Sólo tres días después de la ascensión al Taillón, volvimos a madrugar para tomar el primer bus hacia la Pradera de Ordesa. Ya la conocíamos, pues 8 años antes ascendimos a Marboré desde este mismo punto y 19 años atrás a Monte Perdido por la misma ruta de hoy…
Tomamos el camino del río Arazas… en absoluta soledad. Vimos muchísimas ardillas a nuestro paso; la humedad del hayedo es agradecida y hay fuentes por el camino…poco, todo perfecto.
Unos minutos antes de cruzar el Meridiano 0, nos alcanzaron dos montañeros malagueños muy serranos. Fuimos los cuatro charlando y ascendiendo de a poco… pues compartíamos las mismas intenciones. Llegamos a la afamada Cola de Caballo y no había absolutamente nadie… sólo alguna marmota curiosa que hacía lo suyo. El sonido del agua nos acompañó mientras comíamos. Habría que comentar que si buscamos espectacularidad, las cascadas de la Cueva o del Estrecho, que dejamos por el camino, son bastante más impresionantes que esta.
El paso de las Clavijas de Soaso puede resultar en la asunción de un riesgo innecesario; y, habiendo un camino bien elaborado, ¿para qué arriesgar? Y si, además, te encuentras con una señalización perfecta que te marca los tiempos en cada lugar donde surgen dudas… ¿para qué seguir escribiendo sobre el tema?
La primavera está desbordante el 19 de julio, con lirios, orquídeas, edelweiss… y otras muchas que Javi padre nos iba identificando… Se nota que es coordinador del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves. Milanos reales, chovas… quebrantahuesos… acentores… un no parar de naturaleza viva. Ordesa es un paraíso no solo geológico, sino también un entorno delicado.
Recuerdo que, sobre las once de la mañana o poco más, estábamos ante el edificio de Goriz, planteando continuar la ascensión. Era nuestra intención, y la de nuestros nuevos amigos, llevarla a cabo de una tacada. Alquilamos una taquilla que casi nos sale gratis. Tienes que pagar 5€ y dejar otros 5€ como fianza, que te devolverán a la vuelta… le doy 10€ y me devuelve 5€. ¿Qué haces? Así no vais a ganar mucho… Estos chavales de Goriz se hartan de currar y siempre tienen una sonrisa en la cara… No se da este ambiente en todos los refugios.
Más livianos y tras haber comido algo para compensar las 5 horas que llevamos garbeando, dejamos la comodidad del prado para tomar ese repecho interminable que apunta a la caliza más alta de Europa. No cargaremos demasiado… ya beberemos agua de deshielo por el camino… de algo hay que morir… y de mucho hay que vivir. Nos quedan más de 1100 m de desnivel por ganar.
Rampas eternas, pasos de dificultad, algún nevero ocasional bastante inclinado, cadenas que salen al rescate para asirnos y quitarnos el miedo, precariedad, un enorme escalón que se libra por un diedro expuesto (verás tu para bajar por aquí…)… esto es Monte Perdido… pero como dirían Santero y los Muchachos: No hay canción si no hay herida… el último trabajo de estos músicos es realmente bueno tanto en calidad musical como en su mensaje. Se les da poca promoción por lo interesantes que son.
Paramos a comer poco antes de alcanzar el Lago Helado, rendidos a la caliza… la hermosa caliza que ofrece tonalidades de naturaleza distinta, como la increíble Faja Roya… que por algo será. Esas enormes paredes que nos protegen por la diestra conforme tomamos altitud, chorrean en tiras de diversa variedad cromática, dando emoción a cada levantada de cabeza, al igual que los enormes bloques desprendidos de su hogar, repartidos a diestro y siniestro, donde la gravedad o la fuerza glaciar los ha ido depositando. ¡Qué emoción vivir este paraje!
Nos cruzamos unos catalanes y uno, sonriente, me dice: ¿Y el casco?… Yo, que soy corto de masa gris, le dije: «Aquí hay muchas piedras».
Alcanzar el Lago Helado no es tarea fácil, desde luego… hay que ganárselo, pero es un verdadero privilegio disfrutar de su vista una vez superado el gran muro gris oscuro que lo oculta. El cuello del Cilindro es espectacular y la pared que nos ofrece el propio Cilindro es una de las joyas de este Parque. Los quebrantahuesos nos sobrevuelan… para recibirnos. Ahora hay que afrontar la última rampa… el tramo del que más se habla y del que más se pregunta en redes: La Escupidera. En realidad no es para tanto, ya que hay pasos más difíciles que este a lo largo del recorrido, pero el cansancio va acomodándose en tu cuerpo tras tantas horas de paseo, y las piedras sueltas acaban de machacarte… si no es por eso… y porque tiene una pendiente exagerada… es fácil.
Poco a poco se alcanza la cumbre… No podía ser de otra manera. El último paso: un giro a la derecha hacia un nevero inclinado. Estamos en lo más alto del Pirineo y de Europa, en un terreno compuesto por materiales calcáreos. Fue algo mágico… ver chovas piquigualdas, quebrantahuesos y dos enormes planeadores biplaza que hacen vuelos simultáneos por el Pirineo… vienen de Francia y, por unos 400€, te das el gustazo de sobrevolar sin esfuerzo y sin ruido por este maravilloso paisaje durante una hora.
“Solamente una vez, y eso es ahora, que los días se nos van, las verdades se quedarán…” volvemos a acordarnos de Santero y los Muchachos y de su Ríoflorido. Este paisaje evoca sentimientos muy personales… es una cumbre sin igual… hay que ascender a Monte Perdido… aunque sea solo una vez.
Desde aquí vemos el Taillón… Creo que nunca habíamos disfrutado tanto de Ordesa como en esta ocasión. Por cierto, pillamos el geo del Perdido… todo un privilegio.
Serían las 17:30 o poco más (perdimos las anotaciones) cuando empezamos la increíble bajada de Monte Perdido, por el mismo lugar de subida, hasta Goriz; eso sí, lo recuerdo: a las 20:50… más de 14 horas después del comienzo y más de 2000 m de desnivel… para ser cañaíllas, no está mal.
Al día siguiente, tras una calurosa noche en tienda en las proximidades del refugio, a las 8:15 teníamos la mochila puesta y arribamos a la parada de bus a eso de las 13:30, tras recorrer la Faja de Pelay y esa senda de los Cazadores de la que tanto se habla y poco se aconseja tomar de bajada… que tampoco es para tanto. Una vez en Torla, empezó a tronar y a oscurecerse y cayeron bolas de hielo como canicas de pinball. ¡A lo justo! A los que les sorprendió la tormenta arriba… debieron pasarla mal; de hecho, hubo hasta quien perdió el móvil.
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| El río Arazas |
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| Orquídeas |
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| Con los Javi en las gradas |
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| Ya se ve nuestro objetivo hacia el fondo |
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| Metros antes de la Cola de Caballo |
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| Los 4 solos en la grieta que abre el Arazas |
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| Y la primavera que no para |
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| Al fondo se ve la zona donde estuvimos 3 días atrás |
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| Y todo el valle de Ordesa detrás |
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| Y Goriz |
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| Empieza lo lindo |
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| Y el negocio |
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| Y el valle más pequeño, y nosotros más grandes |
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| ¡Qué alegría, se ve el Taillón! |
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| Y colaborar con el hito |
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| Y un gran escalón que superar por una repisa |
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| Y enormes paredes que no cansa mirar |
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| El valle, nosotros, las piedras... |
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| Y las flores |
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| Llambrías de hermosa caliza nos dan la paliza |
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| El gran muro, el cuello del Cilindro... |
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| Y el Pequeño Lago Helado, que algo nos tendrá que decir |
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| El Cilindro, con la pared más bella jamás imaginada |
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| El último tramo final de la ascensión |
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| Y se vuelve a pisar frío casi en la punta |
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| Cumbre. Por detrás de Isabel, el Astazu, Ibón de Marboré y Tucarroya |
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| La brecha donde reposa Tucarroya |
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| Astazu, te he echado el ojo |
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| Eso es Pineta |
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| Monte Perdido, 3355 m, y Vignemale al fondo, a la derecha |
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| Los 4 en la cima |
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| ¡Mirad! |
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| Y por ahí habrá que bajar |
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| Cadenas al rescate |
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| Para refrescarnos y beber |
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| La marmota |
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| Hogar, por fin, tras más de 14 horas |