viernes, 9 de enero de 2015

Circular Oriental al Endrinal

Día 7 de enero, muchísima niebla en la Bahía, por segundo día consecutivo, así que buscando un clima de media-baja montaña, más seco, nos fuimos hasta Grazalema.
Subimos hacia los llanos del Endrinal, y sin bajar a ellos, vamos hacia el Cancho de la Bejeruela y nos aproximamos al Pocillo Verde.
Antes de llegar, tomamos el camino que sale a la izquierda, que sigue ascendiendo entre pinos y encinas, para tomar otro camino a la izquierda y repechar hasta uno de esos picos (sin topónimo) que conforman la zona llamada El Reloj.
Desde su modesta cima, vimos un camino descendente, que nunca habíamos transitado, y como era temprano, decidimos investigar. Es una senda antigua, pero poco usada y con mucha broza… colaboramos en conformar hitos y romper algunas ramas…
Con mucho trabajo visual, pues el desdibujado sendero a veces se pierde entre la vegetación, conseguimos llegar a la cañada que viene del caserío de Campobuche, y tomamos rumbo ascendente, hacia la casa de Peñaloja, donde hace unos 8 años estuvimos escalando de modo artificial; probando material.
Desde aquí hay un intuitivo camino que nos dejará en la Ermita del Calvario (como todas) de Grazalema, para finalizar una preciosa jornada con un clima primaveral.
I will Wait… I will Wait for you… y esperaremos todas las veces que haga falta, hasta encontrar días maravillosos de placer en la montaña. Mientras tanto: I Will Wait, de Munford & Sons, para llenar de emoción esas jornadas campestres.

La anécdota de la jornada; una vaquilla con ganas de juego que insistió en arremeter contra nosotros hasta tres veces… menos mal que uno tiene dotes toreras y supo darle unos capotazos al bicho.


















domingo, 4 de enero de 2015

Península de Sao Lourenço

Viajar a Madeira es bien sencillo desde España, aunque todos los vuelos pasan por Lisboa, y sale mucho más a cuenta viajar en coche a la capital portuguesa, disfrutarla durante dos días, y luego, volar a Funchal. Solo nos separan 90 minutos desde la desembocadura del río Tajo hasta la Región Autónoma de Madeira.
Había ganas de caminar, así que tras bajar de la aeronave, fuimos a buscar un coche y pusimos rumbo a Caniçal, muy cerca del aeropuerto, de hecho, mientras vas andando por la zona, ves bajar todos los aviones que llegan a la isla. Todavía no sabemos donde se aloja tanta gente.
Estamos en el extremo oriental de la isla, en una pequeña península de unos 5 kms, estrecha y alargada, de formación basáltica, árida y carente de vegetación arbórea. Los contrastes de la mescolanza de colores que vamos a disfrutar aquí, nos harán el camino mucho más suave de lo que es. Es un paseo de ida y vuelta en el que solo podremos llegar hasta el Morro do Furado, pues en adelante no hay senda, y por tratarse de una zona de alta protección, queda prohibido el tránsito en la parte final. De todas formas, el faro, visible desde esta espectacular atalaya, está aislado.
El sendero está bastante elaborado, incluso jalonado con pasamanos en las zonas más expuestas. Tenemos a nuestra disposición unas 130 especies de plantas, de las cuales, 31 son endémicas. Un paraíso para nuestros sentidos, que no hace más que enriquecernos culturalmente.
Desde el Morro, vemos perfectamente la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional de Madeira, una de las más peligrosas del mundo, pues el viento, al superar los 15 nudos, provoca turbulencias muy peligrosas. Por lo visto, solo los pilotos que han aterrizado alguna vez de día, pueden hacerlo por la noche. Y se exige una licencia especial para hacer operaciones en este aeropuerto.
Comenzamos a caminar cerca de la una,  apenas un rato de emoción por estas latitudes y ya ha merecido la pena el viaje. Es una isla pequeña, pero ofrece mucho. ¿Demasiado poco y demasiado tarde?... creemos que no… creemos que Transit se refiere a otra cosa en su Too Little Too Late. Esta banda fresca de Hardcore Rock and Roll tiene un “ritmazo” que no podemos dejar parar por alto.


















martes, 23 de diciembre de 2014

A Grazalema desde Ubrique

Es muy extraño subir al Peñón Grande caminando… lo lógico es hacerlo por la pared, de hecho, siempre que he llegado a su cumbre y por cualquiera de sus vías, ha sido escalando… así que caminar hasta su cumbre, casi parece más una osadía.
Esta vez, no hemos conseguido llegar a la cima, pero si a la antecima, ya que la hora tope que nos pusimos como límite, llegó, y no hubo más remedio que renunciar a la deliciosa cumbre y bajar para llegar a la plaza de Grazalema antes de que partiera el autobús que nos debía llevar a Ubrique, donde dejamos el coche por la mañana.
La jornada, fresca al amanecer y calurosa a mediodía, dio de sí todo lo que pudo. Dejando aparcado el auto junto a la fuente de los nueve caños, en la curtida y legítima ciudad de Ubrique, comenzamos nuestra singladura por la calzada romana, muy desvirtuada en sus inicios, pues el deterioro y la acumulación de rellenos a base de escombro, le confieren un toque poco Romano y muy Andaluz, pero bueno… esta vía que nos acerca a Benaocaz, casi sin darnos cuenta y en un armonioso y suave ascenso, nos sirvió de calentamiento para lo que estaba por venir.
Pasamos por el precioso barrio Nazarí, y continuamos hacia Casa Fardela, habiendo bebido antes de la fuente del Tejar,  otro reducto histórico pues su pilón fue en su día un sarcófago romano, donde viramos a nuestra derecha, para buscar la finca Los Navazos y entrarle a la ascensión a Pocillo Verde. Realizamos la preciosa bajada hacia el cancho de la Berejuela, y arribando a los Llanos del Endrinal, nos decidimos a intentar lo que se comenta al principio de esta entrada: Peñón Grande, ande o no ande… ya que si no, hubiésemos estado más de dos horas esperando el autobús, en el pueblo.
La “trepadilla” al Peñón es muy sencilla, corta, intensa, pero mirando el reloj y con el nerviosismo de no poder perder el autobús, no se disfruta plenamente. El resto de la travesía, es un agradable y cómodo paseo que merece la pena realizar, aunque si se quiere hacer más cómodo, se puede tomar el bus por la mañana en Ubrique, y hacerlo a la inversa, que casi todo es bajada, y no hay estrés horario, pues el coche está esperando en la línea de meta.

Se acercan fechas muy señaladas, ya que el esperado invierno, acaba de entrar para quedarse, o eso esperamos, y a parte de esperar que hayamos disfrutado un feliz solsticio, queremos recordar la canción/villancico Feliz Falsedad, de los vitorianos Soziedad Alkoholika, una de las grandes bandas de Thrash Metal de nuestra querida piel de toro.