El
calor del estío ya empieza a notarse de manera, digamos, insoportable a ciertas
horas por estas latitudes, y aún eligiendo una hora tardía para empezar a
caminar, comprobamos que ya va siendo hora de colgar las botas por ésta temporada…
aún así, conseguimos arribar a cumbre minutos antes de que se ocultase el sol.
Una
ligera brisa de poniente consiguió que nos metiéramos en la tienda para cenar.
Al
amanecer, conseguimos captar ese momento en el que el astro rey proyecta sobre
poblaciones como Chiclana, junto al mar, la sombra de la montaña caliza sobre
la cual dormimos.
Esta
vez no tuvimos la suerte de ver todos los rododendros en flor, pero hubo
motivos más que suficientes para convertir la subida en una experiencia
perdurable…
No sabía que hora era
y había poca luz
Encendí la radio
Alguien estaba tocando
rocanrol con bastante sentimiento
Entonces, el sonido
pareció desvanecerse
Volvió como una voz
lenta en forma de onda de fase
No era ningún D´j,
aquello era un nebuloso cósmico.
Hay un Starman
esperando en el cielo
Le gustaría venir y
encontrarse con nosotros
Pero cree que nos
destruiría las mentes
Starman. Ziggi
Stardust. 1972.
Amanece y el Aljibe proyecta su sombra
La E.V.A. de los Monteros
Si
bajamos a Alcalá de los Gazules en su jardín botánico encontramos la armonía
entre la Tierra y el conocimiento, captados en ésta ocasión con la tecnología
de Nikon y la sensibilidad del fotógrafo…
Ya
ha entrado el verano, aunque el calendario no opine lo mismo, pero si la
primavera se adelanta, con el estío suele ocurrir igual.
Aún
tenemos ganas de montaña, así que el sábado, temprano, nos acercamos al área
recreativa El Bujeo, para quién no sepa
donde está, se sitúa en la carretera que une Tarifa con Algeciras, en la parte
meridional del Parque Natural de los Alcornocales, casi en el collado o Puerto
del Bujeo.
La
cumbre que nos ocupa es bien visible e identificable a muchos kilómetros de
distancia, pues en ella se alzan casi una docena de antenas de repetición de
señales de telefonía, radio y televisión.
Desde
donde dejamos el coche, tomamos al principio un carril, totalmente transitable
en bicicleta, que nos invita a recorrer el río Guadalmesí, que significa “río
de las mujeres” y nace en sierra Luna desembocando sus aguas en el Mediterráneo.
A
través del cual vamos ganando altura muy lentamente, pero ganando en amplitud
visual hacia el sur del barranco y hacia el estrecho de Gibraltar, a cada paso.
La
mañana se desató venteada, de poniente, y con acumulación de nubes no muy
altas… bastante fresco para tratarse del recién estrenado junio, pero en en el
sur andaluz esto es muy frecuente.
Una
vez tomamos la senda serpenteante que evita el rodeo que daríamos de seguir por
el carril, entramos de lleno en la espesura, y vamos a disfrutar de lo que
serían los bosques perennifolios de hace 20 millones de años, allá por el
Cenozoico o Era Terciaria, aunque bastante más desvirtuados que entonces, pues
las condiciones ambientales y climáticas habrán cambiado drásticamente.
Pero
lo que aún se conserva de éste tipo de bosque es su ecosistema vegetal de gran
exuberancia caracterizados por arboles de hoja perenne y de un gran porte.
Para
nosotros va a ser un espectáculo ver brezos o Ericas, que normalmente no
superan el metro de altura, alcanzando en estos canutos una altura
significativa, de unos 4 metros. Los quejigos son enormes y suelen estar
cubiertos de musgo y yedras; suelen sustituir a los alcornoque en las zonas
húmedas sobre todo en las umbrías, los helechos casi nos cierran el camino,
llegando a la altura de nuestro pecho; los
alcornoques, desnudados por el
hombre, alcanzan un diámetro y un porte excepcional. Estamos hablando de una
naturaleza desbordante y a la que debemos cuidar bastante.
Creo
que es imprescindible pasar por allí antes de morir, igual que nadie debe
acabar sus días sin haber visto y escuchado en directo el sonido de un Hammond
B3. Grupos como Deep Purple o The Spencer Davis group han sabido darle a ese
instrumento su sitio dentro de la música popular de los años 60 y 70, y aún hoy
se utiliza muchísimo este órgano, sobre todo en el Jazz, el Soul, el Blues…
aunque no se disponga de un B3 original, los sintetizadores imitan su sonido
hasta hacerlo inconfundible, pero el encanto de la madera… no lo conseguirán
nunca.
Una
vez salimos del precioso y bien jalonado sendero, nos damos de nuevo con el
carril, asfaltado pero en muy mal estado, y aprovechamos para hacer nuestro
ejercicio de orientación, por lo que sacamos el plano, para ver donde nos
encontrábamos, cogiendo la posición de nuestro receptor GPS.
Continuamos
ascendiendo y el viento empezaba a notarse cada vez más, debido a que nos vamos
adentrando en la zona más alta, con suelos más pobres y donde va creciendo el
matorral llamado herrizas que es un tipo de arbusto achaparrado y nos va
dejando ver las lajas de la cumbre formadas por arenisca que debido a los
fuerte vientos que se dan en ésta zona adquieren una forma singular.
Las
horribles antenas de la cumbre de la montaña estaban metidas en niebla, y
hacían un ruido terrible al ser azotadas por el fuerte poniente que estaba
entrando. Tuvimos que abrigarnos bastante (en junio), pues hacía frío, así que,
no permanecimos mucho tiempo en el Gitano.
Descendimos
dirección al Tajo de las Escobas, que se encuentra entre el cerro ascendido y
el Pico de Sierra Luna, y por donde están preparando una franja cortafuegos,
pero es muy difícil avanzar fuera de sendero o carril… hay mucha vegetación
compuesta por jaras y brezos, principalmente.
Después
de degustar unas tapitas de queso de
elaboración totalmente natural (LosHardales, de Chiclana), en el quejigal del Juncal, empezamos la bajada antes de
que el sol terminara de asomar y con su presencia, subieran las temperaturas,
evitando en todo lo posible el carril, y tomando el sendero que discurre bajo
las sombras de alisos y quejigos, muy próximo al canuto del río Guadalmesí,
observando también, los restos del desprendimiento de tierras acaecido en la
época de lluvias de hace 2 años.
Para
terminar el día, nos fuimos a la Playa de los Lances, colindante con la playa
de Valdevaquero, una de las pocas playas que se conserva vírgenes de España y
en pleno Parque Natural del Estrecho y con un gran valor ecológico ya que
contiene un cordón de duna único en toda Europa. Y que ahora la quieren someter
a una salvajada inmobiliaria con la construcción de 1.423 plazas hoteleras y
350 viviendas; y que todos los partidos políticos se frotan las manos en el
intento por llevarlo a cabo. El alcalde de Tarifa, que cuando estuvo en la
oposición se manifestaba en contra de este proyecto, ahora da luz verde y es
uno de los principales precursores de esta barbarie ecológica.
Si quieres salvar Valdevaquero de una muerte ambiental colabora con tu firma aquí:
Después de un merecido almuerzo, al fresquito
que proporciona la sombra de un pinar junto al litoral cuando el mar está a
barlovento, escuchábamos el programa La
Madeja, dedicado en esta ocasión a David Bowie, más concretamente a su
andrógino álter ego Ziggy Stardust.
Tras
culturizarnos un poco más, musicalmente hablando, y tras un refrescante
baño, me embullí dentro de mi pequeño
kayak, y estuve un rato jugando a surfear olas.
Cuando se trata de buscar la emoción, es necesario, en
algunos casos, pasar por breves momentos de sufrimiento. Transportar a la
espalda la carga necesaria para vivir ese momento vibrante, puede ser el
tributo de éste acontecimiento, sobre todo, cuando se ha de caminar por terreno
desnivelado y con la dificultad añadida de hacer los últimos metros en la
oscuridad, por no haber querido salir antes de casa.
En el pico más alto de la Sierra de las Nieves, se
tiene una panorámica excepcional de las poblaciones costeras, y en la noche,
esa sensación es mucho más amplia, pues la luminosidad de cualquier núcleo urbano
se hace bastante evidente en la distancia.
Una vez en posición horizontal, dentro de la
confortabilidad de nuestros mullidos sacos, descansando de la caminata y
digiriendo los alimentos ingeridos en la cumbre sobre la medianoche, la
perspectiva de la bóveda celeste es indescriptible, llegando al asombro cuando
nuestro viejo satélite se oculta en el horizonte, dando paso a una oscuridad
que no llega a ser plena, por la contaminación lumínica que aportan los
extensos núcleos de población antes mencionados, pero que es suficiente para
dejarnos ver la Vía Láctea.
Subí al árbol más alto
Que tiene la alameda
Y vi miles de ojos
Dentro de mis tinieblas.
Nosotras no las vemos,
Las hormigas comentan.
Y el caracol: mi vista
Sólo alcanza a las hierbas
Extremoduro, adapta la letra del poema: Los encuentros
de un caracol aventurero, de Federico García Lorca, en su canción “Puta”…
nosotros somos afortunados, pues nuestra vista si alcanza a verlas… aunque Puta
puede ser la suerte que allí tumbado tengas.
La
aventura de esta ascensión comienza en Tarifa. Embarcamos en uno de los ferrys
de la compañía FRS, comprando los billetes en ventanilla una hora antes, para, así
poder, cruzar el estrecho hasta la población marroquí de Tánger, donde parece que nos hemos retrasado 40 años
en la forma de vida de sus gentes y conforme te vas adentrando en su interior
la distancia con el progreso es aún mayor.
Si
no vamos incómodos podemos caminar hasta el Gare Tanger Ville (tren) pues está
a sólo 30 minutos andando por su paseo marítimo, aunque nosotros tomamos un
taxi para agilizar los tramites de adquisición de billetes de coche-cama ya que
no se pueden adquirir por internet. En general en Marruecos debido a su
idiosincrasia es fundamental ofrecerle la mitad del precio que te pidan, de esta
forma te adaptarás a su regateo y disfrutarás de tu estancia, si no, te sentirás
engañado y pagarás un buen dinero por tu viaje.
Día
2:
Tras
casi 11 horas de viaje, llegamos a Marrakech, donde tras desayunar en la
estación negociamos un taxi a Imlil.
Durante
la noche había estado lloviendo, y llegando a Asni seguía chispeando bastante,
pero la tormenta nos ofreció una tregua justo al bajarnos del viejo mercedes en
las calles de Imlil.
Nos
ofrecieron mula en el mismo pueblo, y después de regalar objetos de escribir a
varios chavales que se acercaban con curiosidad al vernos equipados de montaña nos fuimos con Mohamed y su mula para arriba.
Al
principio costaba empezar a caminar, teniendo en cuenta que la noche anterior
la pasamos viajando… con el “chu cu chú” del tren que hacía tiempo que teníamos
olvidado este ruido y que le da al viaje un toque de swing.
Al
poco rato de camino, dejamos atrás el pueblo, vemos el valle de Tamatert que
está formado por pequeñas agrupaciones de casas construidas en adobe y donde su
gentes se dedican al turismo al ser estas poblaciones la base para la mayoría
de las expediciones al Toubkal, y así por una pista forestal nos vamos
acercando a Aremd, a 1945m, metido casi en el cauce del río n´Isougouane, que a
juzgar por su cauce, habrá tenido épocas mejores.
Al
fondo de lo que seguramente fue la
morrena de un glaciar, el camino se empieza a inclinar al salirnos del río por
la vertiente Este del cauce, y se va tomando altura suavemente, hasta llegar a
Sidi Chamharouch, donde cruzamos el torrente que baja del Tichki (3753m) por un
puente de hormigón. En este lugar hay construida una mezquita junto a una
enorme roca pintada de blanco, que destaca sobre el resto de minerales de la zona,
y bajo la cual hay construido un pequeño espacio, que completa la gruta en la
que pernoctó Sidi Chamharouch, el rey de los genios, que tiene la apariencia de
perro negro por el día y de humano al caer la noche.
Alcanzada
una altura de unos 2500m, te encuentras en el camino un puesto de minerales y
chucherías varias, donde paramos a
tomarnos un zumo natural de naranjas recién exprimidas y fresquitas, y aquí
aprovechamos para comer el bocata.
Al
llegar al refugio Les Mouflons, a 3200m, la ocupación no era muy alta, y por un
poco más, nos ofrecieron una habitación
para nosotros solos. Hay que comentar que el precio del refugio se puede
negociar, al tener otro refugio al lado, el Neltner, juegas con esa ventaja. De
todas formas, el Neltner es más barato, pero la comida es peor, a no ser que
lleves cocinero desde Imlil, y la confortabilidad del Mouflons también lo
supera.
Cenamos
bien, dos platos de comida típica marroquí y postre. Hay personas que tras
beber agua del grifo, o simplemente comerse una ensalada, reaccionan a las
bacterias del agua, pues su organismo no está acostumbrado, y pueden vaciarse
en una noche de vómitos y diarreas. Esto hay que tenerlo muy en cuenta, y
cuidarse de lo que comemos, pues puede estropear nuestro objetivo. A veces se
piensa que puede ser por la altitud, pero lo más seguro es que sea ocasionado
por el agua.
Día
3:
Nos
levantamos con las primeras luces, pues teníamos todo un gran día por delante y
sólo pretendíamos subir el Toubkal. Nada más desayunar, subimos por detrás del
refugio, cruzando el río junto a la cascada, y ascendemos sin tregua hacia el
gran corredor que se sitúa entre Punta Imlil (3560m) y Tête dÓuanoums (3970m),
con un zigzagueante rumbo Este, soportando rachas de viento gélido que
arrancaba de la montaña la nieve caída en la madrugada del día anterior.
Se
hace muy dura la subida, pues en línea recta, sobre el plano, sólo nos separan
2400m de la cumbre más alta del Atlas, pero el desnivel a salvar en tan corta
distancia es de 1000 metros, por lo que la pendiente es elevadísima.
Llegando
al collado, y atraído como un imán, fui cambiando el rumbo hacia el Sur, para
subir el solitario Toubkal Oeste (4030m). Era insoportable caminar cerca de la
arista, de hecho la trepada de 4 metros que debemos hacer para llegar a la
cumbre, la dejé para otro día, no fuese el viento a arrancarme de la montaña y
hasta aquí hubiésemos llegado.
Deshice mis atrevidos pasos, para llegar
nuevamente al gran collado y seguir ascendiendo, casi sin merecer la pena, sólo
para conquistar lo inútil, pues no apetecía seguir castigando el cuerpo más
tiempo, pero una vez ahí parece que estás obligado a llegar.
No sabes mi nombre,
no nos conocemos
Pero existe esa
complicidad
Sonidos que no
escuchamos
Los momentos que
perdemos
Cuando emprendemos ese
movimiento
Es
el movimiento de tu corazón, el que te llama hacia lo más alto, aunque
realmente no escuchas su sonido, como dice la canción La Espera, de los
Granadinos Varaverde.
Durísimos,
fueron los últimos momentos de nuestra ascensión al techo más alto de África
del norte, un camino rumbo NE, próximo a la arista cimera, y azotado por
desagradables rachas de un gélido viento que no hacía si no restarnos energía y
por otro lado aumentar el coraje necesario para alcanzar la cima.
Estamos a 4167 metros de altura después de dos
jornadas caminando, observando unos paisajes inolvidables y unas formaciones
geológicas muy peculiares del jurásico y cretácico plegadas y rectilíneas que
te recordaban que estabas en el Gran Atlas.
Es
domingo, y llevamos fuera de casa desde el viernes… una noche sin descanso en
el tren, otra noche sin
descansar en el refugio, debido a la altitud y los
problemas de sueño que comporta, y el frío, era suficiente acumulación de
cansancio, así que con premura, emprendimos la retirada.
Un
poco más abajo del collado, nos cruzamos con nuestros amigos Albert y María, a
los que vimos muy enteros y con ganas de continuar hasta la pirámide, así que
nos saludamos y empezamos a buscar un lugar acogedor para el merecido
avituallamiento, que realizamos bastante abajo, una vez notamos que el viento
no azotaba tan fuerte.
La
vuelta fue mucho más divertida, pues la nieve había perdido dureza y permitía
tirarse ramaseando y así acortar tiempo de bajada, para disfrutar desde el confort
del Mouflons, de la conversa con otros
montañeros españoles, con el guía
bereber de un grupo de ingleses, que sabe bastante español, y como no,
del
vuelo de innumerables chovas piquigualdas que se buscaban la vida por los
alrededores de los refugios.
Día
4:
Nos
levantamos sin prisa para desayunar bien,
empacarlo todo y despedirnos de los compañer@s con los que estuvimos
conviviendo las últimas horas.
Una
vez llegó Mohamed, con su mula, empezamos el camino de vuelta al valle. Había
que despedirse de la montaña, y acercarnos a la civilización. Con nuestros
amigos catalanes deshicimos los pasos del segundo día de este viaje tan
emocionante y a la vez estresante, pues ahora tocaba de nuevo el negocio de
todo con las gentes del pueblo, y de la ciudad.
Al
llegar a la urbe, nos buscamos un Ryad cerca de la estación, y acabamos cenando
en la plaza Jemaa el Fna, “plaza de la muerte”, si queremos traducirla a
nuestro idioma, pues en ella se ejecutaba antaño a los infieles.
Nos
encontramos rodeados de una multitud de transeúntes y los comerciantes típicos
del lugar, todo adornado con encantadores de serpientes, malabaristas,
aguadores, y un sin fin de personajes dignos de una película. Creemos que es
imprescindible visitar esta plaza al menos una vez en la vida, y a ser posible,
de noche.
Era
30 de abril, y el 28 se cumplió un año del atentado terrorista que se llevó por
delante la vida de 17 personas en el café Argana, e hirió a otras 20, algunas
de gravedad, por lo que el monolito levantado a las victimas en la plaza aún
conservaban las flores.
Día
5:
Era
nuestro último día en la ciudad, y lo dedicamos a pasear por la medina y
conocerla bien, y por las zonas nuevas de Marrakech pues hasta las 21:00 no
salía nuestro tren con destino Tánger.
Casi cansa más andar por la ciudad que subir
a una montaña… Comentar que habiendo ido por nuestra cuenta sin hacer ningún
tipo de reserva excepto el refugio, todo ha salido muy bien.
Desde
este sitio de internet, animamos al que quiera hacer algo por el Atlas, o por
Marruecos en general a que no lo dude y se lance… es mucho más cómodo que ir
con una empresa de “aventura”, pues no tienes tiempos de esperas y vas
resolviendo y disfrutando de los sitios y lugares cuando te apetece y también
tienes más contacto con las gentes del lugar.