martes, 9 de enero de 2024

Camino de las raíces. Arte en la naturaleza. La Alberca.

Aquel día amaneció en Las Hurdes muy cerrado, entre nubes y llovizna, con viento fuerte. Lleva mucho tiempo lloviendo en esta acogedora comarca cacereña, y eso se nota en todos sus meandros.

En el hotel, nos agasajaron con delicias de la tierra, mientras mirábamos por la ventana y dudábamos si salir a caminar o quedarnos allí, entregados al vicio de comer hasta reventar… pero, parafraseando a Robe: “recuérdame que busque una salida si ves que estoy perdido en mi interior…”

Fuimos al Parque Natural Las Batuecas – Sierra de Francia, y en el Mirador del Portillo no se podía estar… así que continuamos bajando, para buscar una alternativa menos expuesta, y ya en la Oficina del Parque, a la entrada de La Alberca, según bajas, nos dieron un folleto que describía el camino del título de esta entrada… tras una amena charla sobre lugares de nidificación del alimoche común (Neophron percnopterus), por lo que el coche se quedó allí mismo y comenzamos la jugada. 

Es una senda balizada, todo el camino muy llano, y de poco más de 2 horas y media de recorrido… entre robles, granito, esculturas, mitos comunes (Aegithalos caudatus) y un ambiente de tranquilidad y lluvia.

Vimos cuervos, carboneros, trepador azul… y algún pajarillo más.

Durante el recorrido hay varias esculturas con sus respectivas explicaciones. Hay obras como: “Del espejismo de un bosque”, de Begoña Pérez; “La majá”, de Lucía Loren; “Hojas de roble”, de Iraida Cano; “Asteroide S 09 2010”, de Fernando Casás…  El punto más alejado es la Laguna de San Marcos, junto a la ermita de San Marcos, donde se encuentra el asteroide y donde no es difícil observar fauna. En alguna reseña de Google hemos leído: “la laguna no vale para nada”… lo que evidencia una falta absoluta de conciencia y educación ambiental, pues cualquier laguna, o incluso charca, es de gran valor, ya que puede ser el único punto de hidratación para cientos de especies. Hay que valorar más el agua y los entornos naturales.

Sacamos de este tríptico este pequeño y profundo texto:

“La raíz es lo que nos ancla a un territorio y nos hace sentir comunidad: unos paisajes, unas celebraciones, un modo de entender y respetar la naturaleza. También la raíz es lo que, desde el suelo, ayuda a crecer y extenderse, lo que permite despegarse del terreno y ver más allá.”

Recomendamos encarecidamente este pequeño paseo entre hojarasca y vida, entre naturaleza y arte. Es el bosque imperfecto el que hará que te emociones más y, en cualquier estación, será exquisito… pero en invierno la vida adquiere otra dimensión.

Al terminar nuestra caminata y tras la comida, nos acercamos a Ladrillar, una pequeña población hurdana de marcado aislamiento geográfico, lo que le confiere un encanto que puede resultar beneficioso o agradable en algunos aspectos, pero supone un gran inconveniente para otros. Nos metimos en el bar a nadar entre el paisaje y calentarnos por dentro y por fuera, contemplando un hermoso mural que hay justo frente a la puerta y que representa lo importantes y lo amenazadas que están las abejas. Es una crítica artística a la regresión que estos grandes polinizadores están sufriendo, debido, sobre todo, al uso de pesticidas y a la inagotable avaricia humana.

Y volviendo a parafrasear a Robe, "Tal vez, si pudiera hablarte de si fuera cierto que el poder del arte bien nos pudiera salvar de una vida inerte, de una vida triste… de una mala muerte… bien nos pudiera salvar…"


La Alberca

Arquitectura típica salmantina


Calleja a la salida de la población hacia la Ctra. Mogarraz


Del espejismo de un bosque. Begoña Pérez



La majá. Lucía Loren


Hojas de roble. Iraida Cano

Asteroide S 09 2010. Fernando Casás


Laguna de San Marcos


El Duende de las Abejas, de PeKolejo. Ladrillar 2023. Cáceres.



miércoles, 3 de enero de 2024

La Torre de la Almenara por el camino del Negrón y el arroyo del Concejo, desde Gata.

Hablar de Gata es hablar del granito y de los grandes berrocales extremeños, que estamos encantados de visitar. La Sierra de Gata se encuentra en el extremo noroccidental de la provincia de Cáceres y linda con la de Salamanca. Pertenece al Sistema Central y esta propuesta discurre por la hermosa Sierra de las Jañonas, de la cual dimos buena cuenta hace justo dos años, cuando ascendimos (un día de fuerte viento que rozaba lo insoportable) al pico más elevado de esta pequeña sierra. Pequeña, pero con mucho encanto y biodiversidad.

Habíamos amanecido en Coria, ciudad muy recomendable para visitar, rodeada por el río Alagón al sur y por el canal de la margen derecha del río Alagón al norte. El paseo fluvial que se observa desde la catedral de Coria es bastante interesante de recorrer, y eso hicimos, pues ofrece una gran variedad de especies de aves a lo largo de toda la orilla del Alagón. Desde gaviotas reidoras o cormoranes grandes, hasta carboneros comunes o herrerillos, pasando por algunas ardeidas.

Pero volvamos a Gata, a la cual se llega en aproximadamente cuarenta minutos (algo más) desde Coria, por unas tranquilas carreteras en las que ya podremos ver en diciembre milanos reales y grullas comunes.

Había rescatado, no del olvido, pero sí hacía tiempo que no escuchaba, a mis amados Flotsam and Jetsam, banda de thrash metal en la que militó Jason Newsted en sus, creo recordar, dos primeros discos. Tener CDs originales te permite hacer un viaje escuchando tu música, sin necesidad de “aguantar” lo que te echan por la radio. Así que refresquemos la discografía de los de Phoenix, Arizona, que seguro que con los años paladeamos otros matices, como la potente y personal voz de Erik, entre otras cosas.

Una vez aparcados en Gata, y tras haber parado a quitar una zorra atropellada de mitad de la carretera, nos dirigimos a la oficina de turismo, donde José Pablo nos informó de algunos aspectos de la zona por la que pretendíamos caminar, a parte de hablar de geocaching, que no por menos, él es el responsable de los más de 100 geocachés que hay repartidos por esta sierra, con distintas y originales temáticas. Echad un vistazo al mapa: vais a alucinar.

Tomamos el camino de la Almenara… que va ganando altura poco a poco y en belleza a cada paso. El bosque está precioso, desnudo… se habla mucho de la otoñada… se les da mucho valor paisajístico a los colores del otoño, pero como un bosque de robles desnudos… no hay nada. De siempre nos ha encantado el paisaje de árboles desprovistos de su follaje, donde caminar por un manto de hojarasca se vuelve una sensación indescriptible y altamente aconsejable… además de necesaria para nuestra mente. El árbol deja ver sus ramas, su tronco; se entreve el paisaje por entre su alma y los pajarillos tienen menos trincheras donde ocultarse. Petirrojos, carboneros… herrerillos… que recuerdan, y de ahí su nombre, al sonido de la fragua… al herrero. ¡Cuánto tiene la naturaleza que mostrarnos antes de morirnos!

Íbamos dejándonos llevar por entre muros de lindes, entre musgo y hojarasca, entre notas musicales… entre luces encendidas… entre claridad perdida… y vimos volar grandes rapaces de inconfundible silueta: los buitres leonados ciclean en la parte más alta de Jañonas, mientras seguimos la senda granítica que nos acerca de manera pausada a nuestro objetivo. Rebuscamos algunas geocachés y no todas aparecieron… Esto nos entretuvo bastante. En la Torre había un rebaño y el pastor, con cuatro perros… Uno de ellos, joven, quería venir con nosotros… imagino que le gustaron más nuestras caricias que su trabajo.

Qué pequeño es el mundo, aunque desde lo alto de esta atalaya parezca inmenso. Se veía el embalse de Borbollón, con su isla interior, y hay que comentar que tenía bastante agua. Ha llovido por estas comarcas cacereñas… mucho más que en nuestra tierra seca. Este embalse es un dormidero de grullas comunes en invierno, y esto no lo sabíamos… fue una grata sorpresa disfrutar del vuelo de bandos y bandos de grullas al atardecer, unos días más tarde. Pero ¿por qué es tan pequeño el mundo?… pues tomando café en la Almenara, llegó un grupo de montañeros… y nuestro amigo José Luis con ellos. Y ya no coincidimos con nadie más. Nos juntamos allí arriba unos cuantos gaditanos aquel sexto día del último mes de 2023.


Coria. Puerta de San Francisco. Luz natural, sin flash ni trípode. Sony Alpha7.

Río Alagón, al paso por Coria.

Gata.

Gata. Marcas de GR. Sony Alpha7. f2.8

Comienzo de la ruta hacia la Almenara.











Torre de la Almenara.


Embalse de Borbollón desde la torre.










lunes, 20 de noviembre de 2023

Ascensión al Pico Cuiña (1992m), Peña Longa (1896m) y Pico del Mustallar (1935m), techo de Lugo.

Volvemos a subir y, a la misma hora, al Puerto de Ancares, un día después de haber hecho el Miravalles. Las piernas lo agradecen… Esto corresponde a la caminata diaria, según prescripción médica. Y por prescripción mecánica, el coche se queda donde mismo ayer.

Con rumbo totalmente opuesto al del día anterior, vamos ascendiendo entre brezos y pasto, hasta pasar junto al maltrecho Refugio del Puerto de Ancares.

El Bierzo es realmente espléndido: es enorme, rico en recursos naturales y paisajísticos, y aquí se encuentra esta Reserva de la Biosfera: los Ancares.

Seguimos por la arista, preciosa, pero llegado un momento hay dos opciones y tomamos la que baja, para cambiar de ambiente y conocer el pequeño refugio Cabaña de Cuiña, que está impoluto. Nos cruzamos con un joven que había pasado la noche ahí. El entorno es inmejorable, alpino al cien por cien. Solitario y placentero. Estar en un enclave así, caminando, entregado a la incertidumbre, porque es la primera vez que pasas por ahí, y sin plano, sin track de GPS ni nada que te guíe… es un verdadero placer… o un disparate, que dirían otros. Nos quedamos con lo primero.

El valle está completamente verde… julio es la mejor fecha para los Ancares. Vemos a los vigilantes rebecos muy cerca de nosotros y seguimos ascendiendo hacia la primera intención de esta jornada tan placentera. Alcanzamos el collado y le metemos directo al Cuiña. Comprobamos que es una cumbre excepcional para venir a dormir y contemplar el universo entero y todos los planetas… y ya nos hemos acordado irremediablemente de los granos. El paisaje se amplía.

La cumbre es muy amplia; parafraseando a Henry Russell, un pelotón podría maniobrar aquí arriba… y nosotros podríamos tomarnos un café y unas delicias extremeñas en este mismo lugar. No hemos caminado demasiado… pero un café es un café.

Desde aquí se ven Peña Longa y Mustallar, que dan miedo. Hay que bajar mucho, volver a subir, bajar mucho de nuevo, subir… y todo esto por dobles, porque hay que regresar al Cuiña. Lo que a mí me gusta: un mataero. Así que al lío. Isabel dice: ¿pa' qué ir hasta allí, con lo lejos que está, si vas a ver lo mismo? A lo que yo respondo: ¡A por un geocaché! No he venido hasta los Ancares, además, para soslayar la máxima elevación de Lugo, carallo.

Esta jornada fue muy poco o nada pajarera… no se podía perder un minuto mirando al cielo… es más, no llevaba a la mano ni el prismático. Peña Longa es todo un desafío. Tras bajar el enorme Cuiña, ves frente a ti una pared gris y verde. No se puede sortear… hay que acometerlo. En su cima, en la chapa de un coto de caza, han pintado el nombre del cerro. Se agradece la información. ¿Y cómo se baja de aquí hasta el Mustallar? Pues a las bravas, nadando en un mar de brezo. Menuda odisea.

El collado que ahora me separa de la última ascensión (de ida) es precioso. Grandes oportunidades se ofrecen desde esta confluencia de laderas opuestas y de divisorias de aguas; pero yo sólo tengo una opción. Tiro tieso hacia la cumbre chata y larga del techo lucense. Llego arriba del todo y enciendo el gps… Hay un geocaché que buscar.

10.000 millones de insectos me dan una calurosa bienvenida, a lo que yo respondo sin aspavientos y con total confianza. En cada foto aparece toda la familia del catálogo de especies voladoras. La mochila parece un hormiguero… Deja que los chavales disfruten… ya se irán.

Hacía tiempo que no dedicábamos unas líneas al asunto de los “techos ibéricos”. No ha sido nuestro objetivo completar la lista de techos provinciales, pero sí que es cierto que hemos ascendido muchos, incluso hubo un verano en el que subimos cinco o seis seguidos, por Picos y Euskadi. Fue muy emocionante. Esta cumbre, sin embargo, ha salido casi de casualidad… teníamos ganas de adentrarnos en los Ancares, más que por el reto de los techos. Desde luego, a quien esté por ellos… le va a encantar esta comarca. Un día me pondré a contar cuántos hemos ascendido… por curiosidad.

Es preciosa esta cumbre… se me olvidaba añadirlo, pero después de disfrutar de las vistas y descansar un poco haciendo fotos, toca la hora de regresar por donde más o menos hemos ascendido. ¡Qué verde está todo el pasto!

A la hora de comer, no habíamos terminado la caminata, así que degustamos nuestra propia gastronomía en una cumbre preciosa que quedaba a menos de una hora de donde estaba estacionado el maldito vehículo. Contemplar ahora, con tranquilidad, el paisaje recorrido fue un verdadero placer; es para esto para lo que subimos cumbres… para observar el paisaje tras el reto del esfuerzo. Los montañeros, como dice Robe en su último trabajo, no tenemos nada que perder. Una semana sin montaña es una semana perdida.


Como en La Vuelta, comienza Puerto.

Muy despejado el día y mucho menos ventoso que ayer.

Collados de libro.


El incansable vigilante de las montañas.

Al fondo, ya el Cuiña.

Pico Cuiña.


Desde la misma cumbre… o casi.


Pico Miravalles, desde Cuiña.

Peña Longa y Mustallar detrás, desde Cuiña.


Me despido… hasta Mustallar.

Collado entre Mustalar y Cuiña.

Cima alargada del Mustallar. Máxima elevación lucense.

La geocaché más alta de Lugo.

Esculturas en la cima. Human Touch.


De regreso y tras la comida, vuelta a las botas.

Esto se estaba terminando. ¿Repetiremos Ancares?