Conforme vamos subiendo por un camino bien establecido, vamos divisando los inmensos campos sembrados de olivos, y se me viene a la cabeza el poema de M. Hernández “Andaluces de Jaén”, y se nos llena el corazón de emoción sólo de pensar en el sufrimiento que encierra el esplendor que desprenden esos campos…¿“Andaluces de Jaén
aceituneros altivos
Decidme en el alma quién
Quién levantó los olivos?
No los levanto la nada
Ni el dinero ni el señor
Sino la tierra callada
El trabajo y el sudor....”
Con este paisaje de fondo, llegamos a la cumbre de la Peña del Águila sin darnos cuenta, desde donde podemos divisar Sierra Mágina, Carcales, cerro Serrezuela, Los Bolos, cerro del Morceguillo…
Empezamos una ascensión por los montes de Mata Bejig, donde nos adentramos en un bosque de pino carrasco, pino resinero y pino lauricio, junto con encinas, quejigos, chopos y majuelos, hasta que llegamos a una nava, donde hacemos un descanso de reagrupamiento y salen a nuestro encuentro las águilas reales y los halcones peregrinos.
Al final de nuestro recorrido, prácticamente la vegetación natural ha desaparecido, dando lugar a cultivos de olivos, cerezos y almendros, en los que la intervención humana ha dejado huella. Aunque cuando miramos sus campos , nos da la sensación de que sus olivos siempre han estado ahí, no es así: la repoblación olivarera ha sido un fenómeno reciente, de hace unos cincuenta años para acá, ya que sus suaves pendientes estaban ocupados por cereales.
De esta forma llegamos de nuevo a nuestro punto de partida, pero no puedo terminar mi viaje por tierras de Jaén sin decir:Al final de nuestro recorrido, prácticamente la vegetación natural ha desaparecido, dando lugar a cultivos de olivos, cerezos y almendros, en los que la intervención humana ha dejado huella. Aunque cuando miramos sus campos , nos da la sensación de que sus olivos siempre han estado ahí, no es así: la repoblación olivarera ha sido un fenómeno reciente, de hace unos cincuenta años para acá, ya que sus suaves pendientes estaban ocupados por cereales.
“Son los olivos verdes
de señoritos
que sudan gruesas gotas
en los casinos
mientras que allá en el campo
los labradores
han de regar la tierra
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