La Sierra de Segura presenta la mayor concentración de paredes desplomadas
de toda Andalucía. Además, el Parque es el espacio protegido más grande de la Península.
La variedad de especies de flora y fauna que alberga es muy rica.
La afición por ascender cumbres, últimamente se ha convertido en un
pasatiempo muy popular, y es prácticamente imposible ascender una montaña y no
cruzarse con mucha gente.
Cazorla responde con esos rincones alejados, casi inaccesibles y que exigen
por nuestra parte el sacrificio de madrugar y disponernos a caminar durante
muchas horas… probablemente, más de lo que se considera “una jornada”.
Comenzar a caminar cuando el reloj no marca las siete, y cuando la claridad
de la mañana aún está por llegar, tiene una ventaja: vamos solos… y un
inconveniente: si no conocemos el entorno nos podemos confundir con facilidad.
Esto puede llevar al traste nuestras intenciones, de hecho, aquel elevado
objetivo se vio truncado.
Confirmamos el error… el camino hacía bastante tiempo que lo habíamos
dejado atrás.
Continuamos, tras un singular titubeo, y hacemos la ruta del Río Borosa al
completo… total… es preciosa, y a la montaña se va a disfrutar.
El tiempo es precioso… esto no es nada nuevo, pero si escuchamos la pieza
Time, de los polacos Kroke, graduados en la academia de música de Cracovia, y
que hemos visto en alguna ocasión en directo en Cádiz, entenderemos más allá de
esa percepción temporal. Hay que aprovechar la situación a toda costa.
La parte final del río Borosa, antes de alcanzar el embalse de Los Órganos,
es espectacular. Las paredes inexpugnables del Picón del Haza nos rodean por
diestro y siniestro… según zigzagueamos en constante subida, y a la salida del túnel
largo por el que se conduce el agua a la Central, vemos dos hitos a la
izquierda. Sabíamos que había un camino por ahí… por llamarlo de alguna manera.
Realmente no hay camino, sólo hitos, y no muchos. La zona es muy escarpada y frondosa.
Cada uno anda por donde puede y por eso no hay un trazo definido, sino una
desdibujada y fácil de perder trocha de montaña. Este entretenido paso, nos
dejaría en el Camino de Pinar Negro, y ya por esta zona se avanza con facilidad.
Hubo un claro qué nos dejaron las nubes, y vislumbramos por fin el casetón de
vigilancia forestal de Las Banderillas. Acometimos entonces la subida por
trochas de animales, hacia la Cuerda de Las Banderillas. Vimos dos grupos
corriendo por montaña, uno de gamos y otro de muflones. Espectacular momento
inolvidable.
La Cuerda es preciosa, y el camino muy fácil. Las vistas no eran espléndidas,
pues se estaban formando nubes, pero el momento de juguetear entre las que van
y vienen era mágico. El tiempo apremiaba, ya que, aunque lo aprovechamos
bastante, estábamos en el tope del horario de seguridad.
Sobre las dos de la tarde estábamos en cumbre. ¿lo habíamos logrado? Casi, pues llevábamos siete horas, había que
comer algo más, y no quedaba tiempo suficiente de luz. Ahora la decisión era,
si bajar por el PR-A-192, cruzando el Tranco del Perro, que no llegaba a
aparecer debido a la niebla, o garantizar la seguridad y volver por la senda
del Borosa.
Nos iba a sorprender la noche… y caminar por una vereda no demasiado marcada
podría resultar arriesgado… por lo tanto, volvimos por nuestros pasos, y
anduvimos a oscuras durante casi dos horas, pero la pista del río es cómoda y
segura.
Tras catorce horas de placer e incertidumbre arribamos al vehículo que nos
llevaría a un lugar habitado… donde poder cenar.