La
experiencia enriquecedora de montar tu propia bici, adquiriendo un cuadro, hace
que cada vez que montes en ella, disfrutes doblemente.
La
Ghost, realmente nunca me gustó demasiado, me parecía pesada, lenta,
vulgar… pero muy cómoda bajando por caminos en mal estado, gracias a su doble
suspensión. Esto se iba a acabar, y tras desmontarla entera, y adquirir un
magnífico cuadro de acero al cromo-molibdeno, aparentemente en desuso, pues
ningún comerciante te la va a aconsejar (y es que los grandes fabricantes, ya
no usan este material, en favor del aluminio y el carbono), nos pusimos a la
obra.
Llegó
el cuadro en tan sólo dos días, desde Francia, y llave en mano, en un rato, la
bicicleta empezó a tomar forma.
Todas
las piezas, provenientes de la otra bici, perfectamente limpiadas, engrasadas y
ajustadas, ahora dan vida a un cuadro sencillo pero muy eficaz. Es un placer
rodar con ella, subir, bajar, saltar… llevo 2,4 kilos menos y eso se nota
bastante.
El
ciclismo de montaña está lleno de matices, como la música de Arizona Baby, que
en su tercer trabajo, Secret Fires, hacen un cambio de sonoridad en el que
asoman influencias de variados estilos.
Eso
ha pasado con la SObRe… es otro estilo… el acero es más flexible y agradecido
que el aluminio, por lo tanto llegas menos cansado y dolorido a casa, y la
diferencia de peso es bastante beneficiosa para el ciclista.
Subir
a la Sierra de Sancristobal por la vertiente Noreste, afrontando una intensa
pero corta ascensión, pondrá a prueba nuestras cualidades cardio-respiratorias,
al mismo tiempo que requiere de una buena técnica para poder completar la
subida sin la necesidad de poner un pie a tierra.
Concentrados,
con un 22 x 28, a biela o sentados, vamos sorteando regueros y raíces al tiempo
que evitamos el deslizamiento de los neumáticos, provocado por la excesiva
humedad que tras las lluvias y la niebla de estos días, está impregnada en el
suelo.
Último
esfuerzo en las dos rampas del final, y ya hemos alcanzado la arista cimera…
ahora, solo queda un paseo ascendente hasta el vértice geodésico, disfrutando
de las vistas… ¿qué vistas?... la espesísima niebla no deja ver más allá de
unos 30 metros. Este paraíso a solo 20 kilómetros de casa, se podría disfrutar
mucho más de no ser por la mala intención de todos aquellos que se empeñan en
pensar que aquello es un vertedero.

























































