de montañeros zamoramos. Desde aquí disfrutamos sobre todo de sus impresionantes vistas hacia la Cordillera Cantábrica y las vecinas Sierras Calva, Sierra del Eixe y Sierra Negra, pero sobre todo lo que mas te llama la atención son las vistas del valle del río Tera.


Después de disfrutar del entorno y degustar nuestros bocatas emprendimos la bajada por la cuerda dirección. 


Oeste pasando primero por las cimas de Jancional, Xurbial y Piatorta, para bajar a la laguna de 


Piatorta y bajamos al pantano de Vega del Conde donde retomamos de nuevo el camino hacia la laguna de los Peces.



Datos Técnicos

Localización: Parque Natural de Sanabria
Población:  San Martín de Castañeda (Zamora)
Altitud máxima: 2122 m
Distancia recorrida:29,35 Ks
Desnivel: 1.577m
Tipo de trazado: circular
Clima: Media montaña.