martes, 6 de marzo de 2018

Llanos del Campo – Rodeo del Cerro de las Cuevas



Pocas veces aprovechamos el entorno de los Llanos del Campo, Cerro de las Cuevas, y alrededores, así que nos aventuramos, tras quedar de nuevo con Andrés y Pepa, y nos metimos, parafraseando a Juan de Pablos, hasta las cejas.
Musicalmente hablando, esta última expresión es sinónimo de arqueología…, que es lo que solemos hacer habitualmente, buscando grupos o solistas poco conocidos, o que fueron famosos en su tiempo, pero están un poco olvidados. Era el caso de la ELO (Electric Light Orchestra), que la teníamos ahí, aparcada, sin prestar atención a un vinilo que anda por casa, y que es una delicia para los sentidos. Si estás deprimido, o aburrido de la vida… ya sabes: ELO, y que miren.
Nada más cruzar la carretera, tomamos rumbo Sur hasta el mirador del Castillo de Aznalmara, y retrocedimos buscando alguna vereda que nos subiese al Cerro de las Cuevas, encontrando una trocha, desdibujada, que llegaba un momento en que se perdía en zona escarpada y con abundante monte bajo… o sea, impracticable, decidiendo dar media vuelta y caminar, aunque fuese un poco más, pero por algún camino más cómodo.
Acabamos en el Cortijo del Escribano, y ascendimos por la Garganta del Boyar… una zona preciosa, que todo hay que decirlo, con un camino más que aceptable, aunque con la incertidumbre de si encontraríamos buen paso hacia la finca de Las Cuevas… y lo encontramos, pidiendo permiso a una señora muy amable, que tuvo el placer de hacernos pasar por su finca y abrirnos la cancela. Y de paso, nos contó alguna historia de excursionistas perdidos por esa zona y a los que tuvieron que ayudar… entre otras cosas.
Una vez “enpistados”, que no despistados, llegamos a la carretera, por donde enlazamos de nuevo con la zona recreativa donde empezamos la aventura.















lunes, 29 de enero de 2018

Peñón de Enamorados y Torrecilla, por Cañadas del Canalizo y Ánimas.

El día 15 de este mes, moría Dolores O´Riordan, con sólo 46 años. Ha sido un jarro de agua fría para la familia y muchos de sus seguidores. Nosotros la queremos recordar con “Loser”, una composición de 2007 incluida en el álbum: Are You Listening?  Ella quiso alejarse un poco de la influencia del grupo, y sacar su genio, transformando todo su talento en dos generosos discos con trallazos a su estilo.
La racha no es muy alentadora, pues casi cada semana nos hacemos eco de la muerte de algún músico imprescindible.
No queremos ser negativos, nunca lo seremos, y como en el coche sonó el último trabajo de la gran pareja Beth Hart-Joe Bonamassa, podemos decir que esto nos calentó lo suficiente como para afrontar una jornada que empezaba a -1ºC, el sábado 27, a eso de las ocho en la solitaria área recreativa de Quejigales, dirigiendo nuestras intenciones hacia la Cañada del Canalizo y subiendo directos al Peñón de los Enamorados. Había nevado hacía un día y medio, y el viento era intenso, de componente Norte… no decimos más.
Desde aquí, apuntamos a la Cañada de la Cuesta de las Carnicerías, para desviarnos hacia la de Froncaire y ascender al Torrecilla. No recordamos un viento tan feroz en esta cima.
Se trata de un recorrido solitario, hasta que se alcanza el Pilar de Tolox, de hecho, si no se conoce bien, esa zona es propensa a despistarnos. Ha habido un gran desprendimiento rocoso, que se ha llevado por delante algún fuerte ejemplar de pinsapo, y hace menos de un año. En la meseta, hemos visto varios de los Quercus faginea más históricos dar con su madera en el suelo, como si de un niño palestino abatido por balas israelíes se tratara.
La bajada, la efectuamos haciendo uso y disfrute de la Cañada de las Ánimas.
Un precioso recorrido, que nos ocupó cuasi 9 horas y precisó de la ingesta de buen queso, pan, embutido, frutos secos carnosos e indehiscentes, agua, infusión, y buenas botas y ropa de abrigo… intentarlo de otra manera, hubiese sido negligencia manifiesta.
Asomados donde siempre, en la encrucijada de caminos.

Un gran desprendimiento dificulta el paso por esta espectacular zona.

Los tritones querían saber la hora, en la cañada del Canalizo.

Sobre los Tajos del Canalizo, observando las vistas.

Isabel y Andrés, ya en el venteado collado. Ahora, cambio de rumbo.

Estaba todo cencellado en la Meseta.

Las mallas protectoras cumplen doble o triple función: captan agua.

Hacia la primera ascensión de esta fría y a la vez cálida jornada.

El Peñón de Enamorados.

La helada Meseta de Quejigales.

En la cumbre del Peñón.

Rápido para abajo, que el viento nos lleva.

Enrique y Andrés.

Por la Cañada de las Carnicerías.

Arribamos a Froncaire, buen lugar para comer algo.

Andrés, Enrique, Isabel... y unos metros de ferralla.

Cada vez suben más nubes.

El viento empujaba los cuerpos con muchísima fuerza. Las rachas serían de más de 90 Km/h.

El mar.

Gibraltar... buen lugar para almorzar.

Disfrutando, Andrés y la dueña del chiringuito, de un precioso entorno.

Colores de invierno.

Las nubes se van conformando como una amenaza... bendita amenaza.

Y cerramos donde comenzamos, en el cruce de Las Ánimas.

viernes, 12 de enero de 2018

Dos llanos nevados: Republicano y Libar.

Es algo excepcional que nieve dos días seguidos en las Sierras de Grazalema, y esa situación hay que aprovecharla, pues se transforma el paisaje, y no siempre nos cuadra.
Conseguimos un permiso para el Torreón, a regañadientes de la trabajadora del Centro de Visitantes de El Bosque, pues decía que era una imprudencia… No entendemos lo de imprudencia, pues el único “inconveniente” era que había nevado un poco, y allí el camino es bueno. Pero habrá que ponerse en su lugar… mira lo que pasó en el Anglirú…
Como la DGT cerró el Puerto del Boyar, porque había, según el agente que nos paró, ¡medio metro de nieve en el collado!, nos dimos la vuelta y llegamos al Puerto de las Viñas, en Villaluenga, donde aparcamos. Había 1 cm de nieve. La visibilidad era buena, pero la cota de nubes estaba en torno a 950m, así que, decidimos dar un breve paseo, sin salirnos del camino, pues no es prudente complicar el día, de hecho, los Llanos de Libar en estas condiciones, son el lugar propicio para perderse y no saber encontrar el camino de vuelta al Puerto del Correo. Seguridad, ante todo.
Faltaban dos días para que se cumpliesen dos años de la muerte de David Bowie, y casi dos semanas antes, se había cumplido el segundo aniversario de la muerte de Lemmy Kilmister, y nosotros, disfrutando con nieve los dos llanos que dan título a la entrada.
No pretendemos decir que somos Héroes, ni mucho menos… para eso, ya tenemos esa preciosa versión que el amigo Lemmy, junto con otros dos (Motörhead) le hizo al grandísimo Bowie.
Esta entrada sólo es para pensar en quién de los dos fue más grande: Bowie o Kilmister.
Todo lo demás es sólo una anécdota de un fino manto níveo, que apenas dura dos horas… o en el mejor de los casos, dos días.

Y a los cuatro días de esto, murió a los 67 años, el que fue primer guitarrista de la banda británica: Eddie Clarke, alias “Fast Eddie”, quedando así, la primera formación de Motörhead, sin ningún miembro en vida… pero siempre retumbará en nuestras cabezas aquel mítico Ace Of Spades.




En los Llanos del Republicano, corría una gran cantidad de agua.



Llegando al Puerto de Libar, o del Correo, la visibilidad era muy reducida.


Los Llanos de Libar en su mejor momento.



Ya había dejado de nevar en Villaluenga.